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Perspectivas Sobre Fátima

Las burradas teilhardianas del
"Predicador de la casa pontificia"

por Christopher A. Ferrara
el 6 de septiembre de 2016

Durante las vísperas del “Día mundial de Oración por el Cuidado de la Creación”, el Padre Raniero Cantalamessa, el anciano Modernista que ha sido “el predicador de la casa pontificia” a lo largo de los pasados 36 años, profirió esta algarabía en su así-llamada homilía:

¡Cuánto tiempo el universo ha tenido que esperar, qué largo período previo ha tenido, para llegar a este punto! Ha tardado miles de millones de años durante los cuales materia opaca ha evolucionado hacia la luz del conocimiento como la savia que sube lentamente desde debajo de la tierra hasta lo más alto del árbol para fluir a sus hojas, flores y frutas. Este conocimiento se logró finalmente cuando “el fenómeno humano”, como Teilhard de Chardin lo llama, apareció en el universo. Pero ahora, porque el universo ha alcanzado esta meta, espera que los seres humanos cumplan su deber y asuman la tarea, por así decirlo, de dirigir el coro y entonar, en el nombre de la creación: ¡“Gloria a Dios en lo más alto de los cielos”!

Esto, por supuesto, es maloliente panteísmo: el “universo” dio origen al conocimiento humano, y no fue Dios personal y trino por medio de la creación especial de Adán y Eva con sus almas racionales. Así terminamos con la narración del Génesis sobre la creación y la enseñanza infalible de la Iglesia cuanto a la descendencia de la raza humana entera de dos primeros padres que habían caído en desgracia en el Paraíso. ¡No! Según lo que dice el “predicador de la casa pontificia” el conocimiento humano, de alguna manera, apenas burbujeó hacia fuera de la “materia opaca” – una tosca superstición digna de idólatras paganos de la selva.

Y ahora, declara el “predicador de la casa pontificia” el universo “espera” que la humanidad abra el camino “cuidando la creación” y así dando gloria a “Dios”. Prestad atención a la confusión entre el universo y Dios, que hace recordar la herejía de Baruch Spinoza (1632-1677) que le ocasionó la excomunión hasta de las sinagogas de Holanda. Como Spinoza declaró en su Ética: “Dios o Naturaleza”, Deus sive Natura: “Ese ser eterno e infinito que llamamos Dios o Naturaleza, actúa a partir de la misma necesidad de que existe”.

“El predicador de la casa pontificia” está enjaretando los disparates evolucionarios del infame Jesuita Teihard de Chardin cuya teología es Spinoza refrita, vestida en meditaciones falso-católicas, y semi-poéticas que están disfrazadas de una audaz reconciliación de las Sagradas Escrituras y la pretendida “ciencia” de la evolución neo-darwiniana.

Apenas se necesita recordar la admonición en junio de 1962 de Santo Oficio cuanto a los escritos de esta fraude científica y teológica, que fue implicado en el “descubrimiento” de dos fósiles inauténticos: el Hombre Piltdown y el Hombre Pekín. Como el Santo Oficio advirtió pocas semanas antes del inicio del Vaticano II:

Varias obras del P. Pierre Teilhard de Chardin…están tan llenas de ambigüedades y en verdad, hasta errores serios, que ofenden la doctrina católica.

Por esta razón, los más eminentes y reverendos Padres del Santo Oficio exhortan a todos los Ordinarios, así como a los superiores de los institutos religiosos, rectores de seminarios y presidentes de universidades, efectivamente proteger las mentes, en especial de los jóvenes, contra los peligros presentados por las obras del P. Teilhard de Chardin y de sus seguidores.

Sin embargo, después de más que tres años de la “revolución de Francisco” no es sorprendente que Francisco, un Jesuita liberal formado en los años 60, sea también un devoto del balbuceo herético de Teilhard de Chardin. En efecto, ha sido Francisco quien rehabilitó a Teilhard de Chardin con una referencia favorable en su reciclado Laudato si’, como he mostrado aquí.

Pero es así la crisis en la Iglesia hoy: el hereje condenado de ayer es la “autoridad” en la teología católica de hoy. Esto es lo que Lucía de Fátima quería significar con la terminología “desorientación diabólica”. La herejía está de moda, la ortodoxia está fuera de moda. El Vaticano emprende proyectos mundanos mientras hace caso omiso del destino eterno de los hombres. Estamos exhortados a “cuidar de la creación”, pero nadie en Roma nos está exhortando a cuidar el alma inmortal, que hasta el filósofo pagano Plato sabía que es la posesión más preciosa del hombre.

La Iglesia está colgando boca abajo y sólo Dios, por medio de la intercesión de Su Santísima Madre, puede corregir la situación – como el mundo verá a la luz de Fátima.




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