Un desastre inminente y
lo que podemos hacer sobre él

por Christopher A. Ferrara
El 4 de abril de 2016

Este viernes, el 8 de abril de 2016, habrá una coyuntura decisiva para la historia de la Iglesia y por eso para el mundo. Una “Exhortación Apostólica Pos-Sinodal” de un fenomenal y extenso tamaño de 200 páginas que se divulgará en una conferencia de prensa en el Vaticano, y no cabe duda de que la onda expansiva resultante de este choque sacudirá a la Iglesia hasta sus propios cimientos. Todas las indicaciones son ominosas, empezando con el título pretencioso: Amoris Laetitia (“La alegría de amor”), que tiene más que ver con Oprah Winfrey que con el solemne Magisterio.

Y después hay la notificación por e-mail del Arzobispo Vincenzo Paglia, el Presidente del Concilio Pontificio para la Familia, que después del Falso Sínodo debe ser renombrado el Concilio Pontificio para socavar la Familia. Paglia es el mismo prelado que abiertamente aboga para la admisión a la Santa Comunión de adúlteros públicos en “segundos matrimonios”. Su e-mail instruye a cada Obispo en el mundo a presidir una conferencia de prensa simultáneamente con aquella del Vaticano para “preparar a los fieles” acerca lo que contiene el documento. Una estratagema obvia que trata de rápidamente imponerlo por todos lados, y sofocar oposición alguna a cualesquier “reformas revolucionarias” que el documento contenga.

Y después están los presentadores de “La alegría de amor”: Primero el gamberro Cardinal Baldisseri (“el ladrón de libros”), cuya manipulación con mano dura del Sínodo 2014 a favor de la facción Kasper, es decir la facción Francisco, provocó una sublevación en el suelo de la sala encendida por el Cardinal Pell. Segundo, el Cardinal Christoph Schonborn, otro abogado abierto de la Santa Comunión para adúlteros está también respaldando el movimiento de reconocer “elementos positivos” en “uniones homosexuales”. Además estarán presentes una pareja de académicos laicos que se dirigieron al Falso Sínodo: el equipo marido mujer de Francesco Miano (un filósofo moral cuyos doctorados, estoy fidedignamente informado, fueron en la ética situacional y el existencialismo) y Giuseppina De Simone (una teóloga completamente moderna). He aquí una foto, sacada fuera de la sala del Falso Sínodo, de la feliz pareja que no inspira precisamente confianza en su firme adherencia a la ortodoxia y ortopraxis católicas:

En breve, ni un solo defensor de la enseñanza tradicional de la Iglesia y disciplina intrínsecamente relacionada sobre la indisolubilidad del matrimonio – afirmada por ambos Juan Pablo II y Benedicto XVI – participará en la presentación de “La alegría de amor”. Conspicuamente ausente estará Gerhard Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que según se informa presentó sobre unas 40 páginas de revisiones sugeridas al borrador provisorio del documento, que claramente indica que tiene que ser un desastre de proporciones gigantescas. La presencia de Müller sería capaz de tal vez estropear toda la alegría que está a punto de caer en cascada sobre la Iglesia en un diluvio de “misericordia” tan cruelmente negada a los divorciados y “re-casados” por los antecesores de duro corazón de Francisco, a lo largo de los pasados 2.000 años.

Finalmente, Francisco mismo inadvertidamente ha desvelado algo durante la entrevista de prensa en-vuelo de regreso de México, cuando dijo que “estar integrado en la Iglesia no significa ‘recibir la comunión’.” Con eso él quería decir no inmediatamente sino después de seguir “el camino de la integración” porque es parte de “un viaje, es un camino”. Fue un clarísimo indicativo de que “La alegría del amor” incluirá un modo para que los divorciados y “re-casados” retengan la “alegría” de sus adulteras relaciones sexuales mientras eventualmente van siendo admitidos a la Santa Comunión – pero sólo después de una canción y baile superficial creando la falsa apariencia de decoro para lo que será en realidad un sacrilegio en escala masiva.

Sabemos muy bien, entonces, lo que nos viene encima. Y sabemos cómo será de hecho: una apertura a la Santa Comunión para personas que están viviendo en adulterio por medio de decisiones dejadas a las conferencias episcopales individuales u obispos individuales, obrando en el llamado “foro interno” mencionado en el informe final del Falso Sínodo 2015. Es decir, el pecado de la Comunión sacrílega será autorizado para aquellos que, en “el foro interno” no “sienten” que están viviendo en adulterio y necesitan ser persuadidos a veces – lo cual significa nunca – de que sí, están.

¿Pero qué podemos hacer sobre esto? Además de nuestras oraciones, sobre todo el Rosario, un solo camino está abierto para nosotros: debemos oponernos de todos los modos posibles a esta fenomenal tentativa aterradora de destruir la catolicidad – la universalidad – de la Iglesia Católica. Debemos hacer precisamente tal y como ha sido sugerido por el Padre John Hunwicke, un sacerdote previamente anglicano que ahora es un sacerdote de la Iglesia Católica. Escribe él:

Nosotros, en la Iglesia anglicana, vimos lo que sucedía cuando “la Autonomía Provincial” permitía pisotear la Doctrina, la Tradición, la Biblia… Y hasta el Imperativo Dominical de la Unidad. Es una experiencia completamente miserable y repugnante. Cualquier tentativa de introducir cosa alguna remotamente como eso, o cualquier cosa que podría servir como un primer paso hacía cosa alguna remotamente como eso, en la Iglesia Católica, debe ser resistida por cualquier y todos los medios de resistencia que los católicos ortodoxos tienen o pueden idear.

Como un ex-anglicano, les ha avisado: décadas de guerra interna sobre este tema dentro de la Iglesia es exactamente lo que la Iglesia militante debe evitar. Durante la mayor parte de mi ministerio sacerdotal en la Iglesia anglicana, esta cuestión colgaba sobre mi cabeza como una sombra oscura. Cualquier tentativa de persona alguna [énfasis en el original] de infligir una herida semejante a la Iglesia Católica merece, tal y como el Cardinal Burke ha intimado, la resistencia en cualquier forma que sea necesaria, y con tanto vigor como la Gracia de Dios nos dé.

Esa es la respuesta de un verdadero miembro de la Iglesia militante sobre la situación sin precedentes a la que nos enfrentamos en este momento de la historia de la Iglesia. Por otra parte, tenemos el presuntuoso y auto-satisfecho conformismo de la sociedad neo-católica, cuya relación simbiótica a un status quo eclesial puede apenas   continuar en este caso.

Qué Dios, por medio de la intercesión de Nuestra Señora de Fátima, proteja a la Santa Iglesia de las intrigas de un Papa rebelde y los subversivos de quien se ha rodeado a en lo que sin duda es un escenario predicho en el Tercer Secreto.

¡Y que se consiga de alguna manera demostrar que esta columna está totalmente incorrecta!