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Perspectivas Sobre Fátima

Desastre en Letrán – III Parte

por Christopher A. Ferrara
el 27 de junio de 2016

En mis dos columnas anteriores acerca del “Desastre en Letrán”, discutía el escándalo de la bomba improvisada más reciente del Papa: en su opinión “la gran mayoría de nuestros matrimonios sacramentales son nulos” mientras que parejas en el campo del noreste de Argentina que cohabitan debido al miedo supersticioso del marido hacia los votos matrimoniales, evitando las nupcias católicas hasta que son abuelos, tienen “un verdadero matrimonio, tienen la gracia precisamente del matrimonio, a causa de la fidelidad que mantienen”.

Señalé también que el Vaticano ha revisado las afirmaciones del Papa en cuanto a la alegada nulidad de matrimonios, alterando en el “transcrito oficial” la frase “gran mayoría de nuestros matrimonios sacramentales” para leer “una parte de nuestros matrimonios sacramentales” o simplemente “algunos de nuestros matrimonios sacramentales”.  El Padre Z con acierto hace mofa de la idea que tenemos ahora acerca de las “afirmaciones improvisadas oficiales” que se siguen de las afirmaciones improvisadas no oficiales.

Además de eso, sin embargo, lo que queda sin corregir en las “afirmaciones improvisadas oficiales” es la declaración aún más explosiva de que parejas que cohabitan a causa del miedo al matrimonio pueden no obstante tener “un verdadero matrimonio” y la “gracia del matrimonio” a causa de su “fidelidad”. Esto, por supuesto, es un disparate puro y total, contrario a la ley natural y divina, y a toda la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y las relaciones sexuales fuera del matrimonio durante los 2000 años antes de que Francisco llegase de Argentina. Para tal, no es necesaria ninguna demostración.

Lo que, sí, merece comentario, sin embargo, es el disparate adicional escondido dentro de la sinrazón de esta afirmación. Ahora, si parejas que cohabitan porque desean evitar los votos matrimoniales pueden tener un “matrimonio verdadero” apenas porque muestran “fidelidad” a sus copartícipes en el pecado, entonces ¿qué pasa con todas las parejas de las que Francisco pretende que no están casadas aun cuando han hecho votos? ¿No es el caso que muchas de estas mismas parejas, a pesar de que Francisco suponga que son un matrimonio nulo, también viven juntos, demostrando fidelidad uno al otro, teniendo hijos, haciendo vida en común?

La propia opinión de Francisco, por lo tanto, es que estas parejas supuestamente inválidamente casadas podrían tener también un verdadero matrimonio y la gracia del matrimonio incluso si mediante votos hubiesen celebrado el Santo Matrimonio como tal. Porque, después de todo, cohabitan fielmente. Sin embargo, lo cual es revelador, él no hace ninguna concesión hacia ellos, sino simplemente declara que sus matrimonios son nulos.

Así, según Francisco, las personas que cohabitan a la vez que evitan hacer votos tienen la gracia del matrimonio, mientras que las personas que hacen votos sin supuestamente haber comprendido los votos no tienen tal gracia, que significaría que la cohabitación “fiel” sin votos matrimoniales es una condición espiritualmente superior a la cohabitación fiel con tales votos.

Hay algo de diabólico aquí, si Francisco subjetivamente tiene la intención de afirmarlo o no: hay una inversión de la verdad, la verdad al revés, reflejando una antipatía implícita hacia el propio concepto del Santo Matrimonio. No es de extrañar, como el Padre Z informa, siguiendo el desastre en Letrán que hasta el Padre George David Byers, uno de los “misioneros de la misericordia” de Francisco mismo, ha convocado una campaña coordinada de oración para proteger a Francisco de “ataques diabólicos.

Cuando un Papa continuamente afirma disparates ultrajantemente heterodoxos, poniéndose aparte de todos sus antecesores en la historia entera del papado, incluso de Papas cuyo comportamiento moral personal era aberrante, la frase “ataque diabólico” no es un melodrama, sino simplemente realidad. ¡Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros! Y por el Papa. Que “una vez convertido” abandone su rumbo actual y “confirma a tus hermanos” (Lc. 22:32) en vez de conducirlos a la confusión y confirmarlos en sus pecados.




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