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Perspectivas Sobre Fátima

Dios le pague, Marina Nalesso

por Christopher A. Ferrara
el 28 de septiembre de 2016

Mientras eclesiásticos católicos se postran ante el avance de Islán a través de lo que una vez fue el corazón de la Cristiandad, prácticamente rogando por su propia extinción, una locutora italiana de telediario ha dado testimonio callada pero valientemente contra esta locura pluralista.

Tal y como ha sido informado por Brietbart News, Marina Nalesso una comunicadora coordinadora del programa de noticias dirigido por el estado Tgl, “encendió una tormenta de fuego de críticas por llevar un crucifijo al cuello mientras comunicaba las noticias, provocando la ira de ‘musulmanes, ateos y muchos telespectadores’, según los informes”. Un Silvio Viale, demagogo de la izquierda italiana, ha denunciado a Nalesso por su “arrogancia”, declarando: “TG es un programa de noticias público y seglar, y no es un programa de noticias vaticanas”.

Nalesso, sin embargo, no ha hecho el acostumbrado salto mortal hacia atrás apologético según lo políticamente correcto. Por el contrario, en su Página-Hincha, Nalesso ha declarado que usa el crucifijo “por devoción y para dar testimonio”. Brietbart señala irónicamente que “esto no es la primera ofensa de la comunicadora coordinadora televisiva de 44 años de edad. También ha sido criticada por usar medallitas al cuello teniendo la cara de Jesús o de la Virgen María”. ¡Qué horror!

Levantando su voz en apoyo a Nalesso ha sido la política italiana Giorgia Meloni, que ha llamado la atención debidamente a lo que eclesiásticos católicos parecen incapaces de darse cuenta: “Hemos alcanzado el nivel del absurdo. El cristianismo es parte de nuestra cultura e historia como italianos y europeos, aunque tú seas un ateo ó creas en otra religión”.

Cometiendo su propio crimen contra lo políticamente correcto, Meloni declara además que “Quienquiera que se sienta fastidiado por un crucifijo es también fastidiado por nuestra identidad y debe vivir en otra parte. Una gran parte de los valores de nuestra civilización está conectada con aquel crucifijo: un símbolo que representa una riqueza para todos nosotros, que estamos orgullos de defender. Bravo, Marina”. ¡Y bravo, Giorgia!

Hasta otras malas personas contrarias en Italia han señalado (como Brietbart informa) que “si la locutora de telediario estuviese usando un velo musulmán en vez de un símbolo cristiano, los liberales ‘se apresurarían en su defensa en el nombre de la sagrada libertad de expresión’”. Exactamente. Pero ¿por qué es así? ¿Por qué razón existe este aparentemente misterioso doble criterio de la expresión religiosa?

Os lo diré: No es misterio alguno, sino el resultado predecible de la sujeción de lo que una vez fue la Cristiandad a los principios de la modernidad política, impuesta a punta de pistola durante la “era de la revolución democrática” que terminó con la “unificación” de Italia y la destrucción en el siglo XIX de los estados papales por los ejércitos masónicos de Mazzini y Garibaldi.

La “era de la revolución democrática” y la imposición del sistema estatal moderno tenía un solo objetivo primordial: lo que el filósofo político francés Pierre Manent ha descrito como “la subordinación completa de la Iglesia al cuerpo político”, que significa el fin del Reino Social del Cristo Rey El “mundo moderno” tan neciamente pintado con optimismo por el Segundo Concilio Vaticano se trata por completo de la supresión de católicos y el destierro de cualquier idea del Reino Social del Cristo Rey, hasta el mismísimo nombre de Cristo, de la vida pública.

Y es por eso que musulmanes que insisten en usar hijabs ante las camaras pueden actuar como comunicadoras coordinadoras desapasionadamente informando sobre el más reciente ataque terrorista islámico como una nebulosa “tragedia” sin un pío pío de protesta, mientras que una mujer católica que usa un modesto crucifijo es furiosamente criticada por la opinión pública. Los musulmanes no son cristianos, ves, pero los católicos, ¡sí, lo son!

Entonces, qué Dios bendiga a Marina Nalesso. Y que Dios nos perdone por los prelados sin carácter de la jerarquía eclesial católica post-Vaticano II, que ayudan desnudando sus cuellos – y los nuestros – a la espada de Mahoma perpetuamente oscilando en obediencia a los dictados de un pluralismo cuyo objetivo es la destrucción de la Iglesia que ellos rehúsan defender como hombres.



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