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Perspectivas Sobre Fátima

Afirma renombrado filósofo y amigo de Juan Pablo II:
"El Papa debe actuar para evitar el cisma y la herejía"

por Christopher A. Ferrara
el 26 de septiembre de 2016

La Iglesia católica está siendo sacudida hasta sus fundamentos por las secuelas de la publicación de Amoris Laetitia y la carta ‘confidencial’ (que rápidamente fue infringida y hecha pública) del Papa Francisco a los Obispos de Buenos Aires afirmando que la admisión a la Sagrada Comunión de adúlteros públicos en “segundos matrimonios” es la única interpretación correcta de Amoris.

Ahora leemos que un amigo del fallecido Papa Juan Pablo II, el renombrado filósofo austriaco Josef Seifert, ha declarado en una entrevista televisada que ciertas afirmaciones en Amoris son “objetivamente heréticas” y que el Papa debe actuar y corregirlas “para evitar el cisma, la herejía, y una división total en la Iglesia…” Profesor Seifert es uno de 45 firmantes, escolásticos católicos de los principales medios de comunicación de la Iglesia, al documento que detalla numerosas proposiciones heterodoxas y hasta heréticas en Amoris y que pide al Papa que sean condenadas.

La crítica, enviada a todos los Cardenales de la Iglesia hasta la fecha no ha provocado ninguna acción correctora por parte de Francisco. Mientras tanto, la “división en la Iglesia” de la que advierte Seifert ya está en marcha, y desarrollos recientes indican que Francisco mismo está promoviéndola. Estos desarrollos están resumidos en la página web de la Fraternidad San Pio X (FSPX) que según se informa ha sido propuesta por Francisco una estructura judicial para la regularización total de su misión canónica.

Como la FSPX señala: “En Alemania: Ellos [los divorciados y ‘re-casados’] ya reciben la Comunión”, mientras que en Filipinas las palabras de la conferencia episcopal siguiendo Amoris es “lo haremos” porque “La misericordia no puede esperar. ¡La misericordia no debe esperar”! y “aquellos en uniones irregulares deben ser invitados a la ‘mesa de los pecadores en que el Todo-Santo Señor se ofrece a Sí Mismo como comida para los miserables’”. En Polonia, Francisco, según se informa, dijo en privado a los Obispos polacos que cada conferencia episcopal local puede decidir el asunto por sí sola, mientras que en Buenos Aires, como se ha notado ya, él ha declarado que la Sagrada Comunión dada a adúlteros públicos en “ciertos casos” es la única interpretación correcta de Amoris.

Por otro lado, “los Obispos de Alberta y del Territorio Nordeste [Canadá] afirmaron en directrices pastorales que la Iglesia católica no ha cambiado su práctica hacia los católicos divorciados y civilmente re-casados” y que deben arrepentirse de su adulterio y comprometerse a una enmienda de vida, cesando sus relaciones adúlteras, antes de recibir la absolución y ser admitidos a la Sagrada Comunión. La misma verdad para Arzobispo Chaput de Philadelphia, [EEUU] que insiste en que la enseñanza y disciplina eucarísticas doble-milenarias permanecen vigentes y que personas divorciadas y “re-casadas”, si no pueden separarse a causa de hijos, deben vivir castamente para ser admitidas a los Sacramentos. Igualmente Mons. Thomas Olmsted de Phoenix,[EEUU] intencionadamente haciendo caso omiso a Amoris, declara que acatará al “Magisterio de la Iglesia, especialmente a aquel del Bienaventurado Pablo VI, San Juan Pablo II y Papa Emérito Benedicto XVI que reafirman la tradición constante de la Iglesia”.

Por otra, Arzobispo Cupich de Chicago, un principal progresista notorio que Francisco había elevado a esta sede episcopal importante, ha ido ya más allá de la Comunión sacrílega para los adúlteros públicos en “segundos matrimonios” al declarar que hasta aquellos involucrados en “uniones homosexuales” que dan ocasión a la habitual práctica de la sodomía, pueden recibir el Santísimo Sacramento si “llegan a una decisión con la conciencia tranquila” y que la Iglesia debe “ayudarles seguir adelante y respectar eso”.

El punto de vista tal vez más perspicaz sobre esta situación aterradora está expresado por la FSPX: ¿“Está Amoris Laetitia provocando división dentro de la Iglesia o mejor dicho, manifestando herejías y cismas ya presentes entre el clero a lo largo y ancho del mundo”? Yo tendría que decir que la respuesta es: los dos. Como el Padre Ray Blake ha observado con franqueza admirable y mucho valor a la luz del carácter ‘república bananera’ distintivo y prevaleciente que el Bergoglianismo ha engendrado: “Es una ironía que el Papa mismo, el ‘ministro de la unidad’ debe llegar a ser el centro y la fuente de desunión. Tal vez eso fuese precisamente lo que el Cónclave de 2013 deseaba cuando eligió a Jorge Bergoglio, porque ya era conocido como una figura divisiva tanto en los Jesuitas como en su Diócesis nativa de Buenos Aires”.

El artículo de John Allen sobre este desarrollo concluye que “Si sea deliberado o no, lo que el Papa Francisco ha hecho efectivamente es escoger la descentralización sobre una de las cuestiones más contenciosas de la vida católica actual”. Allen dice que cuando preguntó al actualmente-jubilado Cardenal Francisco Arinze de Nigeria sobre la “opción de descentralización” durante el Falso Sínodo sobre la Familia, el Cardenal Arinze respondió: “Usted va a decirme que ¿podemos tener una conferencia episcopal nacional en un país que aprobaría algo que, en otra conferencia fuese visto como un pecado? ¿Será que el pecado cambiará conforme a fronteras nacionales? Llegaríamos a ser iglesias nacionales”.

¡Dios nos ayude! Cuando 45 eruditos de los principales medios de comunicación católicos escriben a un Papa para pedirle que repudie los numerosos errores de su propio documento para que no dé lugar a un cisma, sabemos que la Iglesia está experimentando un acontecimiento sin precedentes. Recordad que según el Cardenal Mario Ciappi otro amigo de Juan Pablo II que era nada menos que su teólogo papal personal, el Tercer Secreto predice que “la gran apostasía de la Iglesia comenzará por lo alto”. Si esta situación no representa la apostasía, esparciéndose en todos lados con la ayuda del Papa mismo, entonces las palabas han perdido su significación.

¡Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros!




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