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El pueblo de Italia rechaza la invasión musulmana orquestada por la UE

Bien resguardado tras los muros del Vaticano,
el Cardenal Parolin la exige

por Christopher A. Ferrara
el 7 de marzo de 2018

El pueblo de Italia está harto de la invasión musulmana de su país, ordenada por la Unión Europea (UE). En un terremoto político que casi ha destruido a la Izquierda como fuerza en el Parlamento italiano, el llamado partido popularista y anti-UE Movimiento de las Cinco Estrellas (M5S) y la Liga, (anteriormente llamada Lega Nord, o Liga Norte), que está al frente de una coalición de centro-derecha, obtuvo una mayoría total de más que 58% en las elecciones del 5 de marzo (32,6% y 35,7% respectivamente).

Como The Guardian observa, Italia y Europa tienen que “digerir” ahora la noticia “de que una mayoría de los electores italianos ha apoyado a los candidatos euro-escépticos en la elección nacional…” Según la Constitución italiana, el actual presidente de Italia, Sergio Mattarella, debe ahora determinar cuál de los dos partidos dirigirá un nuevo Gobierno de mayoría.

Este resultado es claramente una reacción popular contra la locura de “fronteras abiertas” que está agitando Italia, Francia, Alemania y Austria. De hecho, el Movimiento de las Cinco Estrellas, liderado por Luigi DiMaio, concurrió con una promesa de deportar 500.000 inmigrantes ilegales.

La reacción del Vaticano ha sido tristemente previsible. En su discurso a la Asamblea plenaria de la Comisión católica internacional para la migración, hecho el día después de las elecciones italianas, el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, se entregó a predicación de las señales de virtud y eslóganes izquierdistas habituales del vaticano. Parolin denunció “la negativa de dar la bienvenida” y desvalorizó la idea de que la inmigración en masa de musulmanes, impuesta por la UE, presenta “una emergencia, o un peligro, aun cuando se ha hecho un elemento característico de nuestras sociedades”. Por “elemento característico de nuestras sociedades” Parolin quiere decir una deformación de las sociedades impuesta por los Gobiernos y orquestada en Bruselas.

Parolin no podría dejar de notar que el Papa Francisco está liderando el ataque de la invasión musulmana de Europa post-cristiana que está ahora, finalmente, reaccionando contra la campaña de la UE para extinguir el poco que resta de su identidad cristiana. “el Papa Francisco”, declara, “nos hace recordar que ‘es necesario, de parte de todos, un cambio de actitud para con los inmigrantes y refugiados, distanciándonos de actitudes de defensa y miedo, indiferencia y marginación…hacia actitudes basadas en una cultura capaz de construir un mundo mejor, más justo y fraterno’”.

Sí, según Francisco y su Vaticano, han sido sólo “actitudes de defensa y miedo, indiferencia y marginación” lo que han motivado a que el pueblo italiano levante su voz contra el programa de islamización de la Unión Europea. Sin embargo mientras Parolin lanza sus flechas demagógicas contra el pueblo italiano, cuya nación está hundiéndose en la pobreza y disolución social, a la medida en que su Gobierno gasta más en los inmigrantes ilegales y musulmanes que en los pobres nativos de Italia, él y el resto del aparato de estado del Vaticano viven en el lujo detrás de murallas de doce metros de altura. Dentro de la Ciudad del Vaticano, están protegidos 24 horas al día, 7 días a la semana por una fuerza de seguridad bien armada que ni permite que una sola alma solitaria resida en su enclave bien cuidado sin cumplir un complicado proceso de aprobación de visados que está severamente limitado, tal vez el más riguroso del mundo.

Estáis viendo, las fronteras abiertas son para el resto de los mortales. Tal como también la reducción de la huella de carbón que Francisco y compañía exigen para todas las naciones, mientras él y un séquito de más que 100 personas viajan en avión reactivo por todo el mundo, consumiendo un océano de combustible fósil en viajes insensatos para llevar a cabo espectáculos inútiles que no tienen nada que ver con la misión divina de hacer discípulos en todas las naciones.

En la política, tal como en asuntos de fe dentro de la Iglesia, en este momento de la historia, es la gente común la que está intentando mantener la sensatez en medio de una confusión diabólica que ha afligido a sus propios líderes con un deseo de muerte. Mientras tanto, sólo el triunfo del Inmaculado Corazón de María después de la Consagración de Rusia podrá restaurar una civilización una vez cristiana a sus propios fundamentos. Ese triunfo será, como Antonio Socci dice, una victoria para Cristo y Su Iglesia mayor aún que la de Lepanto, “un cambio radical y extraordinario en el mundo, el derrumbamiento de la mentalidad que domina la modernidad, a lo mejor, en las secuelas de acontecimientos chocantes para la humanidad”.

Qué el Señor permita que vivamos para verla.

 



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