¿Qué está pasando con Monseñor Ganswein?

por Christopher A. Ferrara
El 30 de mayo de 2016

Durante su reciente presentación del libro Más allá de la crisis en la Iglesia: el pontificado de Benedicto XVI, Monseñor Georg Ganswein, que sirve como secretario personal del “Papa Emérito” Benedicto XVI, inexplicable y misteriosamente ha dado nueva profundidad, y por eso nuevo ímpetu, a la idea insólita de que la renuncia de Benedicto al papado es calificada como una “comprensión diferente” del papado, según la cual Benedicto ha retenido el aspecto “pasivo” del oficio petrino mientras que ha entregado el ejercicio activo a Francisco.

A lo largo de la presentación del libro, Ganswein ha hecho afirmaciones que ciertamente reflejan la comprensión de Benedicto mismo de su situación, incluso el significado preciso del texto de la renuncia, cuidadosamente escrito para referir al “ministerio del Obispo de Roma, sucesor de San Pedro”. Es inconcebible que Ganswein hubiese ofrecido simplemente su propia opinión sobre el asunto sin haber consultado con Benedicto.

Según Ganswein, aunque “no hay dos Papas” como resultado de la renuncia, hay no obstante “una especie de estado excepcional deseado por el cielo” según el cual “el ministerio del papado ya no es lo que era antes…” Sino que, Benedicto “lo ha transformado profunda y permanentemente” de tal modo que “no ha abandonado el oficio de Pedro [sino que] en vez de eso ha innovado este oficio” de una manera que es “de facto un ministerio ampliado – con un miembro activo [Francisco] y un miembro contemplativo [Benedicto]”.

Antonio Socci señala que hay solamente dos conclusiones posibles aquí: una que no tiene sentido y otra que tiene un significado enorme. La primera conclusión, tal y como Socci escribe, es que Benedicto ha creado “una coyuntura crucial que, de hecho, involucra una mutación radical del papado, que hoy ha llegado a ser un órgano colegial (pero esto es imposible según la doctrina católica)”. En verdad, es imposible, y por eso la propia contención es absurda. No importando lo que Benedicto piensa que ha hecho, ningún Papa tiene el poder de cambiar la naturaleza de un oficio establecido en perpetuidad por Dios encarnado. Es decir, ningún Papa tiene el poder de alterar la constitución divina de la Iglesia. Como hasta Juan Pablo II señaló cuando estaba a punto de someterse a una operación quirúrgica importante: “tú tienes que curarme porque no hay sitio para un papa emérito”.

La otra conclusión, dice Socci, es que “este discurso [de Ganswein] resalta la ‘nulidad’ de la renuncia de Benedicto XVI”. En efecto, ¿si la renuncia de Benedicto del papado fue ideada en su opinión errónea para que permaneciera un “miembro contemplativo” del oficio petrino “ampliado” por medio de una innovación que él mismo recién había originado, entonces cómo es que la validez de esa renuncia calificada no podría ser desafiada? ¿No es así que Benedicto todavía se considera a sí mismo como Papa en algún sentido? Y si es así, ¿cómo puede decirse que él ha renunciado al papado inequívocamente?

En efecto, como Ganswein observa: “por esta razón, Benedicto no ha renunciado a su nombre ni a la sotana blanca. A causa de eso, la apelación correcta con que se refiere a sí mismo, hasta hoy, es “Santidad”; y por esta razón, además, no se ha retirado a un monasterio remoto, sino que permanece dentro del Vaticano…”

No ofrezco respuesta alguna a cómo esta novedad total afecta a la renuncia de Benedicto al papado. Es algo que la historia tendrá que juzgar – si en efecto hay algo para juzgar. Ofrezco sólo otra pregunta: ¿Por qué es que Monseñor Ganswein está reiterando este punto ahora, después de tres años del pontificado tumultuoso del Papa Francisco? Ciertamente estas afirmaciones fueron muy bien contempladas de antemano. ¿Entonces qué pasa con Ganswein?

Un indicio se halla en la referencia asombrosa de Ganswein sobre la perfidia que estaba operando en el cónclave de 2005, durante el cual la llamada “mafia de San Gallen”, que incluye los infames Cardenales Danneels y Kasper, tramaron para elegir al Cardenal Bergoglio. Espantosamente, Ganswein refiere a este desarrollo como un simple hecho histórico, observando que el cónclave de 2005 involucró “una lucha dramática entre el partido ‘Sal de la Tierra’ [de orientación Ratzingeriana], revolviendo alrededor de los Cardenales López, Trujíllo, Ruini, Herranz, Rouco Varela y Medina, y el ‘grupo San Gallen’, revolviendo alrededor de los Cardenales Danneels, Martini, Silvestrini y Murphy-O’Connor…”

Después de eso Ganswein hace la conexión entre la lucha en el cónclave y los otros dos hechos reveladores: Primero, la homilía del Cardenal Ratzinger al inicio del cónclave cuando se quejó sobre “la dictadura de relativismo que no reconoce nada como definitivo y ve como medida esencial su propio ser y su propia voluntad”. Segundo, la petición del Papa Benedicto, inmediatamente después de su elección inesperada, de que los fieles rezasen por él para que no “huyese por miedo de los lobos”.

Esto es realmente notable: en todo, las afirmaciones de Ganswein sugieren que el papado de Benedicto estaba bajo el ataque de las fuerzas del mal desde el inicio hasta el final. Lo deja claro cuando se burla de la idea de que cualquier cosa tan trivial como “Vatileaks” hubiese forzado a Benedicto fuera del oficio Petrino: “Aquel escándalo fue demasiado pequeño para una cosa de este tipo y algo mucho más grande [ha provocado] el paso cuidadosamente contemplado, de importancia histórica milenaria, que Benedicto ha tomado”.

Haced con esto lo que queráis. Pero no subestimad el significado de las afirmaciones de Ganswein en el medio de lo que es claramente el papado más perturbador de la memoria viva de la Iglesia: El del sucesor de Benedicto tras su renuncia bajo circunstancias misteriosas y sin precedentes.