Desastre en Letrán – I Parte

por Christopher A. Ferrara
el 20 de junio de 2016

Parece que el Papa Francisco está determinado a ser cada vez más provocador cada semana que pasa, como para revelar niveles cada vez más profundos de lo que aparece ser el desdén constitucional hacia la supuesta “rigidez” del catolicismo ortodoxo por parte de un liberal jesuita latinoamericano de la era de los años 70.

Todo el mundo sabe ya, que el 14 de junio, durante uno de sus prolijos y confusos comentarios de costumbre, esta vez en una “conferencia pastoral” en Letrán de San Juan, Francisco declaró que “la gran mayoría de los matrimonios sacramentales son nulos” porque los esposos “no saben lo que dicen” cuando dicen “Sí, para toda la vida”. También lanzó la bomba de que en su opinión las parejas en el campo del noreste de Argentina que cohabitan debido a los miedos supersticiosos del marido sobre los votos matrimoniales, evitando las nupcias católicas hasta que son abuelos, tienen “un verdadero matrimonio, tienen la gracia precisamente del matrimonio, a causa de la fidelidad que mantienen”.

En otras palabras, según Francisco, es literalmente cierto que entre católicos la gran mayoría de los matrimonios no son en verdad matrimonios, mientras que muchas uniones ilegitimas que no son matrimonios, sí lo son. Con estas afirmaciones, Francisco simultáneamente mina la confianza en el Santo Matrimonio mientras hace legítimas las relaciones impías que la Iglesia, siguiendo a Nuestro Señor Mismo, puede apenas ver cómo adulterio o simple fornicación. La frenética “corrección” después de la conferencia de la transcripción de las afirmaciones de Francisco cambia “gran mayoría” a “una parte”, pero deja sin cambio la aserción muy disparatada y asombrosa de que parejas cohabitando con miedo de casarse tienen un “matrimonio verdadero”.

Cambiando la transcripción de este particular estallido de la heterodoxia, no cambia lo que Francisco realmente cree. Porque como declaró sin corrección en septiembre de 2015, durante el vuelo de regreso a Roma de la “Misa-fiesta en la playa” en Río de Janeiro (citando a su predecesor el Arzobispo de Buenos Aires, el Cardenal Quarracino): “la mitad de todos los matrimonios son nulos… ¿Por qué? Porque se han casado sin madurez, se casan sin darse cuenta de que es para una vida entera, o se casan porque socialmente deben casarse”. Eso es lo que Francisco realmente piensa.

En mi última columna alabé al Dr. Jeffrey Mirus por tener la honestidad intelectual de protestar contra el “sermón oído a lo largo y ancho del mundo” el 9 de junio, en el que Francisco, provocando todavía otra tormenta de controversia, falsamente pinta la enseñanza de Nuestro Señor sobre la moral sexual de esta forma: “Pero haz eso hasta el punto que seas capaz”. Esta semana, en vista del desastre en Letrán, otros comentadores católicos del “corriente principal” han alcanzado su límite. Philip Lawler, por ejemplo, ya no tiene la voluntad de disculpar el escándalo en marcha de este pontificado. Sin dejar de impresionarse por la “corrección” de emergencia de algunas de las afirmaciones de Francisco, escribe:

¿“Debemos concluir, entonces, que todo está bien, y que no se ha hecho ningún daño? ¡Que no! Primero, porque aquellas afirmaciones chocantes fueron ampliamente esparcidas a través de los medios de comunicación, para ser escuchadas o leídas por millones de personas que nunca verán la transcripción oficial.
“Segundo, las afirmaciones del Papa fueron consistentes en su tono – un tono que alienta a los oyentes a cuestionar la autoridad de las enseñanzas eclesiales…
“Tercero, y lo más importante, esta pauta continúa repitiéndose: las afirmaciones asombrosas, los titulares, la confusión, seguidos por las explicaciones y aclaraciones que nunca limpian el daño. ¿Cuándo será que el Papa Francisco se dé cuenta – cuándo será que otros prelados se lo aclaren a él –de cuánto daño hace con estas afirmaciones espontáneas?”

Más mordaz todavía es el comentario por el canonista renombrado Dr. Edward Peters. Francisco, escribe él, ha provocado

“Una crisis (en el sentido griego de esa palabra) sobre al matrimonio... Adivino, que llegará al punto culminante sobre la disciplina y ley matrimonial...Pienso que la crisis sobre el matrimonio que él está ocasionando llegará a reducirse a si la enseñanza eclesial sobre el matrimonio, que todo el mundo profesa honrar, fuese concreta y efectivamente protegida por la ley eclesiástica, ó, si las categorías canónicas que tratan la doctrina sobre el matrimonio llegasen a ser tan torcidas (o simplemente hechas caso omiso) para esencialmente abandonar el matrimonio y la vida matrimonial al ámbito de una opinión personal y la conciencia individual”.

Que análisis devastador por parte de un comentador generalmente reservado. Claramente, la crisis eclesial ha entrado en una nueva fase de intensificación en el que cualquier persona con buena voluntad puede ver que algo va muy mal.

Peters correctamente discierne que las afirmaciones del Papa en Letrán no son apenas un lapsus linguae, sino que forman parte de una pauta de algo “más profundo” que está emergiendo. Aquella cosa más profunda, adivina él, es una inclinación a reducir la institución del matrimonio a un asunto de “opinión personal y conciencia individual” en vez de un estado objetivo que o existe o no existe.

Pero yo diría que el problema que está emergiendo es más profundo aún: tenemos a un Papa que está convencido de que en todos los asuntos, no sólo el matrimonio, la Iglesia debe ser conformada a la manera en que él piensa que las cosas deben ser, no importando en nada la enseñanza y disciplina anterior. En Evangelli gaudium nos dijo esencialmente eso: “Sueño de una ‘opción misionera’, es decir, un impulso misionero capaz de transformarlo todo, de tal modo que las costumbres de la Iglesia, modos de actuar, tiempos y horarios, lenguaje y estructuras pueden ser adecuadamente canalizadas a la evangelización del mundo de hoy, en lugar de su auto-conservación”.

Francisco está literalmente viviendo su sueño; y para la Iglesia el sueño ha llegado a ser una pesadilla, como cada vez más católicos están empezando a realizar. En mi próxima columna, examinaré más aproximadamente las implicaciones devastadoras de la opinión de Francisco sobre el Santo Matrimonio.