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Perspectivas Sobre Fátima

Los desesperados disparates del Dr. Mirus

por Christopher A. Ferrara
el 20 de septiembre de 2016

Precisamente en el momento en que yo pensaba que Jeffrey Mirus se estaba despertando ante la calamidad del pontificado actual, habiéndole alabado efusivamente por su franqueza, veo ahora que ha vuelto a su habitual defensa de lo indefendible. Los resultados son simplemente cómicos.

Todo el mundo católico ya sabe que, en una carta a los obispos de Buenos Aires, Francisco ha alabado sus “directrices” implementando Amoris Laetitia que, en “casos particulares”, aquellos que están viviendo en “segundos matrimonios” en adulterio, se les permite recibir la absolución y la Sagrada Comunión sin terminar con sus adúlteras relaciones sexuales. Francisco declara que “no hay otras interpretaciones” de su documento.

Francisco aprueba así una brusca contradicción de la disciplina doble-milenaria, afirmada por ambos Juan Pablo II y Benedicto XVI y fundamentada en las mismísimas palabras de Nuestro Señor condenando el divorcio y re-matrimonio como adulterio, sin excepción, y las mismísimas palabras de San Pablo advirtiendo del castigo divino por la recepción indigna de la Sagrada Comunión.

En un acto desesperado, Mirus declaró en su primera columna sobre el tema, que es simplemente “un asunto de prudencia que significa que es posible un desacuerdo legitimo sobre la mejor [su énfasis] manera de proceder. He señalado repetidamente que son disciplinarias y no doctrinales las reglas que gobiernan la recepción de la Sagrada Comunión”.

Esto es una tontería total, y Mirus lo sabe – o debería saberlo si va a opinar sobre un asunto espiritual tan decisivo. Como la Congregación para la Doctrina de la Fe ha declarado en 1998, de acuerdo con la enseñanza sobre esta cuestión de Juan Pablo II y de toda la Tradición, no estamos tratando apenas de una disciplina mutable, sino de una norma de la moral conectada inextricablemente a la indisolubilidad del matrimonio como un hecho objetivo no importando cuales pretensiones se plantean en cuanto a una inculpabilidad subjetiva:

Por otros términos, si ha sido valido un matrimonio anterior de dos fieles divorciados y re-casados, bajo ninguna circunstancia puede considerarse lícita su nueva unión y por eso la recepción de los sacramentos es intrínsecamente imposible. La conciencia del individuo está vinculada a esta norma sin excepción.

Es decir, ni el Papa puede cambiar una práctica disciplinaria fundamentada en la imposibilidad intrínseca de una persona divorciada y “re-casada” comulgando mientras persiste en adulteras relaciones sexuales.

Es más, una persona que vive en adulterio no tiene derecho de declarar que su “conciencia” le dice que su primer (es decir, único) matrimonio en realidad era inválido porque como la CDF también amonestó:

El Matrimonio tiene un carácter público fundamental y el axioma se aplica nemo iudex in propia causa (nadie es juez de su propio caso) por lo tanto, casos matrimoniales deben solucionarse en el foro externo. Si fieles divorciados y re-casados suponen que su matrimonio anterior es inválido, entonces están obligados a reclamar al tribunal matrimonial competente a fin de que la cuestión sea examinada objetivamente, y de acuerdo con todas las posibilidades jurídicas disponibles.

En un absurdo ejemplo de la casuística farisaica, Mirus conjetura un escenario en el que un copartícipe en adulterio amenaza abandonar a su “segunda mujer” y a sus hijos, si ella no continuase proporcionándole la satisfacción sexual en vez de vivir con ella como hermanos. En estas circunstancias, dice Mirus, el adulterio es un pecado venial debido a la “coacción”.

Por favor. Según esa lógica, el aborto sería un pecado venial si un copartícipe en adulterio amenaza terminar la relación adúltera a menos que el hijo sea asesinado en el útero. Hasta los fariseos duros de corazón hubiesen pensado que esta aseveración es pésima. Mirus simplemente hace caso omiso a la imposibilidad intrínseca y objetiva de un fiel comulgando y a la vez persistiendo en las relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Claramente punzado por la onda de criticismo que su primer artículo provocó, Mirus ha publicado una segunda, aún más absurda tentativa de defender lo indefensible. Continuando a afirmar falsamente que “el Papa posee la autoridad de cambiar la disciplina que gobierna la Sagrada Comunión bajo tales circunstancias”, Mirus procura mitigar su posición por agregar: “Pero, junto con muchos de mis críticos, también creo yo que la condición de la Iglesia en el Siglo XXI es tal que este abordaje ocasionará inevitablemente abusos extensos que probablemente empeorarían todavía más la situación actual”.

Por lo tanto, según Mirus, el Papa posee la autoridad de cambiar una disciplina doble-milenaria incluso si “ocasionara inevitablemente abusos extensos que probablemente empeorarán todavía más la situación actual.” Y ¿qué son los inevitables abusos extensos? Obviamente son la extensa recepción sacrílega de la Sagrada Comunión por adúlteros públicos y la consiguiente profanación del Santísimo Sacramento.

No, Dr. Mirus, los Papas no poseen autoridad de aprobar el inevitable y extenso sacrilegio y la profanación por abandonar una norma de la moral que hace “la recepción de los sacramentos…intrínsecamente imposible…sin excepción”. 

Alcanzando un nuevo nivel de la casuística hasta para él, Mirus declara además (en su titular): “Hasta el Papa Francisco no sabe la interpretación apropiada de Amoris Laetitia”. (El lector puede hacer una pausa aquí para un momento de risa estrepitosa). Y sigue arguyendo así:

ningún Papa está protegido contra el error cuando, en correspondencia particular, él explica la interpretación apropiada de cualquier documento magisterial, incluidos aquellos que él mismo ha emitido…Tales comunicaciones privadas no son protegidas por el Santo Espíritu; por eso, son totalmente irrelevantes…Tal vez nos enteraremos, en el futuro, que el Magisterio fuese partidario de los críticos de este Papa.

Pues bien, según Mirus: (a) Francisco posee la autoridad de cambiar una disciplina doble-milenaria que la CDF advierte ser una norma de la moral que no admite excepción, (b) Incluso si este cambio inevitablemente ocasionase un extenso sacrilegio y profanación, y (c) incluso si Papas futuros determinasen que Francisco se ha equivocado, aunque (d) Francisco en efecto no ha cambiado la disciplina porque su carta es irrelevante y nadie debería hacerle ningún caso.

Se trata de una auto-contradicción: Sí, él puede, pero no lo hizo, sin embargo, si él lo hiciere a lo mejor tendría razón, aunque podría ser el caso que él esté engañado.

Diga buenas noches, Dr. Mirus. Usted no tiene nada para contribuir a esta discusión sino ofuscación. Mientras tanto, a la luz del Mensaje de Fátima, observadores honestos de la situación eclesial saben que estamos en el medio de lo que Sor Lucía advirtió sería “la batalla final entre el Señor y el reino de Satanás” – la batalla estallando sobre el matrimonio y la familia.



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