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Perspectivas Sobre Fátima

Deceptus Laetitia – III Parte
El abuso de Santo Tomás

por Christopher A. Ferrara
El 2 de mayo de 2016

La razón de por qué a Amoris laetitia (AL) se le llama debidamente “catástrofe” se resume en el ya infame párrafo 301 en el que Francisco anuncia nada menos que una disculpa de culpabilidad para aquellos que viviendo en relaciones – el divorcio y “re-casamiento” y la cohabitación – la Iglesia constantemente ha reprobado como vivir en pecado. Sin embargo, según Francisco:

“La Iglesia posee un cuerpo sólido de reflexión en cuanto a factores y situaciones atenuantes. Por eso ya no puede decirse simplemente que todos aquellos que están en situación “irregular” están viviendo en un estado de pecado mortal y están privados de la gracia santificante. Pero se involucra aquí más que una simple ignorancia de la norma. Una persona puede conocer bien la norma, sin embargo, tener gran dificultad en comprender “sus valores inherentes”, o estar en una situación concreta que no le deja actuar y decidir de otra forma sin cometer pecados adicionales”.

Considere las implicaciones de este pronunciamiento llanamente pasmoso: según Francisco, “ya no” puede decirse que todos aquellos que están viviendo objetivamente en pecado son en verdad culpables de pecado, sino que algunos – ¿y cómo puede ser que Francisco o cualquier otra persona sepa cuáles de ellos? – pueden estar viviendo en el estado de gracia. Esto significaría que las personas que cometen lo que el Catecismo de la Iglesia Católica llama “adulterio público y permanente” así como aquellos que cometen la fornicación habitual podrían continuar cometiendo el adulterio y la fornicación sin necesidad de absolución, aunque sepan que están contradiciendo la ley moral, cuyo “valor inherente” tienen “dificultad en comprender…”

Francisco se atreve a apoyar este propósito monstruoso – de que por sí sólo, este documento debe ser cubierto con oprobio hasta el fin de los tiempos – con una cita obviamente engañosa a la observación de Santo Tomás en la Summa Theologiae, con respecto a las virtudes morales infusas (es decir, aquellas animadas por la caridad sobrenatural): “Se dice que ciertos santos no poseen ciertas virtudes [infusas], de tal modo que experimentan dificultad en las obras que derivan de aquellas virtudes, aunque tienen los hábitos de todas las virtudes”.

Esto es una tontería total. Las virtudes infusas, a diferencia de las correspondientes virtudes adquiridas, están animadas por la gracia divina, no se trata simplemente del hábito de actuar de una manera virtuosa. Santo Tomás no está discutiendo acerca de pecadores que continúan cometiendo el adulterio y la fornicación, sino de santos canonizados que poseen la caridad sobrenatural, y por eso las virtudes infusas, pero que han tenido una dificultad al practicar alguna de ellas. Ningún santo, por lo menos una vez que han llegado a ser santos, se comportaban de cualquier forma habitual objetiva y mortalmente pecaminosa.

¡Qué abuso más descarado del Doctor Angélico, y para un propósito tan desdichado como consentir los habituales pecados de la carne! Como el claramente asombrado Padre Gerald Murray ha observado durante el panel de debate de EWTN severamente critico de AL: “Me imagino que un buen grupo de Tomistas tendrían una respuesta a eso”.

En el párrafo 304, AL comete otro abuso ultrajante en cuanto a la enseñanza del Doctor Angélico. Francisco selectivamente cita a Santo Tomás del modo siguiente a propósito de los preceptos generales de la ley natural:

“[A]unque en sus principios comunes todavía se encuentra cierta necesidad, cuanto más se desciende a lo particular tanto más excepciones ocurren… Si se trata, en cambio, de las conclusiones particulares de la razón práctica, la verdad o rectitud ni es la misma en todos ni en aquellos en que la misma es igualmente conocida…pero en alguna ocasión puede suceder que sea perjudicial …Y esto ocurre tanto más fácilmente cuanto más se desciende a situaciones particulares (ST, I-II, P. 94, art.4)”

Basándose en esta cita recortada, Francisco opina que “las reglas generales enuncian un bien que nunca puede hacerse caso omiso o desatenderse, pero en su formulación no pueden proporcionarse en forma absoluta para todas las situaciones particulares”.

Pero Santo Tomás no está discutiendo la “formulación” de “normas” antes los preceptos básicos de la ley natural que Dios inscribe en nuestra naturaleza, que no son simples “normas” sino “los primeros principios de las acciones humanas”.

Lo que Santo Tomás en verdad está señalando es el fracaso humano en aplicar los preceptos de la ley natural a situaciones verdaderas que son más complicadas, tales como (el ejemplo que Santo Tomás da) si los bienes confiados deben ser restaurados a sus dueños aun si el dueño tiene la intención de usarlos para un propósito inmoral. Tales aplicaciones detalladas en la sociedad civil a menudo necesitan reglas escritas, y si aquellas leyes humanas erran en su aplicación de la ley natural, dice Santo Tomás, es apenas porque “algunos tienen la razón oscurecida por una pasión, por una mala costumbre o por una torcida disposición natural.” (I-II, P. 94, Art. 4).

Para aplicar esta enseñanza de Santo Tomás a un precepto moral tan fundamental como “no cometerás adulterio” por medio del divorcio y “re-casamiento” que hasta el Nuevo Catecismo, siguiendo las palabras de Nuestro Señor Mismo, condena como “una ofensa grave contra la ley natural”, es tal vez el ejemplo primario más escandaloso de la pauta de engaño de AL.

Cada vez más católicos están despertándose a la fraudulencia ultrajante de este documento. Por ejemplo, escribiendo en los medios de comunicación del “corriente principal” Catholic Herald, el Padre Raymond J. de Souza concluye: “Amoris Laetitia sufre de citas selectivas a lo largo del documento y aunque aparentemente listas a corto plazo, disminuirán el valor perenne de este texto magisterial porque socavan su continuidad con la enseñanza autorizada del pasado reciente”.

No disminuir, Padre de Souza, antes destruir. Porque ningún documento que intenta engañarnos con un mal uso de fuentes “listas” puede realmente pertenecer al magisterio auténtico. El engaño proviene de otra fuente, y su nombre es legión.

¡Nuestra Señora de Fátima, interceda por nosotros!




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