Perspectivas sobre Fátima

Cardenal Burke y Cardenal Brandmüller:
¡Hagan lo que han prometido hacer!

por Christopher A. Ferrara
el 19 de diciembre de 2017

Tal y como el importante espacio de noticias católico tradicional Canon212 nos informa por un cómputo mantenido, han pasado 456 días desde que los Cardenales Burke, Brandmüller, Caffarra y Meisner han presentado al Papa Francisco su cinco dubia referentes a la desastrosa Amoris Laetitia (AL). El Papa ha rehusado responder a las dubia y hasta niega la cortesía de tener una audiencia con los Cardenales de las dubia, que ahora son apenas dos (Caffarra y Meisner ya han dejado este valle de lágrimas).

En los últimos 456 días, el Cardenal Burke, considerado como portavoz de la iniciativa de las dubia, ha afirmado repetidamente que, si falla la respuesta del Papa Francisco, los Cardenales de las dubia  no tendrán más remedio que asumir que su respuesta a las dubia serían contrarias a la constante enseñanza de la Iglesia y que sería necesario publicar una corrección formal de los errores de AL. En septiembre, el Cardenal Burke explicó así la naturaleza de la corrección prometida: “Visto que una corrección formal trataría de una doctrina fundamental o doctrinas fundamentales de la Fe católica, obligaría al Papa a cumplir su deber solemne de enseñar lo que la Iglesia católica siempre ha enseñado y practicado”.

Sin embargo, en junio pasado las dubia fueron superadas por la maniobra de Francisco y solo en este mes ahora se ha dado a conocer: la publicación en las AAS de su carta a los Obispos de Buenos Aires, aprobando precisamente aquella interpretación de AL que, en la categoría amorfa de “ciertos casos” involucrando “circunstancias complejas”, se admitiría a la Sagrada Comunión a adúlteros públicos en “segundos matrimonios” sin haber acabado con sus relaciones adulteras. El Papa ha declarado también que la aprobación de este ultraje es “Magisterio auténtico”. Su intención evidente era anticiparse a la corrección formal, cuya publicación ha parecido inminente.

En esta manera, el Papa Francisco ha duplicado los errores de AL cuanto a la indisolubilidad de matrimonio, el carácter sin excepciones del precepto negativo de la ley natural que prohíbe el adulterio, la imposibilidad de la absolución sin un verdadero arrepentimiento y firme propósito de enmienda, y la santidad infinita del Santísimo Sacramento. Sin embargo, hasta la fecha no hemos recibido más que silencio de los Cardenales Burke y Brandmüller. Y es un silencio que, con cada día que pasa, amenaza exponer su iniciativa como que ha sido nada más que un bluff vacío que el Papa ha derrotado.

Y aquí está el problema del cual los dos Cardenales supervivientes de las dubia no pueden escapar. Han prometido, para el bien de la Iglesia y las almas, corregir públicamente los errores que un Pontífice Romano desviado tiene intención de hacer pasar por “Magisterio auténtico” aunque contradigan rotundamente la doctrina de todos sus antecesores, incluso a Juan Pablo II y a Benedicto XVI.

En este punto, pues, el silencio continuado de los Cardenales será inevitablemente entendido como consentimiento de la proposición – con todas sus implicaciones morales y doctrinales – de que tolerar el adulterio público en la vida sacramental de la Iglesia en “ciertos casos” debe ahora considerarse como “Magisterio auténtico”. Esto quiere decir que el silencio de los Cardenales resultará en consecuencias peores que si nunca hubiesen hablado. Porque si los Príncipes de la Iglesia que, con razón para tal, han levantado objeciones contra los errores aparentes de AL, y ahora se callan mientras el Papa Francisco intenta imponer esos errores como siendo doctrina auténtica de la Iglesia, ese mismo silencio llegará a ser un arma contra los fieles, tanto eclesiásticos como laicos, quienes aún están dispuestos a defender en un discurso público la verdadera doctrina de la Iglesia.

Es claro que todos los Cardenales están obligados a hacer frente “cara a cara” (Gal. 2:11) al sucesor de Pedro en oposición contra los errores de AL tal y como lo hizo San Pablo cuando el error cometido por San Pedro amenazó la propia misión de la Iglesia a los Gentiles. Y los Cardenales Burke y Brandmüller han afirmado y han aceptado ese deber de una manera particular y muy pública. Su silencio continuado es, por lo tanto, peor aún que un mero consentimiento. Si continúa, equivaldrá a una aprobación positiva de los errores que habían determinado corregir.

La historia de la Iglesia, y hasta del mundo, puede acabar por volverse contra aquello que hacen ahora los Cardenales Burke y Brandmüller. Ciertamente ellos lo saben. Y es cierto también que, como Príncipes de la Iglesia, saben las consecuencias del juramento que han hecho cuando fueron elevados a sus altos cargos eclesiásticos.

Que Nuestra Señora de Fátima les obtenga de Dios, la gracia de la Fortaleza, para que hagan lo que debe ser hecho para el bien de las almas y la integridad de Santa Madre Iglesia.