La meditación cuaresmal del Papa:
negando el milagro de los panes y peces… ¿Otra vez?

por Christopher A. Ferrara
el 14 de marzo de 2016

A lo largo de los últimos tres años hemos visto temas persistentes en el programa que emerge de las diversas afirmaciones del Papa Francisco.  Incluidas son la denuncia de católicos “rigurosos” como siendo “Fariseos” y “neo-Pelagianos”, la agitación para admisión a los sacramentos de los católicos divorciados y “re-casados” sin enmienda de vida, la remoción de las distinciones doctrinales a diferencia de los protestantes como si fuesen insignificantes y una exigencia para la revocación de todas las leyes que autorizan la pena capital, aunque la Iglesia tradicionalmente haya defendido su utilidad para los crímenes más graves. Tampoco ningún llamamiento a la abolición de leyes autorizando el aborto, el divorcio, la venta de pastillas y dispositivos anticonceptivos, o las “uniones homosexuales” cuya legalización el anterior Cardinal Bergoglio en su cargo como Papa sistemáticamente ha dejado de oponer. Todo esto se halla abundantemente documentado aquí.

Pero hay también los temas menores de este pontificado perturbador, involucrando claramente “interpretaciones” modernistas de las Sagradas Escrituras: María se enojó contra Dios al pie de la Cruz, Jesús apenas fingió enojarse contra sus discípulos, San Pablo se jactó de sus pecados (en vez de sus “enfermedades” que no son pecados), etc.

Un ejemplo concreto en especial muestra la notable persistencia de socavar la narración del Evangelio: la reducción del milagro de Nuestro Señor de la multiplicación de los panes y peces. Primero, Francisco declaró que el milagro de Cristo de la multiplicación de los panes y peces es “más que una multiplicación, es un compartir, animado por la fe y la oración”. No cabe ninguna duda sobre sus intenciones reduccionistas, Francisco en otra ocasión agrega lo siguiente:

…Y ahora podemos imaginarnos esto: podemos imaginar cómo pasaban los panes y peces de mano en mano hasta que los alimentos hubiesen alcanzado aquellos que estaban más lejos. Jesús consiguió generar una corriente entre sus seguidores: siguieron compartiendo lo que era suyo, transformándolo en un regalo para los demás; y así todos consiguieron comer lo suficiente. Increíblemente, había comida de sobra: la recogieron en siete cestos…

[Jesús] toma un poco de pan y algunos peces, los bendice, rompe y da a sus discípulos para compartir con los demás. Y de este modo ocurre el milagro. Ciertamente no es magia o idolatría. Por medio de esas tres acciones [tomando, bendiciendo y dando], Jesús consigue transformar una mentalidad de “echarlo fuera” en una mentalidad de comunión, una mentalidad de comunidad…

Por supuesto, no se fue necesaria ninguna acción de “compartir” o de “comunidad”, porque precisamente el objetivo del milagro de Nuestro Señor era suministrar una superabundancia de alimentos a toda la muchedumbre de 5.000 personas de tal modo que “todos comieron y se saciaron” (Mat. 14:20) sin necesidad de compartir cosa alguna con nadie. De esta manera Dios encarnado demostró su generosidad infinita hasta en términos materiales, a la vez que proporcionaba un símbolo físico de la superabundancia de la gracia que llegaría a ser asequible en la Santa Eucaristía.

A modo comparativo, hasta Papa Pablo VI presentó este milagro de la multiplicación de los panes y peces llana y literalmente como una multiplicación y no un “compartir” de alimentos: “Con excepcional prodigalidad inexhaustible, los panes entonces empezaron a crecer en número en las manos del Hijo de Dios”.

Un sacerdote-teólogo completamente disgustado, que a menudo ha sido un crítico de las posiciones tradicionales, finalmente se ha compelido emitir (aunque anónimamente) una protesta pública:

En consecuencia, el conjunto de lo que el Papa realmente predicó... sobre el acontecimiento de los panes-y-peces nos permite llegar a la conclusión ineludible de que, junto con tantos modernos eruditos histórico-críticos de la Biblia, ha adoptado la bien-conocida, “demythologización” racionalista desde hace siglos de este milagro del Evangelio. Y por eso nos hemos de preguntar: ¿Qué otros milagros de Jesús, tal vez piense él, necesitan el mismo tratamiento?… El ‘Papa Bergoglio’ ha hecho clara una de sus prioridades principales en el título de su Exhortación Apostólica “La Alegría del Evangelio”. Pero ¿cuánta “alegría” verdadera encontraremos en “el Evangelio” (singular) si “los Evangelios” (plurales) sobre los cuales se basan las Buenas Noticias de la Salvación resultan ser una mezcla de hechos y leyendas históricamente no fidedignas?

