Alabanzas para el Dr. Mirus

por Christopher A. Ferrara
el 16 de junio de 2016

El punto de vista “tradicionalista” o “Fatimista” sobre el “régimen de novedad” pos-conciliar de la Iglesia Católica nunca se ha tenido que ver con la controversia debido a un resentimiento perene; ni utiliza a personalidades, agravios u otros motivos que alimenten la polémica simplemente por polemizar. Sino que el ataque tradicionalista frente la crisis actual de la Iglesia ha consistido esencialmente en una exposición estudiada y bien-documentada de lo que es obvio: que la trayectoria que ha emprendido el elemento humano de la Iglesia en nombre del Vaticano II ha sido siempre descendente, dando lugar a consecuencias cada vez más extrañas y aterradoras.

Durante décadas el establecido comentarista católico, que ha evolucionado desde la prensa y las revistas hasta Internet y la blogosfera, se ha obstinado en negar lo que es obvio por tratar de defender decisiones totalmente desastrosas de las autoridades eclesiásticas, desde el Papa hacia abajo, que no han producido sino lo que el anterior Cardenal Ratzinger llamóun proceso continuo de decaimiento que en su mayoría ha sucedido con base en apelaciones al Concilio, y por eso el Concilio ha sido puesto en duda ante los ojos de mucha gente”.

Pero todo esto ha cambiado con la ascensión a la Silla de San Pedro del Cardenal Bergoglio. Porque Francisco, con toda temeridad, está mostrando a la Iglesia – mientras el mundo aplaude – lo que está al final de la trayectoria de los últimos cincuenta años: la disolución de la Fe misma, si fuere eso posible. Hoy, un número de católicos siempre creciente y que pertenecían a las masas “normalistas”, plantean objeciones contra el demagógico asalto continuo hacia los “rigoristas”, es decir, los católicos que se mantienen firmes a la enseñanza y disciplina de la Iglesia, en especial, en el área de la moral sexual.

Por ejemplo, con respecto a Amoris Laetitia, la “exhortación apostólica” escrita por una persona anónima, el amigo disparatado del Papa, El Arzobispo Fernández, autor de “Heal me with your mouth: the art of kissing”, (Sáname con tu boca, el arte de besar), leemos el titular siguiente en LifeSiteNews: “Prominentes eruditos católicos dicen que la exhortación del Papa presenta un peligro para la Iglesia”.

Nunca hemos visto, desde estos últimos cincuenta años – realmente, nunca en la historia de la Iglesia – una tal efusión de preocupación, por parte de los laicos, sobre la heterodoxia de un documento pontificio. Este desarrollo impresionante consta de la controversia sobre Humanae Vitae en orden inverso: ¡el Papa se aparta de la enseñanza de la Iglesia en el ámbito de la moral sexual, mientras el laicado la defiende!

En ningún otro sentido ha sido este cambio radical más impresionante, en el campo del periodismo católico, que en el caso de Dr. Jeffrey Mirus, jefe del totalmente amparado punto de vista de uno de los principales medios de comunicación: CatholicCulture.org y también, crítico constante, a lo largo de los años, de los tradicionalistas. En un sermón reciente, aludiendo a Francisco en el tema del Capítulo 8 de Amoris, el Papa declaró: “Jesús siempre sabe cómo acompañarnos y nos da el ideal, nos acompaña hacia el ideal, nos libra de las cadenas de la rigidez de las leyes y nos dice: ‘Pero haz esto hasta el punto que te sea posible’”.

Eso fue la última gota que colmó el vaso para el Mirus. Claramente asqueado, publicó un artículo titulado “Sobre decir la verdad: ¿Es la confusión el principal ‘efecto Francisco’?” En el artículo leemos:

Es completamente falso pretender que Nuestro Señor nos enseña que está perfectamente bien rehusar aceptar la verdad o rehusar vivir de acuerdo con ella. Es también necesario subrayar con el más grande énfasis posible, que Jesús nunca se refirió a “El Camino, La Verdad y La Vida” como un ideal ….[énfasis en el original]

Hemos sabido durante generaciones que un gran número de líderes católicos está en simpatía con los modos de pensamiento que producen tal deformidad. La orden religiosa masculina que más abiertamente representa esta simpatía es los Jesuitas. No obstante, es triste ver lo que es esencialmente una forma de acomodación y comodidad mundanas demostrada tan claramente en las tendencias personales de un hombre que se ha hecho un Sucesor de Pedro.

Dándole aun el beneficio de la duda, hay aquí una pauta recurrente que nos obliga a admitir que el Papa Francisco comparte algunas de las desdichadas tendencias personales de los nuevos Fariseos…

Cuando un laico con un cargo tan significativo como el del Dr. Mirus se siente obligado caracterizar al Papa reinante públicamente como uno de los “nuevos Fariseos”, se hace obvio que la crisis eclesial ha alcanzado una nueva etapa – una etapa de tanta severidad que no puede continuar mucho tiempo más sin que una resolución drástica suceda, y sin duda será impuesta por Dios.

No es el momento para relamerse. No podía haber sido fácil para el Dr. Mirus escribir lo que escribió. Debe ser alabado por esto – no apenas en sentido personal, sino porque su ejemplo de franqueza animará a otros que saben la verdad, a levantar también la voz. Y es esencial ahora. Mientras la jerarquía permanece casi totalmente callada frente a este pontificado desastroso, vemos la misma inversión de papeles hoy que era evidente en los tiempos de la herejía arriana del Siglo IV. Para citar las famosas líneas a este respecto del Cardenal Newman:

[E]l cuerpo del episcopado fue infiel a su comisión, mientras que el cuerpo del laicado fue fiel a su bautismo; que una vez el Papa, otras veces el Patriarca, el Metropolitano y otras grandes sedes, otras veces Concilios generales, dijeron lo que no deberían haber dicho o hicieron lo que obscureció y transigieron la verdad revelada; mientras, por otra parte, fue el Pueblo cristiano el que, bajo la Santa Providencia, llegó a ser la fuerza eclesiástica de Atanasio, Hilario, Eusebius de Vercellae, y otros grandes confesores solitarios, que, sin él, hubiesen desfallecido.

La justicia requiere que sea dado honor donde se merece, mientras que la caridad ordena enterrar las contenciones pasadas. Por eso, instaría a mis católicos correligionarios agradecer al Dr. Mirus por su testimonio de la verdad de nuestra situación.

¡Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros!