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Perspectivas Sobre Fátima

Pesadilla a 35.000 pies – Parte II

Las implicaciones de un sonado bulo papal

por Christopher A. Ferrara
El 23 de febrero de 2016

En mi anterior columna sobre este tema, discutía acerca de cómo el Papa Francisco, en otro más de sus espontáneos y despreocupados comentarios a la prensa en la parte trasera del avión, indultó el uso de la anticoncepción – ambos preservativos y pastillas – para evitar la concepción durante la llamada crisis Ziki. En otros términos, indultó la anticoncepción por motivos eugenésicos: para impedir la concepción a causa de un defecto de nacimiento que tal vez el virus provocase (microcefalia). En apoyo a esta sugerencia asombrosa, Francisco citó el bulo de cómo Pablo VI supuestamente “permitió que monjas [en el Congo] se valiesen de la anticoncepción en casos de estupro”.

Aún cuando la historia fuese verdadera, sería irrelevante, porque el enredo Ziki no tiene nada que ver con la violación sino con relaciones sexuales consensuadas de las cuales mujeres infectadas por el virus son libres de abstenerse hasta que el virus, que causa una enfermedad menor semejante a la gripe en los adultos, se hubiese purgado de su sistema en un plazo de unas dos semanas.

De todas formas, también he señalado las desesperadas tentativas de comentadores “normalistas” para explicar de modo poco honesto el enorme error en moral del Papa que se quedaron confundidos cuando el Padre Lombardi, portavoz de prensa del Vaticano, más tarde confirmóque Francisco en verdad había deseado precisamente de indultar “la posibilidad de recurso de la anticoncepción o de preservativos, en casos de emergencia o situaciones especiales”. Y Lombardi, también, repitió el gran bulo de las monjas del Congo, citando “[E]l ejemplo de Pablo VI y la autorización del uso de la Pastilla para aquellas religiosas que estaban bajo el riesgo serio de violación por los revolucionarios en el Congo...”

El problema es que esto nunca sucedió. Un bulo es precisamente eso – una fantasía histórica que satisfizo las ilusiones de jesuitas progresistas en los años 70, y Francisco era uno de ellos. El Padre John Zuhlsdorf, que ciertamente no puede ser acusado de tener simpatías para con “los tradicionalistas radicales” ha publicado otro informe literario de este fraude en su sitio blog disponible aquí. La esencia del fraude es el siguiente: un artículo publicado en un periódico teológico católico de Roma en 1961, donde un trío de teólogos morales especulaban sobre el recurso posible de la anticoncepción en casos de estupro – otra vez, no es la cuestión – de alguna manera, se transformó en que “Roma” da permiso para tal uso, que después se transformó otra vez en que  “Pablo VI” da permiso – ¡aun cuando el artículo original se había publicado dos años antes de que asumiese el Papado!

Como el “Padre Z” nota: “la leyenda urbana (mentira) es ahora tan común que hasta eclesiásticos de la jerarquía la citan como si hubiese sucedido. No están mintiendo, per se. Sino que están pasando a otros algo que no es verdad pero que ellos piensan que es verdad... aun cuando no pase la prueba del olfato”. Y ha sido así con Francisco en el avión: repitió una bula sonada que no estaba basada en la realidad, creyéndola ser verdadero (como debemos suponer).

Pero consideren las implicaciones de esta gran torpeza:

  • Francisco, el Vicario de Cristo, ha propuesto una desviación lejos de la enseñanza infalible de la Iglesia sobre la anticoncepción basada en una falsedad histórica de su propio predecesor que nunca se preocupó de investigar.
  • Aunque la historia siempre ha parecido sospechosa a los católicos que conocen la enseñanza de la Iglesia sobre esta cuestión, y ha sido ahora rápidamente mostrada que es falsa, Francisco, el Vicario de Cristo, gallardamente ha asegurado a todo el mundo católico, hasta al mundo entero, que una mentira que debería haber sabido que era una mentira, es verdad.
  • Francisco, el Vicario de Cristo, al citar un bulo sobre Pablo VI y monjas en el Congo enfrentando el estupro, ha indultado el uso de la anticoncepción por mujeres en ningún peligro de estupro sino simplemente para evitar un posible defecto de nacimiento.
  • Hasta Edward Pentin, intentando explicar este lío, se vio obligado a afirmar: “el uso de la anticoncepción artificial en tal tipo de situación [la “crisis de Zika”] estaría contrariando la enseñanza moral de la Iglesia…”
  • El Padre Lombardi ha confirmado ahora que Francisco en verdad indultó precisamente el uso de la anticoncepción en tal tipo de situación.
  • Por lo tanto, Francisco, el Vicario de Cristo, ha ratificado sin duda, una violación de la enseñanza moral infalible de la Iglesia, y está claramente rehusando retractarse de su error, sino por el contrario lo ha confirmado por medio de su portavoz.
  • Incontables millones de almas estarán ahora mal guiadas sobre una cuestión que pertenece al pecado mortal y por tanto a la salvación.

Entonces ¿qué hacemos con esta información? Pues bien, nosotros como miembros del laicado solamente podemos hacer poco. Podemos exponer y protestar el error del Papa, como estoy haciéndolo aquí. Y por supuesto, podemos rehusar aceptarlo como enseñanza de la Iglesia, no importándonos lo que el Padre Lombardi u otros apologistas de Francisco puedan decir.

Pero ha llegado el momento de hacer una pregunta evidente públicamente a los miembros de la jerarquía, especialmente a los Cardenales: Como descendientes de los Apóstoles y Príncipes de la Iglesia, ¿cuándo será que Ustedes van a honrar su voto sagrado de defender la Fe contra el desastre que se ha puesto en marcha de este pontificado? ¿Cuándo es que encontrarán el coraje de hacer como San Pablo ha hecho, cuando Pedro se equivocó con respecto al choque de la Iglesia de los gentiles, poniendo en peligro su propia misión de convertir a todo el mundo: “Le hice resistencia cara a cara, porque era digno de reprensión (Gal.2:11)?”

Mientras tanto, este reciente escándalo confirma lo que los católicos bien-informados siempre han sabido: el Papa no es infalible en cuestiones de la fe y la moral cuando se desvía de la enseñanza perenne de la Iglesia – más todavía cuando cita de modo arrogante una irrelevante falsificación histórica para hacerlo.




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