Tres años de antíteses falsas.
¿Cuándo terminará esto?

por Christopher A. Ferrara
El 21 de marzo de 2016

La falacia lógica del falso dilema arguye a favor de una conclusión falsa basada en la presetación de dos alternativas apenas, cuando en efecto, hay más que dos, o los dos presentados no son realmente inconsistentes el uno con el otro. En este último caso tenemos una antítesis falsa, asi como un falso dilema.

Debe decidirse en toda franqueza que Francisco es un maestro de la antítesis falsa, una técnica básica de la polémica modernista: o es la misericordia o la “rigidez” pastoral, la misericordia o el “juzgamentalismo”, el amor o el “legalismo” sin amor, el dinamismo evangeélico o el agarrar a la “seguridad” en la Iglesia, un “corazón misionero” o la “rigidez y una constante auto-defensa”, etc. — y esto ha sido así a lo largo de los pasados tres años. Por supuesto, la misericordia y la disiplina, la misericordia y el juzgamiento, el amor y la ley del Evangelio, la evangelización y la defensa de la integridad de la Iglesia, el celo de un misionero para con las almas y su adherencia sin compromiso a la doctrina: todos forman un conjunto. La tentativa de oponerlos entre sí es pura sofistería.

Un reciente ejemplo de la indulgencia de Francisco para la falacia de la antítesis falsa es tan ofensivo a los oídos piadosos que me siento compelido escribir sobre el asunto. En una alocución a miembros del “Camino Neocatecumenal” proferida antes de que salieron a varios países para hacer sea lo que sea que van a hacer, Francisco declaró: “La Iglesia es nuestra madre. No es una organización que busca adherentes o un grupo que sigue en adelante según la lógica de sus propias ideas, sino es una madre que transmite la vida recibida de Jesús”.

¡Aquí en una sola frase, tenemos ya dos antítesis falsas! Primero, mientras la Iglesia es nuestra madre, esto no significa que Ella no busca adherentes. Por el contrario, significa que debe buscar adherentes a causa del amor maternal para con sus hijos desviados. Como Nuestro Señor dijo a los judíos que Lo rehusaron: ¡“Jerusalén! ¡Jerusalén!, que matas a los Profetas y apedreas a los que a ti son enviados, ¿cuántas veces quise recoger a tus hijos, como la gallina recoge a sus pollitos bajo las alas, y tú no lo has querido?

Segundo, que la Iglesia “transmite la vida de Jesús” no significa que ella no “sigue sus propias ideas”. Por el contrario, significa que sí, ella los sigue y que ella debe hacerlo porque sus “ideas” son precisamente el Logos divino de Jesús Mismo, el Verbo Encarnado, que la Iglesia expone, defiende y deja en herencia en las doctrinas y dogmas de la fe.

Harto de todo este juego, Antonio Socci ha escrito una larga carta-abierta a Francisco que constituye la segunda parte de su nuevo libro explosivo La Profezia Finale (la Profecía Final). En esa obra, el autor dirige los comentarios siguientes a Francisco con respecto a su inclinación para la antítesis falsa:

Si se elige cualquier día, se enterará casi siempre que Usted, en su discurso, ataca aquellos que Usted llama “rigoristas”, “rígidos”, es decir, hombres con fe fervorosa, que Usted identifica como los “Escribas y Fariseos”…

Usted debe saber que, en el horizonte cristiana, es completamente absurdo oponer la misericordia a la Verdad, porque ambas están encarnadas en el mismísimo Jesucristo. Por consiguiente, es falso oponer la doctrina contra lo pastoral, porque eso sería oponer el Logos (doctrina) al Buen Pastor (la Verdad hecha carne): es que Jesús, la Verdad hecha carne, es el Logos y, a la misma vez, el Buen Pastor.

Mientras escribo esta columna [el 18 de marzo], menos que 24 horas quedan hasta que Francisco firmare la temida Exhortación Apostólica pos-sinodal que terminará una “jornada sinodal” de dos años de duración que Socci correctamente describe como “un ataque mortífero contra la familia y contra el Sacramento de la Eucaristía que ha sido sistemático... llevado a cabo por la conferencia de alto nivel del Vaticano”,  “que durante dos años asistió al derrocamiento del Magisterio perenne de la Iglesia”, “promovido por la persona que debería ser el custodio y defensor de ese mismo Magisterio”.

Ante la anunciada extensión del documento de 200 páginas – un absurdo abuso del propio concepto de exhortación pontificio – podremos ciertamente esperar una pesada carga de antítesis falsas y con ellas, peligros graves y sin precedentes para la Iglesia. Que Nuestra Señora de Fátima nos salva del peor.