Jornada Mundial de la Juventud 2016:

Pan y juegos de circo para el

decadente Imperio Novus Ordo

por Christopher A. Ferrara
el 27 de julio de 2016

Cuando el lector verá esta columna, ya la Jornada Mundial de la Juventud 2016 habrá comenzado en Cracovia. Otra JMJ, otra colosal pérdida de tiempo y de recursos por parte de un Pontífice que se dice es sensible para con la ecología, pero que gastará decenas de millones de dólares de los ahorros de San Pedro en la enorme “huella de carbón” de esta fiesta jet-set perfectamente inútil. Movilización tan festiva tiene que tener sus divertimentos, que incluyen campamentos mixtos y música rock estridente. Habrá también, evidentemente, la “Misa Papal” repleta de “música sacra” sin faltar una partitura pop (con guitarra eléctrica y batería) y sus vanidosos intérpretes con gestos afectados, ante las cámaras y con sus descontrolados vibratos. (Véase, por ejemplo, el informe de John Vennari sobre la JMJ de 2013.)

Ninguna JMJ estaría completa sin idolatrarse frenéticamente la persona del Papa – la quintaesencia de la celebridad. Y Francisco lo empapará, tal como lo había hecho Juan Pablo II, su antecesor. En verdad, fue el Juan Pablo II quien inventó el “Woodstock católico”. Me recuerdo ahora de la descripción del modo cómo Juan Pablo II reaccionó a la muchedumbre en la Jornada Mundial de la Juventud de 2000 y que cité en The Great Façade (pág. 289), hace unos trece años ya:

Cuando el Papa Juan Pablo II miraba aquella vasta multitud de jóvenes alegres, al oír sus gritos de ¡“Viva il Papa”! y ¡“Giovanni Paulo”! y hasta ¡“JPII, we love you”! resonando en el aire – en todas partes en que se reunieron alrededor del Santo Padre – no es sorprendente que él hubiese limpiado lágrimas de los ojos, oscilado con los jóvenes que cantaron, agitado los brazos en el aire, y dejado aparecer una enorme sonrisa, incontables veces. Es que él podría ver allí, ante sus ojos, el cumplimiento de las palabras del Concilio Vaticano II a los jóvenes, en su florecimiento y en crecimiento [desde la primera Jornada Mundial de la Juventud, ya hace unos 15 años].

Lo que escribí entonces aplica con igual fuerza hoy: “Un transbordar efémero de un irreprimible sentimiento de las masas viniendo de una clamorosa muchedumbre es ‘el cumplimiento de las palabras del Concilio Vaticano II’. La multitud oscila. El Papa oscila con ellos. Todo está en orden. El fenómeno de los sentimientos es el triunfo del Concilio Vaticano II. Toda la evidencia empírica de la situación actual de la Iglesia es hecha caso omiso a favor de este evento fenomenal”.

La expresión “Pan y juegos de Circo” – Panem et Circenses – fue creada por el poeta Juvenal que escribía sus sátiras en el Siglo. I d.C., cuando el Imperio Romano, aparentemente en su apogeo, ya estaba podre por dentro: “el Pueblo ha abdicado de sus deberes; porque aquel Pueblo que una vez había realizado grandes emprendimientos militares, ocupado altos cargos civiles, formado legiones – todo ahora le era como indiferente y, lleno de ansiedad, pone toda su esperanza sólo en dos cosas: pan y juegos de circo”. Los eventos de la JMJ y de otras Misas Papales son el pan y los juegos de circo del Imperio Novus Ordo en colapso – distracciones que esconden la realidad subyacente de la decadencia.

El “espíritu del Concilio Vaticano II” supuestamente manifiesto en la Jornada Mundial de la Juventud, en verdad, no es otra cosa sino el delirio de grandeza que antecede una gran caída. Es un delirio en la forma de aquello que la imaginaria “renovación” de la Iglesia realmente implica: el triunfo del amor a la novedad sobre la fervorosa conservación de la Tradición, del sentimentalismo sobre la recta razón, del mero entusiasmo sobre la piedad sobria, de la tolerancia sin límites sobre la intolerancia divina al pecado y al error, del profano sobre el sagrado en el culto, y ahora, con Francisco, de la falsa “misericordia” sobre la Verdad que nos liberta.

Bien podéis llorar sobre aquello en que los delirantes líderes de la Iglesia la han transformado. Pero alegrados también con la certidumbre de que Ella será por fin libertada de sus manos. Recibid consuelo con las inmortales palabras de San Atanasio de un tiempo (durante la Herejía Arriana del Siglo IV) en que casi toda la Iglesia, desde el Papa y por allí abajo, estaba semejantemente afectada por una transitoria locura:

¡Qué Dios os consuele! Lo que os entristece…es el hecho de que otros han ocupado las Iglesias por la violencia, mientras vosotros, durante ese tiempo, habéis quedado fuera. ¡Ellos tienen las premisas, es un hecho – pero vosotros tenéis la Fe Apostólica!
Y sois los bienaventurados que, por vuestra Fe, permanecisteis en el seno de la Iglesia, que mantuvisteis con firmeza a los fundamentos de la Fe que nos fue transmitida a través de la Tradición Apostólica. Y si alguna envidia execrable ha intentado por diversas veces sacudir esa Fe, no ha conseguido hacerlo. Son ellos que se separaron de Ella en la crisis presente. Nadie, amados Hermanos, en tiempo alguno, prevalecerá contra vuestra Fe. Y tenemos Fe en que Dios, un día, nos volverá a dar a nuestras Iglesias.

El triunfo del Inmaculado Corazón de Nuestra Señora significará la caída del Imperio Novus Ordo de las novedades inútiles. Son ya evidentes las señales de un colapso final, y su fin no puede tardar si bien muchos de nosotros no fueren vivos para atestiguarlo…