Forte descubre el pastel, y lo que esto significa

por Christopher A. Ferrara
el 9 de mayo de 2016

Durante una conferencia de prensa el 3 de mayo sobre Amoris Laetitia, el Arzobispo Bruno Forte descubrió un pequeño chiste (“una battuta”) que Francisco había dicho durante el Sínodo acerca de su esfuerzo obsesivo de admitir los divorciados y “re-casados” a la Santa Comunión. Fue tal como hacía cuando era Arzobispo de Buenos Aires: “Si hablamos explícitamente sobre la Comunión para los divorciados y re-casados, no sabes cuánta confusión crearemos. Por eso, no queremos hablar abiertamente de eso; hazlo de manera en la que las premisas están allí, y yo llegaré a las conclusiones”.

Yo había escrito sobre esta declaración en otro lugar, pero aquí comentaré lo que significa en cuanto a los esfuerzos de aquellos que piensan que todo lo que necesita Amoris Laetitia (AL) es una tirita en forma de una “interpretación auténtica” en coherencia con la enseñanza constante de la Iglesia afirmada por Juan Pablo II en Familiaris consortio 84. Es decir, que aquellos que están viviendo en un estado que Nuestro Señor Mismo condenó como adulterio, de ninguna manera pueden ser admitidos a la Santa Comunión mientras permanecen en sus relaciones adúlteras.

En primer lugar, esta petición de una “interpretación auténtica” hecha por Francisco mismo con respecto a su propio documento, es obviamente absurdo. Un Papa no debería tener que “interpretar” su enseñanza para que la alinee con la ortodoxia. Su ortodoxia debe ser auto-evidente. Cualquier pronunciamiento pontificio que con urgencia necesita ser “interpretado” de modo ortodoxo es fatalmente defectuoso y no que debe ser emitido.           

En segundo lugar, aquellos que piden de Francisco una “interpretación auténtica” de AL sin apartarse de la constante disciplina sacramental de la Iglesia, y de Familiaris consortio 84 en particular, no pueden ser desconocedores de que una tal “interpretación” es la última cosa que Francisco proporcionará, porque desharía todo su programa de “integrando la debilidad” en la Iglesia, para aludir al título pasmoso del capítulo 8 de AL.

Francisco ha empezado este programa casi desde del momento de su elección, cuando alabó la “teología de la misericordia” del Cardenal Kasper durante su primera alocución del Ángelus desde el balcón de San Pedro, y después procedió incesantemente a promoverla durante el consistorio extraordinario de febrero de 2014, la primera sesión del Falso Sínodo de 2014, y su sesión final en 2015 – un proceso a lo largo de dos años cuando repetidas veces criticó a sus conservadores oponentes jerárquicos e invocó un “Espíritu” casi-gnóstico y al “Dios de las sorpresas”.

Con todo el debido respecto al Cardenal Muller, por lo tanto, puede apenas considerarse como irónica su queja reciente sobre cómo Francisco no hubiese podido querer significar que abre la puerta a la admisión de los adúlteros públicos a la Santa Comunión en “ciertos casos”. Afirmó lo siguiente:

Si la Iglesia fuese a admitir a los divorciados re-casados a la Santa Comunión sin exigir un cambio de vida y dejándoles permanecer en su situación – ¿no debería decirse simplemente que ha aceptado el divorcio en algunos casos? Ciertamente, por escrito, no lo aceptaría. La Iglesia continuaría considerando el matrimonio como un ideal. ¿Pero, también la sociedad actual no lo considera un ideal? ¿Cómo, entonces, sería la Iglesia distinta de la sociedad? ¿Podría pretender la Iglesia, por lo tanto, haber podido permanecer fiel a la Palabra de Jesús que, aun en ese entonces, era considerada dura?

¿No fue Su Palabra también considerada en oposición a la cultura y la práctica de Su tiempo, que permitía el divorcio en ciertos casos para adaptarse a la debilidad humana? En la práctica, la indisolubilidad del matrimonio hubiese permanecido apenas como un principio deseable, porque ya no habría sido manifiestamente confesado en la Eucaristía, el lugar verdadero donde las verdades cristianas están siendo confesadas que se relacionan con la vida y que incluyen el testimonio público de la Iglesia.

Qué acusación contra AL llevan implícitas estas palabras, porque fueron provocadas por el hecho de que Francisco ha producido un documento que se presta precisamente a la conclusión desastrosa aunque Muller irónicamente insiste que Francisco de ninguna manera hubiese podido tener esa intención. Pero la revelación de Forte – que, por supuesto, Francisco no negaría – desafía cualquier noble pretensión. AL es lo que es: un desastre sin precedentes en la historia del papado. Totalmente de acuerdo con la palabra ‘apocalíptico’ en el sentido de una remoción del velo, es una remoción del velo que sin duda hallaríamos en el Tercer Secreto de Fátima íntegro. No vale la pena fingir de otra forma.

En respuesta al cual Forte agrega: “Típico de un Jesuita”. El informe de la prensa señala que por eso Forte quería significar que Francisco el Jesuita había demostrado una “sabiduría que permitía la maduración necesaria para alcanzar Amoris Laetitia.” Esa afirmación combina perfectamente con la propia afirmación de Francisco – o más acertadamente, su aviso – al final del Falso Sínodo de 2014: “Ahora tenemos todavía un año más para madurar con verdadero discernimiento espiritual, las ideas propuestas y hallar soluciones concretas a tantas innumerable dificultades y desafíos que las familias tienen que enfrentar”.

Otra vez, Forte no está diciéndonos nada más que no fuese completamente obvio: que el Falso Sínodo fue apenas el vehículo de entrega para lo que Francisco ya había decidido hacer. Lo que es significativo sobre la admisión de Bruno, sin embargo, es su falta de preocupación total de revelar explícitamente al mundo que la “jornada sinodal” había sido un ejercicio de astucia y engaño. Un ejercicio diseñado con el propósito de esconder a los fieles y a los pocos oponentes jerárquicos lo que Francisco tenía en mente desde el inicio de su pontificado cuando alabó con ganas la “teología de misericordia” del Cardenal Kasper desde el balcón de San Pedro durante su primera alocución Ángelus.

En otros términos, Bruno simplemente no se preocupa de si el mundo sabe o no que Francisco ha ido emprendiendo una masiva estafa eclesiástica culminando en un documento que ataca los propios fundamentos de orden moral al reducir la ley natural a una “norma general” y la indisolubilidad del matrimonio a un “ideal”.

De eso se sigue que Francisco tampoco se preocupa, porque por supuesto no habrá otra revelación de Forte, del mismo modo a como no había ninguna negativa de la revelación por aquella mujer argentina a quien Francisco dio permiso por teléfono de recibir la Santa Comunión aunque estaba viviendo en adulterio con un hombre divorciado. Porque Francisco apenas instruyó a la mujer a hacer precisamente lo que ya hubiese planeado permitir a lo largo y ancho de la Iglesia universal – pero sólo en “ciertos casos” (el código Novus Ordo para cada caso en el corto plazo).

La revelación de Forte es significativa para otra razón: Confirma la futilidad completa de pedir a Francisco una “interpretación auténtica” de Amoris Laetitia que reafirme la enseñanza constante de la Iglesia sobre la imposibilidad de admitir adúlteros públicos a los Sacramentos. ¿Por qué sería que Francisco “interpretase” su propio documento de una manera exactamente contraria al objetivo de todas sus intrigas e conspiraciones con tipos como Forte? En la dictadura Bergogliana de la misericordia no se admite ninguna súplica a la justicia.