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Perspectivas Sobre Fátima
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Es aún peor de lo que yo pensaba:

La distinción entre una Carta Apostólica
y una Epístola Apostólica

por Christopher A. Ferrara
el 20 de diciembre de 2017

Un artículo de Life Site News, del respectado teólogo Padre Brian Harrison, O.S., me ha instruido sobre la distinción en cuanto a documentos de doctrina papal que yo no conocía: la distinción entre una Epistula Apostolica (literalmente, Epístola Apostólica) y Litterae Apostolicae (literalmente, Carta Apostólica). Como ha hecho notar el Padre Harrison, la publicación en las AAS de la carta del Papa Francisco a los Obispos de Buenos Aires aprobando su interpretación de Amoris Laetitia (AL) para permitir la admisión de ciertos adúlteros públicos a la Sagrada Comunión, pero no otros, basado en el nebuloso criterio de “circunstancias complejas” ha atribuido a la carta el estatus de Epistula Apostolica, y no de Litterae Apostolicae.

El Padre Harrison señala además que “cuando, en 1994, el Papa San Juan Pablo II decidió no permitir sacerdotisas, lo hizo en un lenguaje ‘definitivo’ y obligatorio, y utilizó una Epístola Apostólica, Ordinatio Sacerdotalis, para expresarlo. Muchos teólogos (grupo en el que me incluyo) creen que el lenguaje de Juan Pablo II lo marcó manifiestamente como una definición ex cathedra de segundo grado, pero, de este modo, infalible…los índices de las AAS muestran, de hecho, que este tipo de documento queda, per se, en el tercer lugar de la autoridad magisterial, después de las Encíclicas y las Exhortaciones Apostólicas”.

Este hecho adicional coloca un problema enorme para la narrativa “normalista” en su pretensión – no podemos llamarle otra cosa al presente – de que el Papa Francisco no intenta abusar del Magisterio en su campaña para institucionalizar la tolerancia del adulterio público en la vida sacramental de la Iglesia.

Como escribe el Padre Harrison: “No hay manera de evitar la confusión doctrinal con la que ahora nos enfrentamos. ¡El actual Sucesor de Pedro parece haber dicho claramente a todos los católicos que a partir del 2 de diciembre de 2017 debemos aceptar como ortodoxo y verdadero algo que hasta el día anterior nos era pedido que se rechazase siempre como heterodoxo y falso! O sea, el Papa Francisco está aparentemente diciéndonos que comencemos a considerar que algunas personas divorciadas e inválidamente re-casadas – personas que Jesús Mismo ha dicho que están cometiendo adulterio – deben recibir la absolución sacramental y la Sagrada Comunión sin comprometerse con el ‘vete y no vuelvas a pecar’ (Juan 8:11)”.

El Padre Harrison arrasa con la tentativa ridícula de los comentaristas “normalistas” de demostrar que esta absurda medio-vuelta doctrinal no es realmente una media-vuelta. Cita el ejemplo de la defensa que el Cardenal Mark Ouellet hizo de la doctrina tradicional delante del “Sínodo de la Familia” pre-arreglado. Dijo el Cardenal: “No es una falta de misericordia de parte de la Iglesia si ella no autoriza la absolución sacramental y la Comunión eucarística, hasta después de una conversión auténtica de la persona divorciada y re-casada. Lo que está en causa es la fidelidad de Cristo a Su propio testimonio, que la Iglesia no tiene libertad de modificar, para que no traicione la verdad que es el fundamento de la indisolubilidad del matrimonio”.

“Sin embargo ahora” – escribe el Padre Harrison – “Ouellet canta un cántico muy diferente”. En una tentativa desesperada de reducir el círculo al cuadrado, el ensayo reciente de Ouellet sobre AL, resumido por el Padre Harrison, “sugiere seriamente que en ciertos casos – después de mucho diálogo de acompañamiento pastoral y discernimiento misericordioso, claro está – ¡los católicos adúlteros deben recibir los Sacramentos (aquí se inclina la cabeza al Papa Francisco) para que reciban la gracia de comprender que no deberían de recibir los Sacramentos (se inclina la cabeza a Juan Pablo II)”!  

Sí, de hecho, es absurdo. Y estoy de acuerdo con los sentimientos que el Padre Harrison expresa: “Yo estaría inclinado a llorar, en vez de reír, con un tal disparate teológico y pastoral, porque pienso que, al contrario del mañoso Marco Antonio de Shakespeare, Marc Ouellet no está intentando deliberadamente pasar su audiencia el mensaje opuesto a lo que profesa ostensivamente. Para mí, me da la impresión de un hombre en doloroso conflicto, luchando para combinar un auténtico sentido de lealtad debido al actual sucesor de Pedro con lo que debe a todos sus antecesores que enseñaron la doctrina contraria”.

El Padre Harrison discute seguir el “Magisterio auténtico”, de que él asume que la Epístola Apostólica en cuestión hace parte, y después declara: “Suspendo mi asentimiento en el caso presente [debido al] carácter extrañamente anómalo de la nueva Epístola Apostólica. Al contrario de todos los otros documentos que conozco de esta categoría, no sólo carece de su propio título, ¡tampoco le falta un contenido doctrinal cualquiera! Apunta apenas a un documento separado (la carta pastoral a los Obispos argentinos), y afirma genéricamente que todo lo que ese documento dice – que incluiría tanto sus declaraciones pastorales pragmáticas como doctrinales – interpreta correctamente un tercer documento, Amoris Laetitia”.

Y, ¿si el Papa Francisco apenas hubiese declarado rotunda y directamente en una Epístola Apostólica separada y distinta: “Ciertos adúlteros públicos pueden recibir la Sagrada Comunión debido a sus circunstancias complejas sin de antemano enmendar la vida”? ¿Tendríamos que creer en esto, solo porque Francisco lo dijo de una manera que no dejaba espacio de creer que es de otra manera? O sea – para citar de nuevo al Padre Harrison – ¿estaríamos obligados a creer que “a partir de 2 de diciembre de 2017 debemos aceptar como ortodoxo y verdadero algo que hasta el día anterior nos era pedido que rechazáramos siempre como heterodoxo y falso”?

Fijaos ¡esto no puede ser! No puede ser si los términos “Magisterio auténtico” y “ortodoxo” tienen un significado objetivo cualquiera. ¡Y por supuesto lo tienen! Y lo que Francisco, o cualquier otro Papa, enseña, debe estar en conformidad con ese significado objetivo. El Papa es el guardián del Magisterio y no su autor, porque el Magisterio expone lo que Dios ha revelado y no aquello que cualquier Papa piensa. Y Dios no cambia de opinión.

Por lo tanto, nos encontramos precisamente en aquellas circunstancias ahora que el Tercer Secreto de Fátima profetiza: la batalla final sobre el matrimonio y la familia en que solo la intercesión de la Madre de Dios traerá la victoria a la Fe, así como el Triunfo de Su Inmaculado Corazón. Y ¡es el colmo de la locura cuando los normalistas continúan fingiendo que las cosas son diferentes!




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