Homepage
Cruzada
Perspectivas
Sobre Fátima
Noticias
Recursos
Tercer Secreto
Consagración
Oración
Librería
Homepage
Apostolado
Para hacer un donativo
Más información
Nuestra señora de Fatima en línea
ImageMap for Navigation ¿Por qué Fátima? Mapa del sitio Contactar
Perspectivas Sobre Fátima

La anatomía de una ilusión
sobre aquellos "Misioneros de la Misericordia"

por Christopher A. Ferrara
El 11 de mayo de 2015

En mi reciente columna he examinado el motivo verdadero que hay detrás de un “Jubileo de la Misericordia” fundado en la premisa, declarada por Francisco en su Bula de Indicción de que “tal vez” la Iglesia “haya olvidado cómo mostrar y vivir el camino de misericordia” y que “ha llegado el momento para la Iglesia de abrazar de nuevo un alegre llamado a la misericordia”.

Ha dicho cual es el verdadero motivo porque la premisa declarada es claramente falsa, constituyendo en efecto una acusación ultrajante contra la Esposa de Cristo. Porque la Iglesia nunca ha cesado de emitir su llamado a la misericordia, que no consiste en decir a la gente incesantemente que Dios perdona cada pecado – como si no lo supiera ya – sino en amonestarle de que sí, Dios perdona cada pecado de aquellos que sinceramente se arrepienten y buscan la absolución en el Sacramento de la Confesión.

El problema no es, como opina Francisco, “la tentación…de centrarse exclusivamente en la justicia”. Eso es precisamente lo contrario de la verdad. El problema – que surgió después de Vaticano II – es la pérdida de cualquier sentido de Justicia Divina que estimularía a un alma al arrepentimiento.

Es porque, como  Juan Pablo II admitió en Cruzando el umbral de la esperanza, conforme al Concilio, con su supuesta visión “cósmica” de la salvación de que ¡“[hasta] un cierto punto el hombre se pierde!”…“los predicadores, catequistas y maestros…ya no se atreven a predicar la amenaza del infierno”. Pero la amenaza del infierno se halla en el corazón mismo del Mensaje de Fátima: “Habéis visto el infierno a dónde van las almas de los pobres pecadores”. No nos sorprende que el aparato vaticano – y debe decirse el propio Papa – han enterrado en el olvido esta parte del Mensaje.

Por tanto, otra vez, ¿Cuál es el verdadero propósito del Jubileo de Misericordia, dado que la Iglesia nunca ha cesado de ofrecer la misericordia infinita de Dios a todos los que sinceramente la desean, se arrepienten, hagan una buena confesión, y mueran en estado de gracia?

Me temo que el propósito sea introducir aún otra trastornada novedad en la vida de la Iglesia. En la Bula de Inducción, el “Dios de las sorpresas” que Francisco introdujo en el Sínodo del 2014 aparece otra vez: “en este Año del Jubileo, Dejaremos a Dios que nos sorprenda”.

¡Ay de mí! En el mismo documento se ha dado una vista anticipada de la “sorpresa” que “el Dios de las sorpresas” – como dice Francisco – está guardando  para la Iglesia; y es, realmente, una grandísima sorpresa:

Es mi intención enviar Misioneros de la Misericordia. Serán señales de la solicitud materna de la Iglesia para con el Pueblo de Dios, habilitándole a entrar en la profunda riqueza de este misterio tan fundamental de la fe. Habrá sacerdotes a quienes concederé la autoridad de perdonar hasta aquellos pecados reservados a la Santa Sede, para que la anchura de su mandato como confesores estuviere aún más clara. Serán, sobre todo, señales vivientes de la disposición del Padre de dar la bienvenida a aquellos que buscan su perdón. Serán misioneros de la misericordia por ser facilitadores de un encuentro verdaderamente humano, una fuente de liberación, ricos en la responsabilidad de superar obstáculos y emprender de nuevo la nueva vida del bautismo.

