El Padre Cantalamessa miente sobre Lutero

por Christopher A. Ferrara
El 31 de marzo de 2016

Es conocido como el predicador de la Casa Pontificia, un cargo al que se le nombró hace mucho, en 1980. Pero prefiero pensar de él como el Hereje de la Casa Pontificia, tal y como han ilustrado mis columnas previas sobre esta persona.

Y las herejías siguen adelante. Este pasado Viernes Santo, Cantalamessa profirió un sermón en la Basílica de San Pedro que parece ser parte integrante de la loca campaña del Vaticano para “conmemorar” la Reforma, que culminará en una liturgia conjunta con ministros luteranos el próximo año en Suecia en la que Francisco participará - otra señal más de la “desorientación diabólica” entre la jerarquía superior de la que Sor Lucía avisó repetidamente.

En su sermón para Viernes Santo Cantalamessa pronunció este mentirón en alabanza del arce-hereje Martín Lutero:

“La ‘justicia de Dios’ es aquella por la cual somos justificados, así como la ‘salvación de Dios’ [ver Salmo 3:8] significa la salvación por la cual Él nos salva”. [2] En otros términos, la justicia de Dios es aquella por la cual Dios hace aceptables a Sí Mismo a aquellos que creen en Su Hijo Jesús. No efectúa justicia, sino que hace a las personas justas.

Lutero merece honor por haber resucitado esta verdad cuando su significado se había perdido a lo largo de los siglos, por lo menos en la predicación cristiana, y es por eso, principalmente, que el cristianismo está en deuda con la Reforma, cuyo quinto centenario sucederá el año que viene. …

Eso es simplemente una mentira ultrajante que no trata simplemente de blanquear uno de los errores principales de Lutero sino que se atreve dar al arce-hereje honor en cuanto a la propia verdad que negó pero que la Iglesia nunca ha cesado de defender. Porque fue Lutero quien promovió el error de una justicia de Cristo simplemente “imputada” que, como explica la Enciclopedia Católica, citando la formula luterana, Cristo meramente

ya no nos imputará nuestros pecados, sino que nos considerará y tratará como si fuésemos realmente justos y santos, aunque en nuestro interior permanezcamos los mismos pecadores de antes. Cf. Solid. Declar. III, sec. 15: “Por medio de la obediencia a Cristo por la fe, los justos son así declarados y reputados, aunque por razón de su naturaleza corrupta aún son y permanecen pecadores en cuanto sostienen este cuerpo mortal

El contraste entre la doctrina católica y protestante aquí llega a ser muy chocante. Porque según la enseñanza de la Iglesia católica, la justicia y santidad que la justificación confiere, aunque concedidas a nosotros por Dios como causa eficiente (causa efficiens) y merecidas por Cristo como causa meritoria, se convierte en una calidad santificante interior o causa formal (causa formalis) en la propia alma, que la hace verdaderamente justa y santa a los ojos de Dios. En el sistema protestante, sin embargo, la remisión de pecados no es el perdón verdadero, no se borra la culpa. El pecado es simplemente encubierto y ocultado por los méritos imputados de Cristo; Dios ya no lo imputa, mientras en realidad continúa su existencia miserable clandestinamente hasta la hora de la muerte.

Lutero inventó su doctrina para justificar su propia vida gravemente pecaminosa, incluso la violación de los votos sacerdotales y su “matrimonio” con una monja, Caterina von Bora. Atormentado por la culpa, Lutero simplemente declaró que con base a una “fe fiduciaria” en Cristo, Cristo imputa Su justicia al pecador a pesar de su continuada existencia perversa.

Así Lutero podría jactarse de su propio pecado: “En casa tengo buen vino y cerveza y una mujer hermosa o (debo decir) Señor”. Para esa materia, tenemos a nadie menos que a Francisco declarando: ¿“Confío en Cristo? ¿Me jacto de la Cruz de Cristo? ¿Me jacto de mis pecados, en este sentido”? - Una lectura patentemente falsa de la afirmación de San Pablo que se jactó de sus “enfermedades”, no sus ofensas contra Dios, porque la gracia de Dios remedió aquellas enfermedades “para que haga morada en mí el poder de Cristo” (2 Cor. 12:9).

Hoy el error de Lutero va con el eslogan “una vez salvado, siempre salvado”, pronunciado por protestantes que piensan que la anticoncepción, el divorcio y re-casamiento y otros graves pecados no pueden ser causa de perdición eterna porque en cierto momento “han aceptado a Jesús” o “han venido a Jesús”.

El Concilio de Trento anatemizó la herejía de Lutero de una justicia meramente “imputada”, sin embargo, Cantalamessa ahora finge que Lutero no sólo se adhirió a su herejía, sino que “redescubrió” la enseñanza verdadera: que un pecador que es justificado por la gracia verdaderamente llega a ser justificado interiormente, con tal que persevere en la gracia, y no es apenas “declarado” justificado en virtud de los méritos de Cristo.

¿Qué podemos decir cuando el “Predicador de la Casa Pontificia” elogia al sumamente peor hereje de la historia de la Iglesia quien era infame a causa de su perversión moral, su puerca boca, y su odio hacia la Santa Misa, el Papado y la Iglesia Católica misma? ¿Qué podemos decir cuando un Papa, haciendo aparentemente eco del error de Lutero, propone ir a Suecia para “conmemorar” la vida del destructor cuyas herejías destrozaron la unicidad de la Cristiandad? Podemos decir que estamos atestiguando el cumplimiento del Tercer Secreto de Fátima.