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Perspectivas Sobre Fátima

Tomas de poder ominosas – II Parte

El Vaticano pone barreras en el camino
de las nuevas órdenes tradicionales diocesanas

por Christopher A. Ferrara
El 10 de junio de 2016

En mi última columna sobre este tema discutí la nueva carta apostólica cuyo lenguaje es bastante amplio para justificar la remoción inmediata por el Vaticano de cualquier obispo del cual se determine que es “divisivo” – es decir, demasiado conservador. En apoyo a mi sospecha, cité al grupo de obispos conservadores cuya remoción desde marzo de 2014 Francisco ha ordenado, mientras que prelados progresistas a lo largo y ancho del mundo quedan ilesos y hasta son honrados y promocionados (como por ejemplo, el infame nombramiento del Cardenal Danneels para el desastroso “Sínodo sobre la Familia”).

Otro curso de acción del Vaticano, que ha tomado efecto el 1 de junio, que tiene el mismo potencial para ayudar en el proceso de convertir a la Iglesia en una república bananera cuyo ambiente es favorable a tipos como el Cardenal Kasper, “el teólogo del Papa”, y otros amigos de Francisco, pero que es venenoso para disidentes conservadores contra el programa del “Dios de las sorpresas” y “del Espíritu”.”

Estoy refiriendo a un rescripto de la Congregación para los Institutos de la Vida Consagrada y las Sociedades de la Vida Apostólica, que propone “aclarar” Canon 579 el Código de la Ley Canónica de 1983. En efecto, el rescrito altera radicalmente el Canon por disponer que, debida a la necesidad alegada de “evitar que nuevos institutos sean edificados a nivel diocesano sin el discernimiento suficiente que confirme la originalidad del carisma”, ningún obispo puede fundar una sociedad de la Vida Consagrada en su diócesis sin “consulta previa con la Santa Sede”, y que esta consulta debe ser comprendida como necesaria ad validitatem [para la propia validad] de la fundación de un Instituto Diocesano de la Vida Consagrada, bajo pena de nulidad del mismo Decreto de Fundación del Instituto”.

Traducción: ningún obispo puede fundar alguna sociedad diocesana de la Vida Consagrada según el poder que posee, a menos que la burocracia vaticana diga que está permitida. La anterior “consulta” previa que era necesaria bajo el Canon original ahora ha sido convertida, en efecto, a un permiso previo por la imposición de nulidad en ausencia de una consulta. El Vaticano apenas necesita retener una respuesta a la petición de consulta para vetar la fundación de cualquier sociedad diocesana de la Vida Consagrada que la burocracia vaticana, infestada por los secuaces modernistas de Francisco, no quiere.

Fijados la advertencia: bajo el restricto, el Vaticano debería asegurarse de “la originalidad del carisma” – significando que la nueva sociedad tiene que ser suficientemente insólita en vez de ser aborrecidamente tradicional.  Novedad es lo que el régimen de novedad ha exigido desde Vaticano II.

Estoy de acuerdo con el análisis de Rorate Caeli:

Si este hubiese sido el caso en el pasado, muchos de los institutos y congregaciones católicas y tradicionales establecidas inicialmente como fundaciones diocesanas nunca habrían visto la luz del día… Es la centralización (y burocraciación) de una parte muy importante de la vida diocesana, una herida grave a la anatomía de las Iglesias Particulares para averiguar las necesidades de sus propias vidas espirituales. El Vaticano ha afirmado que no es un “permiso”, sino apenas una “consulta”... Esto puede convencer a los ingenuos, pero cualquier persona que una vez ha tenido contacto con un sofocante aparato de burocracia sabe que la intención aquí es promover la centralización en un área que siempre ha sido bajo la gran autonomía de cada Ordinario individual, que tiene por sí mismo “la autoridad divinamente conferida”.

Francisco habla el lenguaje de colegialidad y descentralización en la Iglesia, como en Evangellii Gaudium donde pide “la realización concreta del espíritu colegial”. Pero anda el camino de un dictador en el proceso de consolidar su control sobre todos los aspectos de la vida de la Iglesia en un esfuerzo de reconstruirla según su visión personal, elaborada en el mismo documento: “Sueño de una ‘opción misionera’, es decir, un impulso misionero capaz de transformar todo, de tal modo que las costumbres de la Iglesia, modos de actuar, tiempos y horarios, lenguaje y estructuras pueden ser adecuadamente canalizadas a la evangelización del mundo de hoy, en lugar de su auto-conservación”.

Sí, tenemos un Papa que piensa que hay una oposición en la Iglesia entre la evangelización y la auto-conservación. Y cada paso que toma tiende demostrar que está poco interesado en la conservación de la integridad de la fe y de la moral a diferencia de hacer cualquier cosa que quiera, según su “sueño” de lo que la Iglesia debería ser.

Qué Dios libre a Su Santa Iglesia de la tempestad creciente de este pontificado. ¡Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros!




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