Dejadme ir al quid de la cuestión: estos “Misioneros de la  Misericordia” se habilitarán obviamente para conceder la absolución por encima de y contra de las sentencias contrarias de los ordinarios locales y confesores de las parroquias. Sabemos esto porque hoy no hay, efectivamente, ningún “pecado reservado a la Santa Sede” para los cuales se necesiten semejantes “misioneros” obrando en nombre del Papa. Antes, solamente la Santa Sede podía conceder la absolución en cuanto a cinco pecados específicos: (1) el descartarse o latrocinio de una Hostia consagrada; (2) un asalto físico contra el Supremo Pontífice; (3) la coparticipación en un pecado de impureza con un sacerdote; (4) la consagración de un obispo sin mandato pontificio; (5) la violación por parte de un sacerdote del sello de la confesión. Según el código de la ley canónica de 1983, sin embargo, cualquier párroco ahora puede absolver esos pecados; quedan solamente las sanciones canónicas que están ajuntadas que, Roma sola, es capaz de remitir. Pero Roma no necesita ningún “Misionero de la Misericordia” para remitir sanciones. Puede hacerse con una simple petición a la Santa Sede.

No, alguna otra cosa está siendo fomentada aquí, y no es un buen augurio. Prestad atención a las frases reveladoras en la Bula sobre lo que los “Misioneros de la Misericordia” estarán habilitados a hacer por Francisco:

  • “Concederé la autoridad de perdonar hasta aquellos pecados reservados a la Santa Sede, para que la anchura de su mandato como confesores estuviere aún más clara”.

En otros términos, aquellos sacerdotes tendrán la autoridad de “perdonar” pecados de los cuales un sacerdote u Ordinario local no pueden conceder la absolución, y no meramente los inexistentes “pecados reservados a la Santa Sede” que se citan sólo como ejemplos de la “anchura” del mandato que estos sacerdotes tendrán. Si no fuese así, entonces ¿qué necesidad habría para estos “misioneros” errantes oponerse a un normal párroco?

  • “señales vivientes de la disposición del Padre de dar la bienvenida a aquellos que buscan su [sic] perdón…”

¿No están preparados ya los párrocos del mundo para “dar la bienvenida a aquellos que buscan su perdón”? Hasta creo que el perdón nunca ha sido más fácil hallar en el confesionario local (donde hay confesionarios). En muchas diócesis y parroquias todo desde la anticoncepción hasta las uniones adúlteras ya se excusan o toleran en la práctica y la “absolución” rutinariamente es concedida a los pecadores que objetivamente están viviendo en pecado mortal que no toman resolución ninguna de enmendar sus vidas. ¡Sin embargo Francisco aparentemente quiere aún más lenidad y aún menos justicia!

  • “serán…facilitadores de un encuentro verdaderamente humano…”

Tal condescendencia asombrosa a la Iglesia, como si Francisco sin ayuda de nadie debiese de remediar con su innovación la supuesta ausencia de un “encuentro verdaderamente humano”.

una fuente de liberación, ricos en la responsabilidad para superar los obstáculos…”

¿Liberación? ¿Superando obstáculos? ¿No es esto un claro indicativo para el uso de estos sacerdotes especialmente enviados a conceder la “absolución” donde hasta ahora ha sido debidamente negada – a personas que están viviendo en “segundos matrimonios” adúlteros – si la próxima sesión del Falso Sínodo fracasare en dar Francisco y sus controladores lo que claramente quieren aún? O, si el Sínodo, qué Dios no lo permita, anulase el rechazo perenne de la Iglesia de admitir adúlteros públicos a la Santa Comunión, no es así obvio que los “Misioneros de la Misericordia” estarán autorizados, como un tipo de eclesiástico equipo con armas y tácticas especiales para descender en picada y “desautorizar” o por lo menos intimidar a los prelados y sacerdotes que tal vez son insuficientemente cooperativos en la “revolución de Francisco” – especialmente aquellos fastidiosos Obispos africanos con su resolución declarada de oponer cualquier cambio en la disciplina de la Iglesia?

Lo he dicho antes, y lo diré otra vez: en toda la historia de la Iglesia católica nunca ha habido un Papa como este. Con Francisco parece que nos estamos acercando al fin de la trayectoria cuyo arco espantoso fue vaticinado casi un siglo atrás en el Tercer Secreto de Fátima. Mientras aquel centenario se aproxima, podemos considerar apenas con pavor creciente el año 2017 y esto es mitigado sólo por la esperanza de que Dios concediere a Nuestra Señora una victoria milagrosa sobre la locura que aflige hoy mucho del elemento humano de la Iglesia.




amigable a su impresora
Pagina inicial

imagemap for navigation Página inicial Mapa del sitio Contactar Buscar