El Cardenal Parolin traiciona a Beijing

por Christopher A. Ferrara
el 26 de agosto de 2016

Durante mucho tiempo, el Secretariado de Estado vaticano elevado a una prominencia sin precedentes por las reformas postconciliares [del Vaticano II] ideadas y dirigidas por el Cardenal Villot, ha puesto en peligro la integridad de la Fe para servir a los dictados mundanos de la diplomacia vaticana. Ha sido así con el Mensaje de Fátima y en especial, con el Tercer Secreto que el Secretario de Estado vaticano precisamente (el Cardenal Sodano y su sucesor el Cardenal Bertone) lo ha reducido a una prescripción genérica de oración y penitencia, extirpando la Consagración de Rusia y reduciendo el Secreto a apenas una representación de acontecimientos del Siglo XX.

Y también así es con la suerte de los católicos de la Iglesia subterránea en China. Rehúsan prometer lealtad a la “Asociación católica patriótica” (ACP), la falsa-Iglesia que fue edificada en los años 50 por el régimen de chinos rojos en Beijing aparentando ser la Iglesia católica “oficial” a fin de que impusiesen el control gubernamental sobre la selección y consagración de obispos chinos, creando así una jerarquía descaradamente cismática.

Ahora oímos del Secretario de Estado vaticano actual, Cardenal Pietro Parolin, de que supuestamente no hay ninguna diferencia entre los obispos y fieles subterráneos, que rehúsan hacerse parte de la ACP cismática y sufren persecución implacable a causa de eso, y los adherentes a la ACP, tanto clérigos como laicos, que obedecen a los hombres en vez de a Dios por dar culto de acuerdo con los dictados de un régimen comunista y ateísta que obliga a las mujeres abortar a sus propios hijos.

Como el Cardenal Parolin declaró en una entrevista reciente con Avvenire, el periódico de la conferencia episcopal italiana: “La pretensión de que haya dos Iglesias distintas en China no corresponde a la realidad histórica o a la vida de los católicos chinos. Hay, en verdad, dos comunidades y ambas están deseosas de vivir en comunión completa con el Sucesor de Pedro. Cada una lleva consigo su maleta histórica de momentos de gran testimonio y sufrimiento, que nos dice algo sobre la complejidad y contradicciones que existen dentro de este vasto país”.

Esto es una mentira gorda y la traición total de los católicos chinos de la Iglesia subterránea. En primer lugar, los católicos fieles que rehúsan someterse a la ACP no están “deseosos de vivir en comunión completa el Sucesor de Pedro” es que ya están en comunión completa con él y siempre ha sido así desde el momento que rehusaron someterse a Beijing y obedecieron a Dios antes que a los hombres.

Segundo, la ACP no es “una comunidad…deseosa de vivir en comunión completa con el Sucesor de Pedro” sino que es la creación mala de dictadores comunistas que ha violado el Cuerpo Místico de Cristo con una repulsiva invención humana pretendiendo ser la “Iglesia oficial”.

Tercero, no hay una igualdad moral entre la Iglesia subterránea en unión con Roma y la ACP mala y cismática. No es menos que monstruoso sugerir que estas “dos comunidades” deben ser “reconciliadas, abrazándose una a la otra…” Los fieles perseguidos de China nunca pueden “abrazar” una organización que promete lealtad a una dictadura comunista.

Hay apenas una “solución” a la situación en China: la ACP debe ser abolida y a todos los católicos chinos se les debe permitir dar culto abiertamente en unión con Roma y sin interferencia gubernamental.

Pero ahora los rumores abundan y Sandro Magister confirma, que Roma está lista para ponerse de acuerdo de permitir al régimen comunista chino en Beijing seleccionar obispos para la aprobación vaticana – un regreso grotesco al mal del Caesaropapismo según el cual el soberano civil sería la cabeza de la Iglesia en su reino y puede designar obispos. Pero, infinitamente peor, el soberano civil en este caso no sería un rey católico sino un dictador comunista.

Con cada día que pasa la crisis que la Iglesia ha sufrido durante medio siglo acelera hacia lo que sólo puede ser una conclusión desastrosa. El Tercer Secreto de Fátima está siendo desvelado ante nuestros ojos mientras los guías ciegos de la alta jerarquía se precipitan de bruces dentro de un foso. No podemos seguirlos. Solamente podemos rezar por la intervención final del Cielo y el fin de la crisis por medio del Triunfo del Inmaculado Corazón de María – que se seguirá, por fin, la Consagración de Rusia, que, como vemos, permanece en el centro de los acontecimientos mundiales potencialmente explosivos.