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Perspectivas Sobre Fátima

Nos han engañado

por Christopher A. Ferrara
El 30 de agosto de 2016

Cuando Benedicto XVI repentinamente renunció al papado bajo circunstancias misteriosas, dos semanas antes de la fecha efectiva de su abdicación curiosamente-escrita del “ejercicio del ministerio del Obispo de Roma”, dijo al clero de Roma: “aunque estoy pronto a jubilarme, permanezco cerca de todos vosotros en la oración, y estoy seguro de que estaréis también cerca de mí, incluso si estoy escondido del mundo.”

Habiendo insistido en retener su nombre papal, vestimentas papales, insignia papal, y apelación a “Su Santidad”, sin embargo – Benedicto de ninguna manera se ha “escondido del mundo”. Al contrario, su vida “escondida” se ha constatado de innumerables entrevistas y comparecencias públicas, en las que Benedicto expresa su alegría a pesar de las protestas y peticiones alarmadas de católicos y clérigos fieles a lo largo y ancho del mundo, pidiendo aclaraciones, correcciones y hasta la retracción de documentos vaticanos, incluida la catastrófica exhortación apostólica de Francisco Amoris Laetitia.

En verdad, como el mundialmente-reconocido vaticanista Sandro Magister hace poco ha escrito lejos de estar “escondido del mundo”, Benedicto “no se callará. Ni por palabra escrita o hablada”. Y ahora, mientras esta columna se publica, lo que Magister llama una “bibliografía monumental” de Benedicto está siendo vendida en librerías a través del mundo que incluye una entrevista de duración de un libro, por el autor, teólogo Elio Guerriero, y un prefacio de Francisco mismo. Si esto es “escondido del mundo”, entonces las palabras han perdido su sentido.

Durante todavía otra entrevista, esta vez publicada el 24 de agosto en el diario italiano L’espresso, Benedicto explica el motivo de su abdicación cuando fue indagado sobre el asunto por un entrevistador (el mismo Elio Guerriero). ¿Renunció Benedicto al papado porque su mente estaba fallando? ¿Era él incapaz de enfocar mentalmente para escribir encíclicas y de otro modo defender las verdades de la Fe como un Papa debe hacer? ¿Estaba él incapacitado mental o físicamente para formular planes, dar órdenes y asegurarse que se pusiesen en marcha? ¿Estaba su salud en peligro de sufrir un colapso?

Ninguna de las anteriores. Por el contrario, quieren que creamos que lo que sigue constituye una razón suficiente para el abandono sin precedentes del cargo papal, precipitando a toda la Iglesia hacia un estado de confusión por abrir camino a la elección de Francisco – hacia la cual la mafia de San Galo había conspirado desde 2005:

En 2013, sin embargo, hubo numerosos compromisos que pensé que ya no podía llevar a cabo.

¿Cuáles eran esos compromisos?

En particular, se había marcado ya la fecha para la Jornada Mundial de la Juventud en la que yo hubiese tenido que comparecer en el verano de 2014 en Rio de Janeiro en Brasil. Pues bien, a este respecto, tuve dos muy precisas convicciones. Después de la experiencia de los viajes a México y a Cuba, ya no me consideraba capaz de llevar a cabo un viaje tan exigente. Además de eso, con el ambiente dado a esos días por Juan Pablo II, la presencia física del Papa era indispensable. Una presencia por videoconferencia u otra forma de participación posible por medio de la tecnología era inconcebible.

Por extraño que parezca, Benedicto no ofreció a su entrevistador ninguna otra razón concreta para su asombrosa y calamitosa renuncia. Nada. Simplemente estaba demasiado cansado para tomar largas e inútiles viajes para saludar a las muchedumbres aplaudiendo. ¡Un Jumbotron no habría sido suficiente! No, hubiese tenido que estar allá simplemente para agitar el brazo, sonreír a la multitud de jóvenes gritando, antes de que se quitasen su ropa exterior después de una “Misa papal” para sumergirse en un marino bañito dominical en la playa de Rio.

Pero Benedicto no ha estado demasiado cansado – hasta hoy, más de tres años después – para comparecer públicamente, y dar numerosas alocuciones e entrevistas, incluso una para un libro que es parte de una “biografía monumental”.

A la vez, sin embargo, Francisco (como Magister señala) contradice a Benedicto por declarar en una entrevista “el pasado 3 de julio a La Nación…que la renuncia de Benedicto XVI ‘no tenía nada que ver con ningún motivo personal’”. ¿De verdad? ¿Entonces la renuncia de Benedicto no tenía nada que ver con razones personales?

Simplemente hablando, nos han engañado. No nos dicen toda la verdad de por qué Benedicto XVI es el único Papa en la historia de la Iglesia que renuncia en plena posesión de sus facultades, ofreciendo ninguna disculpa más allá del cansancio en viajes largos. (el Papa Celestino por lo menos citó su propia incompetencia con respecto al cargo).

Toda esta situación es a lo mejor, indudablemente predicha con mucha precisión en aquella parte del Tercer Secreto de Fátima que no hemos visto aún – la parte en la que la Madre de Dios, y no el Cardenal Sodano, explica lo que significa la divulgada pero aún enigmática visión.




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