¿Id pues, y promoved el integro desarrollo humano?

por Christopher A. Ferrara
el 2 de septiembre de 2016

Casi hace dos mil años, Dios encarnado lanzó Su Iglesia en su misión salvífica con estas palabras: “Id por todo el mundo: predicad el Evangelio a todas las criaturas. El que creyere, y se bautizare, se salvará; pero el que no creyere, será condenado.” La divina misión de la Iglesia católica no podría ser más sencilla: convertir el mundo a cristianismo para la salvación de las almas.

Dos mil años después, sin embargo, en el medio de la peor crisis de la fe y disciplina que la Iglesia alguna vez ha experimentado, ahora se nos presenta esta descripción de la misión de la Iglesia:

En todo su ser y acciones [!], la Iglesia está llamada a promover el integro desarrollo de la persona humana a la luz del Evangelio. Este desarrollo tiene lugar por ocuparse de los bienes inestimables de la justicia, la paz y el cuidado de la creación. El Sucesor del Apóstol Pedro, en su trabajo de afirmar estos valores, está continuamente adaptando las instituciones que colaboran con él, de tal modo que puedan satisfacer mejor las necesidades de los hombres y mujeres a quienes están llamadas a servir.

Estas son las palabras de apertura de la carta apostólica de Papa Francisco Humanum Progressionem, que anuncia una continuación de lo que parece ser un tema de este pontificado: la Novedad de la Semana. Esta vez es la creación de un nuevo “Dicasterio para Promover el Integro Desarrollo Humano”, que absorberá y así abolirá el Concilio Pontificio para la Justicia y la Paz, el Concilio Pontificio Cor Unum, el Concilio Pontificio para el Cuidado Pastoral de Emigrantes y Personas Itinerantes, y el Concilio Pontificio para los Trabajadores del Cuidado de la Salud.

Por lo tanto, según Francisco, la Iglesia no está llamada a predicar el Evangelio a todos los hombres y a bautizarles para su salvación eterna, sino “a promover el integro desarrollo de la persona humana” por “ocuparse de los bienes inestimables de la justicia, la paz, y el cuidado de la creación”. La “luz del Evangelio” es así apenas una ayuda a la promoción de la justicia, la paz, y el cuidado de la creación.

¿Pero qué se dice sobre la salvación de las almas? Humanum Progressionem abroga los Artículos 142-153 de Pastor Bonus, la Constitución apostólica de Juan Pablo II, que creó los cuatro departamentos vaticanos que Francisco hace poco ha abolido. Lo que es revelador, Pastor Bonus empieza con estas palabras: “El Buen Pastor, el Señor Jesucristo (cf. Jn 10:11, 14), confirió a los obispos, los sucesores de los Apóstolos, y en una manera singular confirió al Obispo de Roma, el sucesor de Pedro, la misión de hacer discípulos en todas las naciones y de predicar el Evangelio a toda creatura”.

Pastor Bonus después de eso, menciona la salvación no menos que once veces, incluso con las expresiones “medios de salvación”, “ministerio de salvación”, “la salvación de las almas”, “la obra de salvación en el mundo” y “la misión de trabajar para la salvación eterna del pueblo…”

Humanum Progressionem, por otra parte, no dice ni una palabra sobre la salvación, los medios de salvación, o la misión salvífica de la Iglesia en su declaración de lo que la Iglesia está llamada a hacer en este mundo. Francisco, el Vicario de Cristo, ni menciona a Cristo.

Al inicio de su pontificado Francisco declaró: “La Iglesia no es una ONG” – lo que significa una Organización no-gubernamental que se ocupa en trabajos caritativos en el ámbito seglar. Pero qué podemos pensar de una Iglesia cuya misión está siendo reformulada ante nuestros ojos a ser la siguiente: “Id, pues, y promover el integro desarrollo humano, ocupándose con los bienes inestimables de la justicia, la paz y el cuidado de la creación”.

La “luz del Evangelio” a la que Francisco se refiere ciertamente no es la luz de la salvación, sin la cual las almas se pierden para toda la eternidad. Es otra cosa por completo; algo que emplea el lenguaje tradicional para expresar nuevos significados revolucionarios. Y es la revolución en la Iglesia continua e inmensamente destructiva que este pontificado ha llevado a un totalmente nuevo nivel, que sin duda apresurará el día cuando Dios intervenga –de modo muy dramático – para terminar con la crisis sin paralelo que actualmente atestiguamos.