Un Atanasio para nuestro tiempo actual

por Christopher A. Ferrara
El 6 de junio de 2016

El 26 de mayo de 2016, Mon. Athanasius Schneider me ha hecho el honor de permitir que publique su respuesta a mi carta abierta a su Excelencia sobre el escándalo de Amoris Laetitia, con su apertura descarada a la admisión de adúlteros públicos (los divorciados y “re-casados”) a la Confesión y Sagrada Comunión, sin enmienda de vida, pisando de esta manera las palabras de Nuestro Señor Mismo y las enseñanzas contrarias a las del predecesor de Francisco, Juan Pablo II.

La respuesta del obispo demuestra otra vez lo que ya era aparente: que su nombre no es una coincidencia sino una señal providencial de que tenemos en él lo que la Iglesia tan desesperadamente necesita a mediados de esta histórica crisis dentro de una crisis representada por el pontificado actual.

Como San Atanasio de Alejandría durante la Crisis Arriana del Siglo IV, Mon. Athanasius de Kazajstán es casi el único entre la jerarquía en alzar su voz contra la onda de desorientación diabólica que está asolando a la Iglesia actualmente. No es que todos los obispos de la Iglesia, menos él, sean víctimas de esta desorientación, sino que es el único que tiene la voluntad de afirmar públicamente sin equívocos lo que está en juego. Como escribe en su graciosa respuesta noblemente condescendiente a una carta de un mero laico:

Estoy de acuerdo con sus observaciones con respecto a aquellas expresiones en AL (“Amoris Laetitia”), y especialmente en el capítulo 8, que son sumamente ambiguas y engañosas. Empleando nuestro juicio y respectando el sentido proprio de las palabras, algunas expresiones en AL difícilmente pueden interpretarse según la santa Tradición inmutable de la Iglesia…
Lo que está en juego son las consecuencias naturales y lógicas de las expresiones ambiguas de AL. Efectivamente, contienen un verdadero peligro espiritual, que causará confusión doctrinal, un esparcimiento rápido y fácil de doctrinas heterodoxas relativas al matrimonio y la ley moral, y también la adopción y consolidación de la práctica de admitir los divorciados y re-casados a la Sagrada Comunión, una práctica que trivializará y profanará de un solo golpe tres sacramentos: los del Matrimonio, de la Penitencia, y de la Santísima Eucaristía….

Ojalá que 100 obispos hablasen de esta manera; si lo hiciesen apenas una docena de cardenales mucho del daño que este pontificado ha causado ya estaría deshecho, y los fieles estarían armados contra el “peligro espiritual” en el que Francisco les ha puesto.

A propósito de la autoridad de Francisco para hacer lo que claramente desea hacer, todos los obispos de la Iglesia deben emitir una declaración haciendo eco de lo que Mon. Athanasius ha escrito en su respuesta:

En estos tiempos tenebrosos, en que Nuestro Querido Señor parece está dormido en la barca de Su Santa Iglesia, todos los católicos, desde los obispos hasta los fieles más simples, que aún toman en serio sus promesas bautismales, deben con una sola voz hacer una profesión de fe, enunciando concreta y claramente todas aquellas verdades católicas, que están siendo socavadas o ambiguamente desfiguradas en algunas expresiones de Al. Sería un tipo de “Credo” del pueblo de Dios. AL es claramente un documento pastoral (es decir, por su naturaleza es de carácter temporal) y no tiene ninguna demanda de ser definitivo.
Tenemos que evitar “hacer infalibles” cada palabra y gesto de un Papa actual. Es contrario a la enseñanza de Jesús y a toda la Tradición de la Iglesia. Tal totalitaria comprensión y aplicación de la infalibilidad pontificia no es católica sino fundamentalmente mundana, como una dictadura; está en contra del espíritu del Evangelio y de los Padres de la Iglesia.

Como Arzobispo Lefebvre antes de él – cuya resistencia concienzuda contra los cambios ruinosos en la Iglesia, que algún día le merecerá su canonización – Mons. Athanasius Schneider es un Atanasio para nuestro tiempo actual. Ojalá que todos los obispos emulasen su ejemplo valiente para que la crisis en la Iglesia fuese terminada sin el castigo que ahora parece inevitable.

La última palabra debería pertenecer al Obispo mismo: “Estoy convencido que en tiempos futuros los Papas agradecerán que hubiesen habido voces inquietas de algunos obispos, teólogos y laicos en tiempo de gran confusión. Vivamos por el bien de la verdad y de la eternidad, ¡‘pro veritate et aeternitate’”!