Besar los pies de musulmanes
no es una solución

por Christopher A. Ferrara
El 30 de marzo de 2016

El Jueves Santo, Francisco hizo mofa del mandatum tradicional de Jueves Santo de Nuestro Señor por lavar y besar los pies de tres musulmanes junto con una variedad de ortodoxos, cópticos, hindúes, y católicos.

El Domingo de Pascua, una parte de los talibanes fanáticos musulmanes detonó una bomba que mató al menos a 70 cristianos, incluido mujeres y niños, e hirió a otros 300 en Lahore, Pakistán, donde la muchedumbre se había reunido para celebrar la Resurrección de Nuestro Señor. Esto es la más reciente de la serie de atrocidades perpetradas contra los cristianos por fanáticos musulmanes en África, Medio Oriente y Europa misma. Nunca terminará mientras el Islán no sea combatido claramente viéndolo como es y siempre ha sido: un culto hecho por hombres nacido de la violencia, esparcido con violencia, y mantenido por la violencia, siendo el asesinato el castigo para aquellos que consiguen huir de su apretón.

“Todos nosotros juntos: musulmanes, hindúes, católicos, coptos, y evangélicos. Pero hermanos, hijos del mismo Dios”, Francisco insistía durante su homilía improvisada del Jueves Santo – como si al decir esto, podría ser así. Como si la auténtica fraternidad fuese posible sin la fraternidad universal en Cristo que su Iglesia ha sido autorizada a establecer, y en cuya ausencia, el mundo no ha conocido nada sino aflicción.

No importa cuántos pies de musulmanes bese Francisco, no logrará nada además de llamar atención sobre sí mismo, que se puede decir con toda franqueza parece ser el objetivo principal de todo su pontificado. Todo el mundo está prestando atención a Francisco y a su más novedoso gesto de humildad, pero nadie parece darse cuenta de que la humildad ante las cámaras no es de ningún modo humildad.

Mientras tanto, el elemento humano de la Iglesia continúa su procura febril del mismo espejismo utópico del cual San Pío X condenó en relación al interreligioso movimiento Sillon de Francia:

Insisten con todos aquellos que quieren cambiar la sociedad actual… no oponerse uno al otro a causa de convicciones filosóficas o religiosas que puedan separarles, antes avanzar mano a mano, no renunciando a sus convicciones sino intentando proporcionar, con base a realidades pragmáticas, la prueba de la excelencia de las convicciones personales de cada uno. Tal vez una unión será llevada a cabo basada en el fundamento de emulación entre almas que sostienen diversas convicciones religiosas o filosóficas.

Recordando “las fuerzas, conocimiento, y virtudes sobrenaturales que se necesitan para establecer la Ciudad Cristiana, y los sufrimientos de millones de mártires,” Pío X planteó la pregunta que debe ser planteada a la administración actual del Vaticano cuyo programa es exactamente el mismo de Sillon: ¿“Qué van a producir? ¿Qué resultará de esta colaboración”?

He aquí la respuesta: Nada excepto gestos indignos como el de un Papa besando los pies de musulmanes mientras otros musulmanes, riéndose ante esta muestra de exhibicionismo, aumentan su matanza de cristianos a lo largo y ancho del mundo – mientras al mismo tiempo musulmanes “moderados” rehúsan condenar la matanza o hasta ayudar a la policía que pidió ayuda para encontrar a los terroristas musulmanes que se escondieron entre ellos en los barrios urbanos europeos.

En verdad, hasta los Sillonistas estarían atónitos por el espectáculo de un Papa postrándose ante los miembros del culto violento de Mahoma. En vez de instar a las autoridades civiles a contener la difusión de una religión cuya misión es exterminar el cristianismo, como San Pío V hizo con el Rey Felipe II de España, este Papa exige que Europa abra la puerta ancha a una invasión musulmana, que piensa que les puede pacificar besándoles los pies y declarando con confianza que todos nosotros somos hermanos.

En 2000 años la Iglesia nunca ha estado en el apretón de una ilusión semejante. Se puede nada más que presagiar los acontecimientos más dramáticos para ambos la Iglesia y el mundo.