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Perspectivas Sobre Fátima

¡Es Eco-Pascua en el Vaticano!

por Christopher A. Ferrara
El 23 de marzo de 2016

Es Semana Santa de la estación de Pascua, y nada sería más apropiado para la semana más santa del Calendario Litúrgico que aquello que el Vaticano ha programado, como es informado por el Servicio Católico Noticiario: “varias iniciativas señalando la importancia del ambientalismo y del cuidado para con la obra del Creador”. Sí, ahora la religión del ambientalismo se insinúa hasta en las celebraciones pascuales.

Una de estas “iniciativas” tiene que estar entre los trucos publicitarios más risibles que la máquina propagandística del Vaticano ha intentado durante los últimos tres años de este Pontificado de “esperanza y cambio”. Por extraño que parezca, “los miles de arreglos de flores para la Misa matutina pascual y para la bendición solemne del Papa ‘urbi et orbi’ (a la ciudad y al mundo), van a tener una nueva finalidad después de las celebraciones” porque serán ‘plantados de nuevo en los jardines del Vaticano’”.

Según informa la Administración del Vaticano, la organización gobernativa de la Ciudad-Estado del Vaticano, “Miles de arbustos, árboles en flor, tulipanes y otros bulbos de floración, que son un regalo de cultivadores de Holanda, se plantarán de nuevo en los jardines del Vaticano. Las plantas también se difundirán a diversas universidades e instituciones pontificias ‘para que pudieren florecer en los años venideros’…”

Como mi querida mujer me ha señalado, siendo ella una jardinera experimentada, este truco publicitario es un gran gasto de recursos que no tiene nada que ver con el “cuidado para con la obra del Creador”. En primer lugar, eses miles de arbustos, árboles en flor, tulipanes y otros bulbos de floración producidos especialmente por cultivadores profesionales para el uso del Vaticano y que exigen vastas cantidades de suelo, fertilizante, agua y mano de obra, tuvieron que ser desarraigados de donde en Holanda se cultivaron, cuidadosamente empaquetados o embalado en materiales cuya producción gastó energía y que es materia que después será desechada. En segundo lugar, todo tuvo que ser transportado a Italia y por último al Vaticano de avión o en camiones emitiendo carbono. También la nueva plantación necesitará grandes cantidades de agua, fertilizante y mano de obra, así como mantenimiento constante de todo lo amenazado, mucho del cual morirá inmediatamente o apenas después de una o dos estaciones del año.

Toda esta operación – desde el desarraigo hasta el embalaje, desde el transporte hasta la nueva plantación, así como el mantenimiento constante de aquello que sobrevive la nueva plantación – producirá una “huella de carbono” mucho mayor de lo que habría resultado por simplemente hubiese dejado las plantas donde estaban, en Holanda, y en vez de eso, empleando floristas locales para proporcionar plantas para las Solemnidades de Pascua, plantas esas que se echaría fuera después de la Semana Santa. Ese procedimiento ya habitual sirve, al menos, para ilustrar una de las lecciones de la Religión que Cristo fundó en contraste con la religión ambientalista del Club Sierra. Recordémonos de las enseñanzas del primer Papa aludiendo al Profeta Isaías: “Porque toda carne es heno, y toda su gloria como la flor del heno: secóso el heno, y su flor se cayó. Pero la palabra del Señor dura eternamente… (1 Pedro 1:24-25)”.

¿Su flor caerá? ¡De ninguna manera! El Vaticano conservará vivas estas plantas tanto tiempo como les sea posible. ¡Fíjense, eso es mostrar “cuidado para con la obra del creador”! Pero ¿por qué no exigir por todo el mundo un fin inmediato del asesinato en masa de seres humanos en el seno materno? ¿No sería eso “cuidado para con la obra del creador”, considerando que los hombres son la creación de Dios más perfecta en la tierra cuyas almas inmortales no marchitarán como tulipanes? Fíjense: el credo ecológico no tiene nada que ver con las personas; apenas con cosas. Hoy en día, el Vaticano no está muy preocupado con el destino de las personas a menos que sean “refugiados” musulmanes o víctimas de la “desigualdad”. Y ¿Cuanto a sus almas que son inmortales?  ¿Hay preocupaciones? No muchas.

