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Perspectivas Sobre Fátima
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Los tres Obispos de Kazajstán corrigen al Papa

Pero ¿dónde está la corrección prometida por los
Cardenales Burke y Brandmüller?

por Christopher A. Ferrara
el 2 de enero de 2018

El 31 de diciembre de 2017, año del centésimo aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima, los tres Obispos de Kazajstán – Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la Archidiócesis; Jan Pawel Lenga, Arzobispo-Obispo de Karaganda; y Athanasius Schneider, Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de Santa María en Astana – han establecido un hito en la historia de la Iglesia y una coyuntura decisiva en la crisis más aguda que la Iglesia jamás ha sufrido. Han divulgado una “Profesión de las verdades inmutables sobre el matrimonio sacramental” que rechaza y condena categóricamente, como contraria a la Fe, la tentativa del Papa Francisco de institucionalizar la tolerancia del divorcio en la Iglesia al autorizar la admisión de católicos “divorciados y re-casados” a la Sagrada Comunión en “ciertos casos” (lo que, potencialmente, quiere decir para cualquier caso).

Los tres obispos comenzaron por reiterar el hecho de que “Después de la publicación de la Exhortación Apostólica ‘Amoris laetitia’ (2016), varios Obispos habían emitido a nivel local, regional y nacional normas aplicables [que] …prevén inter alia que en casos particulares las personas, llamadas ‘divorciadas y re-casadas’, puedan recibir el Sacramento de la Penitencia y la Sagrada Comunión, continuando viviendo habitual e intencionalmente more uxorio con una persona que no es el cónyuge legítimo” y que “[a]lgunas de estas normas han recibido aprobación hasta de la autoridad suprema de la Iglesia”.

La conclusión de esto, continúan los Obispos, “toca a las manifestaciones centrales de la vida de la Iglesia, como el matrimonio sacramental de la familia, la Iglesia doméstica, y el Sacramento de la Sagrada Eucaristía”. Las normas aprobadas hasta por Francisco “se revelan en la practica y con el tiempo un medio de esparcir la ‘plaga del divorcio’ (expresión usada por el Concilio Vaticano II, cf. Gaudium et spes, 47). Es una cuestión de esparcir la ‘plaga del divorcio’ hasta en la vida de la Iglesia, cuando la Iglesia, a causa de su fidelidad incondicional a la doctrina de Cristo, debe ser un baluarte y señal inconfundible de contradicción contra la plaga del divorcio que está cada vez más desenfrenada en la sociedad civil”.

Suplicando al “Magisterio constante de la Iglesia, comenzando por las enseñanzas de los Apóstoles y de todos los Sumos Pontífices”, los cuales “han preservado y transmitido fielmente, tanto en la doctrina (en teoría) y en la disciplina sacramental (en la práctica) de forma inequívoca, sin ninguna sombra de duda y siempre en el mismo sentido y con el mismo significado (eodem sensu eademque sententia), la doctrina cristalina de Cristo sobre la indisolubilidad del matrimonio”, los Obispos declaran: “Debido a su naturaleza divinamente establecida, la disciplina de los Sacramentos nunca debe contradecir la palabra revelada por Dios y la Fe de la Iglesia en la indisolubilidad absoluta de un matrimonio ratificado y consumado”.

Por consiguiente, los Obispos han emitido su conclusión histórica:

“No es lícito (non licet) justificar, aprobar o legitimar, directa o indirectamente, el divorcio y una relación sexual no-conyugal estable a través de la disciplina sacramental de la admisión de los llamados ‘divorciados y re-casados” a la Sagrada Comunión, en este caso una disciplina ajena a toda la Tradición de la Fe católica y apostólica”.

Así ha quedado corregido el Papa Francisco en su error catastrófico por tres Obispos que han tenido la valentía de defender la Fe contra un Pontífice Romano perverso, como la Iglesia nunca ha visto, un Papa que, de hecho, ha autorizado la introducción de “una disciplina ajena a toda la Tradición de la Fe católica y apostólica”.

Entonces ¿dónde está la prometida “corrección formal” de los Cardenales Burke y Barndmüller, los dos “Cardenales de las dubia” aún supervivientes? Tal vez ha sido entregada en privado al Papa Francisco, y en tal caso, ya, sin duda, ha sido saludada con un silencio sepulcral, tal y como suceden con todas las otras peticiones de los fieles sobre los errores de Amoris Laetitia.

El deber de hablar públicamente por el bien de la Fe y de las almas se impone ahora a los “Cardenales de las dubia” aún vivos (por no mencionar a todos los otros Príncipes de la Iglesia y miembros del Episcopado). Su silencio continuado ahora solo puede ser entendido como consentimiento al error que los tres Obispos de Kazajstán han tenido la valentía de condenar públicamente. Con cada día que pasa, el juicio de este silencio pesa más sobre ellos mientras dejan que sean otros los que defienden la verdad de Cristo contra un ataque sin precedentes que proviene del vértice de la Iglesia – otra señal de la “apostasía que comienza desde el vértice”, para aludir a la famosa referencia del Tercer Secreto de Fátima que hizo el Cardenal Ciappi.

¿Cuándo seguirán los Cardenales Burke y Brandmüller el ejemplo de los tres Obispos – un ejemplo que ya hace tiempo prometieron dar? He aquí la pregunta cuya respuesta la Iglesia y el veredicto de la Historia esperan ahora.       




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