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Perspectivas Sobre Fátima

Una respuesta a Joanna Bogle con respecto
al Tercer Secreto de Fátima

I Parte:
Lo políticamente correcto Post-conciliar versus
la verdad sobre Fátima

por Christopher A. Ferrara
el 1 de agosto de 2016

La respectada periodista católica inglesa Joanna Bogle es una mujer inteligente y escritora de éxito cuya objetividad en cuanto a la crisis en la Iglesia, sin embargo, es estorbada por un compromiso ideológico a lo políticamente correcto post-conciliar. Una defensora incansable de cualquier cosa que el “régimen de novedad” oficialmente haya aprobado, aunque las “reformas” post-conciliares no hayan producido otra cosa sino decadencia y corrupción en la Iglesia, el punto de vista estrecho de miras de Bogle de la situación eclesial no le deja reconocer la seriedad de las objeciones tradicionales a lo que el Cardenal Ratzinger tan acertadamente describió como “un progreso continuo de la decadencia” desde el Concilio. Su respuesta a estas objeciones es aquella de un ideólogo: demagogia y asesinato de carácter.  

En vez de abordar a los tradicionalistas según los méritos de sus contenciones, Bogle hace caricaturas de lo que están diciendo de tal manera que es como provocar un coro de silbidos y abucheos en las gradas ante de las cuales se pavonea indignantemente de aquí para allí, exhortando al temor y al odio a sus lectores en el Catholic Herald y en otra parte. Estoy seguro de que ella y sus seguidores piensan que este abordaje es emocionalmente agradable, pero no alcanza a cumplir de ninguna manera los patrones del discurso racional, y menos aún, del discurso racional católico. Cuando trata sobre las posiciones mantenidas por los comentaristas tradicionalistas sobre el estado de la Iglesia hoy y las razones para tal, la Bogle de otra manera sobria, se muestra apenas como una bruja literaria.

Y así es con su abordaje en la contención tradicionalista de que el Vaticano no haya sido completamente honesto en cuanto a la publicación del Tercer Secreto de Fátima y de que debería haber un texto en el que la Virgen Misma explicase el significado de la visión publicada el 26 de junio del 2000, donde vemos a un futuro Papa, miembros de la jerarquía y laicado siendo ejecutados por soldados en la cumbre de una montaña fuera de una ciudad arruinada y llena de cadáveres.

No apenas tradicionalistas sino católicos de todo el mundo opinan indigna de creer la contención del Vaticano que la visión por si sola es todo lo que hay del Tercer Secreto y que para su “interpretación” debemos referirnos al anterior Secretario estatal del Vaticano Cardenal Angelo Sodano cuya “interpretación” de la visión es citada no menos que cuatro veces en el comentario “oficial” pero no-vinculante del Vaticano. Según Sodano – el Secreto trata de nada más que los acontecimientos del Siglo XX que culminaron con el atentado no exitoso de 1981 contra la vida de Juan Pablo II. Un Papa escapando de la muerte de las manos de un asesino solitario en 1981 de ninguna manera puede corresponder a la visión de un Papa siendo ejecutado junto con clérigos y laicos en la cumbre de una montaña fuera de una ciudad asolada. La “interpretación” de Sodano es una treta torpe que se muestra como una tentativa de obscurecer la verdad en vez de revelarla.

Para Bogle, sin embargo, todo es muy simple. Debemos dar crédito a Sodano. La idea de que la Madre de Dios Misma debería haber explicado la visión es apenas la fantasía febril de algunos chiflados que debe ser ridiculizada y vilipendiada. En modo enteramente de caricatura, ella escribe en el Catholic Herald que los “Fatimistas” contienden que “San Juan Pablo II y el entonces Cardenal Joseph Ratzinger mintieron en 2000 cuando el Tercer Secreto se publicó”, que ellos son “caracteres siniestros” y que el “Papa Emérito” Benedicto XVI es “un prisionero en realidad, un doble es a veces presentado en su lugar al público; ha sido hipnotizado; está realmente ahora hablando en una especia de código; están colocando drogas en su té”.

Por favor. Bogle es o profundamente ignorante sobre este tema o plenamente deshonesta en su discusión sobre él. Ninguna de las fuentes sobre esta controversia serias y cuidadosamente investigadas plantean tales contenciones tan risibles. Un sumario breve y necesariamente parcial de las pruebas, más ampliamente resumida aquí y aquí es por lo tanto preciso como una contestación a la tosca propaganda de Bogle. Eso será el tema de las próximas dos columnas de esta serie.

Al inicio, sin embargo, debe decirse que la explicación más probable de la supresión del texto explicativo no es que Juan Pablo y Benedicto “mintieron”. De hecho, nunca hicieron interpretación positiva alguna sobre el asunto y nunca impusieron sobre la Iglesia la absurda “interpretación” de Sodano. Mejor dicho, tal como mantiene el comentarista público católico e intelectual António Socci, los dos Papas se consideraron a sí mismos gobernados por un juicio prudencial hecho durante el pontificado de Juan XXIII: que el texto suprimido no puede ser una revelación autentica de la Virgen y que apenas representa las impresiones personales de Sor Lucía.

En realidad, el comentario del Vaticano sobre la visión sospechosamente evitó la Cuarta Memoria más completa de Sor Lucía que presenta el Mensaje de Fátima integro. Allá leemos lo que parece ser el inicio de la explicación de la Santísima Virgen sobre la visión: “En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe, etc.” Sor Lucía añadió el “etc.” para indicar las palabras subsecuentes de la Virgen cuanto a lo que sería lógicamente una profecía de una grave crisis dogmática en la Iglesia fuera de Portugal.

En una tentativa descarada de evitar las implicaciones profundas de la referencia de la Santísima Virgen a Portugal y al dogma de la Fe, el Vaticano se refirió a la Tercera Memoria en vez de la más completa Cuarta Memoria, repudiando la referencia como algo añadido a la Cuarta Memoria y consignando las palabras de la Virgen a una nota al pie de página. Allí lo tenemos: las palabras de la Virgen Misma, obviamente continuando su profecía, son reducidas a una “añadidura” considerada extrínseca al Secreto. Por eso no se necesitan publicar.

En las próximas dos columnas indicaré algunos de los fundamentos principales que nos hacen llegar a la conclusión razonable, sostenida por católicos bien-informados, de que la “añadidura” de Sor Lucía pertenece a un suprimido texto explicativo que debe existir, en el que la Madre de Dios continua hablando sobre el tema que introduce con la referencia de suma importancia a Portugal y al dogma de la Fe que el Vaticano sepultó en una nota al pie de página con la esperanza de que Sus palabras hubiesen sido olvidadas.




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