Otra iniciativa de la Eco-Pascua que invita la irrisión – que me complace proporcionar – de este modo se describe: “En respuesta a la súplica del Papa para que se cuide del ambiente, la administración anunció también la inauguración de una ‘isla ambiental’, un centro de reciclaje para la separación de basura y para compostaje”.

Vemos así que el Vaticano iniciará finalmente un centro de reciclaje, unos 40 años después del resto de Europa había descubierto la idea. Ah, pero este es una “isla ambiental”. ¡Gran diferencia! ¿Será esto una broma? ¡Ojalá fuera!

Sin embargo, una de estas iniciativas eco-Pascuas ya llevada a cabo el 19 de marzo, invita no sólo la irrisión sino el desprecio. Leímos: “La cúpula de la Basílica de San Pedro y la famosa columnata de Bernini también apagarán las luces el 19 de marzo durante una hora, en un esfuerzo para alentar el conocimiento de alteraciones climáticas. El Vaticano anunció que se juntará con países por todo el mundo que apagarán las luces no esenciales durante ‘la Hora Tierra 2016’, acontecimiento promovido por el “Fondo Mundial para la Naturaleza”. La iniciativa, según la página web de la fundación, pretende ser ‘un símbolo de nuestro compromiso con el planeta’”.

Por lo tanto, el Vaticano Bergoliano está “comprometido con el planeta” – hasta tal punto que las luces de San Pedro se apagarán durante una hora. ¡Caramba! ¡Esto es que va a detener el mundo del precipicio de la eco-catástrofe!

No habrá aún apagamiento alguno, sin embargo, para conmemorar todos los cristianos carneados por fanáticos musulmanes en el Medio Oriente, en África, y ahora en el corazón mismo de Europa –porque Francisco pide una “bienvenida” ilimitada a jóvenes “refugiados” musulmanes varones.

Dejaré el comentario final sobre esta travesía en marcha de la “conversión ecológica” del Vaticano a Antonio Socci, autor que está harto de toda esta tontería. Como declaró a Francisco en su carta-abierta al Papa, incluida en La Profezia Finale:

¿Cómo es posible que Usted no indique ni se da cuenta de otras emergencias que aquellas del ambiente, o por lo menos con igual insistencia? ¿La apostasía de la fe en el Dios verdadero por pueblos enteros no será un drama que merece sus súplicas más ardientes? ¿La guerra contra la familia y contra la vida? ¿El descuido de Cristo y la matanza de comunidades cristianas? Parece que sólo el ambiente y otros temas de la religión de lo políticamente correcto merece su entusiasmo.

Un gran intelectual francés, Alain Finkielkraut, le ha descrito como el “Sumo Pontífice de la ideología periodista mundana”. ¿Estará él equivocado? ¿Será exagerando?

En efecto, en “su” Iglesia parece que los temas de la separación de basura y del reciclaje son más importantes que la tragedia de pueblos enteros que, dentro de pocos años, habrán abandonado la fe.

Usted toca el alarme sobre el “calentamiento global” mientras la Iglesia a lo largo de dos milenios lo ha tocado a causa del fuego del Infierno (pág. 142).

¡Sí, el fuego del Infierno! Y Nuestra Señora de Fátima tuvo algo a mostrar y decir sobre él. Pero el Mensaje de Fátima no tiene lugar alguno en la programación Bergogliana, aunque durante un momento esperanzado yo hubiese pensado que sí. Tal vez el Cielo, dentro de poco, tomare medidas que llevará a Francisco a dar al Mensaje de Fátima la atención que merece.  Recemos sólo para que ese momento no incluya una ciudad medio en ruinas llena de muertos – de personas, no de plantas – y un Papa que es ejecutado fuera de esta ciudad encima de un monte sombrío.




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