La Iglesia subterránea en China:
¿Es inminente una venta total?

por Christopher A. Ferrara
El 16 de marzo de 2016

En China Edward Pentin nota, hay unos 12 millones de católicos, “de los cuales unos 5.3 millones están representados por los 70 obispos nombrados por la Iglesia controlada por el Estado”, la llamada “Asociación Patriótica Católica (APC)”.

Es decir, la mayoría de católicos en China, incluidos sus obispos, rehúsa reconocer a la “Iglesia oficial” y sus obispos cismáticos han sido nombrados por el régimen ateo de Beijing. Ha sido entonces necesario obrar de modo “subterráneo” y enfrentarse a la constante persecución del Estado comunista chinés, incluso detenciones y campañas abiertas de supresión de las parroquias “subterráneas”, donde el gobierno hasta ha ordenado la remoción de cruces de los edificios parroquiales.

Tan apretado ha sido el control de Beijing sobre sus obispos fantoches que cuando el Obispo Thaddeus Ma Daqin se disoció de la APC, se le declaró “suspendido” de su ministerio episcopal. Los obispos que permanecen en la APC son las herramientas del gobierno, mientras aquellos que rehúsan inclinarse ante el régimen de Beijing y los fieles católicos que les siguen, están sufriendo el martirio seco de la supresión oficial.

Sin embargo, Pentin informa, según el Cardenal progresista Theodore McCarrick, “de una mentalidad semejante al Santo Padre, nueve de 10 obispos en China están en comunión ahora con el Papa”. La pretensión es risible. Un obispo consagrado sin mandato pontificio, que promete lealtad a un gobierno comunista y a la falsa-Iglesia creada por ese gobierno, no puede estar de ninguna manera “en comunión con el Papa” en ningún sentido significativo del término “comunión”. Están en “comunión” con Beijing, no con Roma.

Si McCarrick es en verdad “de una mentalidad semejante al Santo Padre”, entonces los miembros de la fiel Iglesia católica subterránea, la única Iglesia verdadera en China, tienen motivos para temer una inminente venta total según la cual los obispos de la APC escogidos por Beijing estarían aprobados por Roma, haciendo de esta manera mofa del sufrimiento de los católicos subterráneos en China. Refiriéndose a las fuertes críticas del Cardenal Zen sobre la política del Vaticano de apaciguamiento en China y el sufrimiento de Zen mismo bajo el régimen de Beijing, McCarrick ofrece esta opinión pasmosa:

Si tú tienes una Iglesia que se considera a sí misma una Iglesia de mártires, eso la pone en contra de los otros, esto por sí sólo contiene los guijarros de un camino rocoso hacia la desunión. Es cierto que aprecio las preocupaciones y sufrimientos [del Cardenal Zen]... Tienes que estar orgulloso de la Iglesia que sufre, pero también preocupado de que una Iglesia que sufre deja que aquel sufrimiento se convierta en una barrera a la unión común a que el Señor nos ha llamado.

Increíblemente, ¡McCarrick opina que el martirio de los católicos fieles de China es una barrera a la unidad con el clero y los laicos que han evitado la persecución por participar en una Iglesia falsa edificada por dictadores comunistas! Aprecia el sufrimiento de los católicos subterráneos: ¡muchas gracias por vuestro sufrimiento! Pero ¿cuál es el sentido de su sufrimiento si ha de haber “unidad” con aquellos que no han sufrido precisamente porque, contradiciendo la verdad revelada por San Pedro, el primer Papa, ellos han obedecido a los hombres, en vez de a Dios (cf. Actos 5:29)? ¿Y qué sentido tiene para McCarrick pretender que está “orgulloso” del sufrimiento de los católicos perseguidos de China – ¡no es! – a la vez que llama a la “unidad” con aquellos que, a su vergüenza eterna, se han puesto el yugo de un gobierno ateo en vez del yugo de Cristo Rey?

Esto es una tontería diabólica, sintomática de la “desorientación diabólica” que Sor Lucía avisó que infestaría la jerarquía católica – ciertamente tal y como ha sido vaticinada en el Tercer Secreto de Fátima. Como nota el informe de Pentin, el Cardinal Zen “amonesta a la Santa Sede de que no debe ceder a las exigencias de Beijing de que el Vaticano reconozca a todos los obispos oficiales, hasta aquellos que están excomulgados. Tales obispos necesitan primero arrepentirse. ‘Ha llegado a ser esto la misericordia de Dios?’, pregunta él, agregando que si la Santa Sede firmase un acuerdo de este tipo, causaría ‘una herida severa en la conciencia de los fieles’. Sería el equivalente, dice él, al ‘dialogo con Herodes’”.

Pero un “diálogo con Herodes” es exactamente lo que la mayor parte del elemento humano de la Iglesia ha ido emprendiendo desde hace casi 50 años bajo el eslogan seductor de “el diálogo con el mundo contemporáneo”. Es un diálogo con el demonio. Y quien dialoga con el demonio será simplemente conducido a su propia ruina.