Pues bien, parece que Francisco está todavía promoviendo su opinión de que el “compartir” es la naturaleza del milagro que Cristo obró en alimentar a la muchedumbre con algunos pocos panes y peces. Esta vez, apenas hace pocos días (el 9 de marzo), su personal predicador elegido de  sus “meditaciones” cuaresmales, un cierto Padre Ronchi, ha repetido este bulo de nuevo, pero subió la apuesta al declarar expresamente que no había ninguna multiplicación de panes y peces, sino solamente el compartir de alimentos. Como Radio Vaticano informa con citas:

El milagro de la multiplicación de los panes y peces nos muestra que Jesús “no está preocupado con la cantidad de panes”, lo que desea es que el pan se comparta.

“Según una misteriosa pauta divina: cuando mi pan llega a ser nuestro pan, entonces poco llega a ser bastante. El hambre empieza cuando guardo mi pan para mí mismo, cuando occidente saciado guarda su pan, sus peces, sus bienes... Es posible alimentar la tierra, hay pan suficiente. No hay ninguna necesidad de multiplicarlo, sería suficiente apenas distribuirlo, empezando por nosotros mismos. No necesitamos multiplicaciones prodigiosas: necesitamos vencer el Goliat del egoísmo, del desperdicio de comida y el acaparamiento de unos pocos…

“El milagro es que la Iglesia naciente coloca cinco panes y dos peces en las manos de Cristo, que confía, sin calcular y sin retener cualquier cosa para sí mismo y para su propia cena. Es poca cosa, pero es todo lo que tiene; es poco, pero es toda la cena de los discípulos; es una gota en el mar, pero esa gota puede dar sentido y esperanza a la vida... Un regalo de cinco rebanadas de pan es suficiente para cambiar el mundo”.

Ronchi se atreve reducir el divino milagro a Cristo confiando en lo que la Iglesia naciente le ha dado a Él, ¡que nunca aumenta en cantidad! Pura Basura por supuesto. Como la narración del Evangelio nos dice, después de que toda la vasta muchedumbre hubiese comido lo suficiente, los fragmentos por sí solos llenaron doce cestos (Juan 6:13). Solamente una multiplicación en forma literal de los panes y peces podrían haber producido doce cestos de fragmentos versus los cinco panes y dos peces originales que no hubiesen llenado apenas un cesto. He aquí la razón de por qué el Evangelio cuenta este detalle: para imposibilitar la pretensión de que no hubiese ninguna multiplicación.

¿Por qué esta persistencia de arrojar dudas sobre el único ejemplo de los Milagros de Cristo que se cuenta en todos los cuatro Evangelios? Porque la mente modernista no puede tolerar milagros en un sentido literal y siempre tiene que buscar un modo de “desmitologizar” para reducirlos a acontecimientos puramente espirituales. Considerad este ejemplo sintomático de un pontificado que es en turno sintomático de la innovación de la Iglesia por lo que Mons. Guido Pozzo ha llamado “la ideología para-conciliar”, cuya acción se describe de esta manera: “un extraño modo de pensar ha entrado en el mundo católico agitando a la confusión, seduciendo a muchas almas, y desorientando a los fieles. Hay un ‘espíritu de auto-demolición’ que impregna el modernismo…”

Sor Lucía lo llamó la “desorientación diabólica” entre la jerarquía superior. Y esta influencia diabólica en la Iglesia es vaticinada con certeza en el Tercer Secreto de Fátima integro. Tal vez el Papa Pablo VI estuviese revelándolo cuando admitió: “Este estado de incertidumbre impera hasta en la Iglesia. Se esperaba que después del Concilio hubiese venido un día soleado en la historia de la Iglesia. En lugar de eso, vino un día de nubes, de oscuridad, de tanteando, de incertidumbre. ¿Cómo es que ha sucedido esto? Les confiaremos nuestros pensamientos: ha sido la interferencia de un poder adverso: su nombre es el demonio…”