Perspectivas sobre Fátima

Martilleando en la ley

por Christopher A. Ferrara
el 21 de diciembre de 2017

Los abogados acostumbran a decir que cuando los hechos son contra ti, martillea en la ley; y cuando la ley está contra ti, martillea en los hechos; y cuando tanto los hechos como la ley están contra ti, martillea en la mesa.

Tengo gran respecto por el reputado canonista Edward Peters, que no es sólo un colega abogado sino también doctor en Derecho Canónico. Pero en su debate público con el Dr. Roberto de Mattei y otros sobre el impacto de Amoris Laetitia (AL) y sobre la publicación por el Papa en las AAS de su carta aprobando la implementación por los Obispos de Buenos Aires como la única interpretación correcta de AL, Peters continua martilleando en la ley mientras desvaloriza los hechos. (Vea mi artículo anterior sobre este asunto, aquí).

En su más reciente post sobre la controversia, Peters admite en líneas generales los hechos condenatorios, intentando al mismo tiempo levantar el Derecho de la Iglesia como una barrera contra ellos, particularmente el Canon 915, enraizado en la ley divina, que prohíbe la admisión a la Sagrada Comunión a los que “perseveran obstinadamente en un pecado grave manifiesto”, incluso los divorciados y los “re-casados” que, como hasta el Catecismo de Juan Pablo II enseña (en esta materia, su Catecismo es consistente con las doctrinas perennes de la Fe), están viviendo en un estado de “adulterio público y permanente”.

Peters escribe:

“No sé ni me interesa si las ambigüedades en Amoris sobre las expectativas de los que buscan la Sagrada Comunión fueron allá puestas a propósito por el Papa o aparecieron allá debido a la incompetencia de sus compiladores. Sólo sé que esas ambigüedades están allí, y que (a) no son heréticas per se, pero (b) han permitido que otros reclamasen cobertura papal para políticas locales que de facto menosprecian la fuerza del Canon 915 y que de hecho han traicionado los valores sacramentales, morales y eclesiológicos por detrás de la ley”.

Poniendo de lado la cuestión de saber si AL contiene herejía explicita, en vez de ambigüedades que se prestarían a ser herejía, noté que las aserciones de Peters, de que AL “ha permitido que otros reclamasen cobertura papal para políticas locales que de facto menosprecian la fuerza del Canon 915 y que de facto traicionan los valores sacramentales, morales y eclesiológicos por detrás de la ley”.

Con todo respeto, Peters expone el asunto muy falsamente. El Papa Francisco ha hecho mucho más que simplemente dar alguna “cobertura papal” a “políticas locales” que traicionan “los valores sacramentales, morales y eclesiológicos por detrás de la ley [Canon 915]”. Y él ha declarado explícitamente, por vía de publicación en las AAS que la “política local” que traiciona el Canon 915 en Buenos Aires es la única interpretación correcta de AL (“no hay otras interpretaciones”) y que esta declaración suya debe ser considerada “Magisterio auténtico”.

Sin embargo, al enfrentar estos hechos, Peters continúa negando que Francisco haya socavado personal y directamente el Canon 915. Critica a los que “pronuncian la evisceración del Canon 915 a manos del Papa (por oposición a aquello que la misma ley ha sufrido de los otros)…” Pero esto no es una cuestión de lo que la ley ha sufrido de los otros, sino de lo que ha sufrido precisamente a manos del Papa Francisco, con los otros que proceden según su luz verde. Peters está intentando ganar ambos lados, la política local en conformidad con AL ha socavado el Canon 915, pero el Papa no ha socavado el Canon 915 al autorizar como única interpretación correcta de AL, la propia política local que lo socava.

Lamento, pero este argumento se aproxima a la sofistería y es indigno de un canonista y erudito de la estatura de Peters.

Peters continua – es necesario decirlo – barriendo hechos inconvenientes debajo del tapete cuando escribe: “Contra el Canon 915 hay, según algunos, una aserción incompleta y teológicamente ambigua hecha por un Papa en una nota a pie de la página de un documento no-legislativo de 50.000 palabras”.

Está claro que Peters lo sabe mejor. No se trata de un asunto de una sola nota a pie de página ambigua, sino de numerosas aserciones éticas problemáticas en el Capítulo 8 de AL, la expresa aprobación del Papa de una lectura heterodoxa del Capítulo 8, y ahora su declaración explícita en las AAS que esta lectura heterodoxa es la única lectura correcta de AL.

Martilleando en la ley con insistencia aún más grande, al mismo tiempo que minimiza los hechos, Peters pregunta: “Las doctrinas y prácticas antiguas y unánimes de la Iglesia son tan inconsecuentes que puedan ser derrumbadas tan fácilmente? Solo una ley o el equivalente canónico de una ley puede derrumbar una ley. Y Amoris, y mucho menos una nota de pie de página en Amoris no es una ley ni el equivalente canónico de una ley [énfasis suyo]”.

Así, aparentemente, en la opinión de Peters, todo lo que se necesita para derrumbar “doctrinas y prácticas antiguas y unánimes de la Iglesia” es “una ley o el equivalente canónico de una ley”. Si esta necesidad puramente legal fuere satisfecha, entonces las “doctrinas y prácticas antiguas y unánimes de la Iglesia” podrían sufrir su eliminación legalmente. Pero mientras el Canon 915 se mantiene en los libros, las “doctrinas y prácticas antiguas y unánimes de la Iglesia” continúan teniendo efecto, aunque Peters note que “el hecho de haber estado últimamente confiando en la ley [énfasis suyo] casi exclusivamente para defender doctrinas [énfasis suyo] cruciales de la Iglesia es una señal de problemas graves y más profundos”.

No. Mil veces no. La verdad de las “doctrinas cruciales de la Iglesia” sobre la Fe y la moral precede a las disposiciones canónicas que reflecten esas doctrinas; los códigos enumerados del Derecho Canónico son una creación relativamente reciente (comenzando con el Código de 1917). El Derecho Canónico no puede tocar en estas doctrinas porque fueron reveladas por Dios o proceden inmediatamente de la revelación, así como la imposibilidad intrínseca de administrar la Sagrada Comunión a adúlteros públicos impenitentes.

Asentar la defensa de las “doctrinas cruciales de la Iglesia” en el simple hecho de que el Papa Francisco no (por lo menos aún no) ha revocado o derogado oficialmente el Canon 915 es, en su esencia, aceptar lo que Francisco deplora constantemente: el legalismo de los Fariseos, que colocaban las leyes mutables encima de la Verdad inmutable que nos libera.

El hecho de que un buen hombre e hijo leal de la Iglesia, como Peters, se sienta obligado a recurrir a tales argumentos para evitar la conclusión perturbadora de que este pontificado representa un ataque directo contra el edificio moral de la Iglesia, es una señal más de que la actual crisis de la Iglesia no es como ninguna de las anteriores.

Nuestra Señora de Fátima, ¡ruega por nosotros!