Actualización sobre los “Musulmanes Moderados”

por Christopher A. Ferrara
el 10 de agosto de 2016

Esta columna inaugura un nuevo tema para las Perspectivas sobre Fátima: desenmascarando el fraude del Islán “moderado”.

En semanas recientes, el Papa Francisco ha continuado su extraña, obstinada defensa de la religión inventada por Mahoma, a quien San Juan Damasceno describió como “un profeta falso” que “pretendió que un cierto libro descendió a él desde Cielo. Que había compuesto cosas absurdas en ese su libro…”

Como todo el mundo sabe, Francisco ha llegado hasta el punto de igualar el terror islámico y el asesinato masivo de cristianos con la “violencia católica” que significa – por extraño que parezca – cualquier homicidio cometido por alguien que, por acaso, es católico: “Si hablo de la violencia islámica, también tengo que hablar de la violencia católica.” ¿Es esto el Vicario de Cristo hablando?

Francisco consistentemente repite como un loro la línea liberal de que hay un “Islán moderado” que no tiene nada que ver con la yihad, cuando en verdad hay simplemente musulmanes – en efecto la vasta mayoría – que no se ocupan personalmente en yihad sino que silenciosamente la aceptan. La Yihad es no obstante temático al Alcorán, y es el propio medio por el cual el Islán se ha difundido desde el momento en que Mahoma lo inventó y empezó sus incursiones de conquista.

Y ahora desde el electorado islámico “moderado” en Italia llega otro elemento de las “composiciones absurdas” a las que Mahoma pretendía dar un origen celestial: la demanda para la legalización de la poligamia como un derecho civil bajo la ley italiana.

No podríamos hablar de un musulmán más “moderado” que Hanza Roberto Piccardo, un convertido a la religión de Mahoma que es miembro fundador de la Unión de comunidades islámicas en Italia y que ha servido en la calidad de portavoz para la Red europea musulmana. La demanda alcoránica de Piccardo es muy sencilla: “Cuando se trata aquí de derechos civiles, entonces la poligamia es un derecho civil. Los musulmanes no están de acuerdo con las uniones homosexuales, y sin embargo tienen que aceptar un sistema que las permite. No hay razón ninguna por qué Italia no podría aceptar matrimonios polígamos de personas que consienten a eso”.

Un interesante dilema liberal se presenta ahora: ¿Con precisamente qué fundamentos puede el gobierno italiano oponerse a la poligamia dado que ha legalizado la abominación de las “uniones civiles” entre dos hombres que practican aquello que fue la razón por la qué Dios destruyó Sodoma? Sobre principios liberales, Piccardo parecería poseer un argumento fuerte para el reconocimiento legal de este “moderado” arreglo de convivencia musulmana practicado con abandono voluptuoso por el fundador de su religión.

Como Breibart informa: “Debora Serracchiani, vicepresidenta del Partido Democrático (PD) reinante [italiano] ha dicho: ‘Siglos de lucha para los derechos de las mujeres no pueden ser simplemente dejados de lado. La poligamia no tiene nada que ver con derechos civiles’”. ¿En realidad? ¿Pero qué pasa cuando una mujer musulmana prefiere ser una de varias mujeres unidas a un marido musulmán “moderado” que tal vez sea un muy bien proveedor para todas sus mujeres? Al fin y al cabo, Piccardo no está hablando sobre la poligamia forzada, sino la mismísima cosa que los liberales incesantemente defienden: “relaciones sexuales consensuales” en “la privacidad de la alcoba.”

¿Quién es Serracchiani para decir a una “moderada” mujer musulmana que no puede casarse con un “moderado” hombre musulmán que ya tiene una mujer? ¿Qué hay del “amor” que los liberales usan para justificar todas las otras abominaciones que les gustarían ver legalizadas en el ámbito del matrimonio?

Esperad: ¿Están declarando ahora estos oponentes liberales de la poligamia que el matrimonio es entre sólo dos personas? ¿Pero en qué base pueden declarar así consistentemente con su propio liberalismo? ¿En efecto, si dos varones “gayes” desean añadir un tercero copartícipe a su casamiento por “amor”? ¿Qué diría Serracchiani sobre eso? Qué lio para la mente liberal.

Pero es un gran lio también para el aparato vaticano liberal. El Vaticano ha mantenido un silencio sepulcral mientras Italia legalizaba las “uniones homosexuales”. ¿Que tendrá que decir sobre esta demanda de poligamia por parte de “musulmanes moderados”? Habiendo evitado defender el matrimonio contra el embate de la homosexualidad en Italia, ¿cómo puede el Vaticano ahora defender la misma institución contra la resurgencia islámica que el Vaticano mismo ha alentado – o más precisamente, demandado en la persona de Francisco?

Mientras atestiguamos el espectáculo de horror de una civilización en el medio de su propia auto-destrucción, sin ningún obstáculo delante por una Iglesia cuyo elemento humano se ha hecho a sí mismo socialmente impotente, sólo se puede pensar una vez más sobre lo que Sor Lucía advirtió a la luz del Tercer Secreto de Fátima: “la batalla final entre el Señor y el reino de satanás será sobre el matrimonio y la familia”.