“San” Martín Lutero aparece en el Vaticano.

por Christopher A. Ferrara
el 19 de octubre de 2016

Sor Lucía de Fátima no estaba siendo melodramática cuando habló de la “desorientación diabólica” en la Iglesia a la luz del Tercer Secreto. Si esa frase no describe los casi cuatro años hasta ahora del pontificado actual, entonces las palabras han perdido su sentido.

Ya sabe todo el mundo católico que, el 13 de octubre de 2016, el aniversario del Milagro del Sol en Fátima, el Papa Francisco hizo caso omiso a la Santísima Virgen, y en vez de conmemorar ese acontecimiento, celebró a Martín Lutero ante una audiencia de luteranos durante un “peregrinaje ecuménico” en la Sala de las Audiencias Pontificias Pablo VI.   

El grupo luterano, proveniente de Alemania, fue liderado por clérigos luteranos postizos, incluida una mujer luterana en traje de clérigo que hace pensar que sea una obispa. Francisco parece pensar igual, porque la saludó calurosamente junto con otros obispos luteranos postizos, a quienes trataba explícitamente como obispos. Durante el acontecimiento, una estatua del archi-hereje compartía el palco con Francisco – añadiendo otro escándalo sin precedentes en los anales de la tumultuosa época post-conciliar.

La audiencia con los luteranos era parte de la preparación de Francisco para el viaje pasmoso a Suecia del 30 al 31 de octubre, donde “conmemorará” la “Reforma” que destruyó la unidad de la cristiandad. Francisco participará en un “servicio de oración” ecuménico con unos de los pseudo-clérigos luteranos que pretenden presidir las “Iglesias luteranas” de la Federación Mundial Luterana. Estos cuerpos, por supuesto, son apenas organizaciones puramente humanas que deben su origen al enemigo maniaco de la Iglesia y del Papado que había violado sus votos sacerdotales casándose con una monja, era un borracho que solía expresarse con palabrotas, y que se había excomulgado después de que promulgó un conjunto de errores que fueron anatematizados infaliblemente por el Concilio de Trento.

Es inconcebible que un Pontífice romano pueda de modo alguno honrar la memoria y “herencia” ruinosa del hereje más grande sin comparación de la historia de la Iglesia católica. Peor aún, sin embargo, es la aparente indiferencia de Francisco ante la condición espiritual de los luteranos que no tienen un sacerdocio válido y por eso no tienen tanto el Sacramento de la Penitencia como el de la Sagrada Eucaristía.

A ese respecto la audiencia del 13 de octubre, sobre la cual he escrito ampliamente en otro lugar, es significativa a causa de la siguiente afirmación hecha por Francisco a su audiencia luterana cuanto a la aproximación correcta para con las personas que no profesan religión alguna:

¿Qué debemos decir para convencerles? ¡Escuchad! La última cosa que deberíamos decir es: debes vivir como un cristiano – escogido, perdonado y creciendo en virtud [in cammino, fig.]. No es lícito convencer alguien de su fe. El proselitismo es el gran veneno contra el camino del ecumenismo [aplauso].

La denuncia del “proselitismo”, que Francisco claramente comprende que significa cualquier tentativa de persuadir a otros sobre las verdades de cristianismo, significaría en la práctica el abandono de la actividad misionera de la Iglesia a favor de un vago “testimonio” en la forma de buenas obras. Si los Apóstoles y los grandes santos y valientes misioneros que les siguieron después durante generaciones y generaciones hubiesen seguido la opinión de Francisco sobre la misión de la Iglesia, entonces la Iglesia nunca habría convertido al mundo y a lo mejor debería morir en Jerusalén.

Porque como San Pablo enseña: “…la fe proviene del oír, y el oír depende de la predicación de la palabra de Jesucristo (Rom. 10:17)”.  Del mismo modo, en su Juramento Antimodernista – abandonado después del Vaticano II – el Papa San Pío X exigió que todos los clérigos y teólogos católicos afirmasen que la fe es “es un verdadero asentimiento de la inteligencia a la verdad adquirida extrínsecamente por la enseñanza recibida “ex auditu”[por audición] asentimiento por el cual creemos verdadero, a causa de la autoridad de Dios cuya veracidad es absoluta, todo lo que ha sido dicho, atestiguado y revelado por el Dios personal, nuestro creador y nuestro Maestro”.

Por eso es absurdo exigir que los católicos detengan cualquier esfuerzo de convencer a los otros sobre la fe. Pero dejando al lado esa tontería, ¿qué es lo que debemos pensar de la noción sobre cómo los luteranos sentados ante Francisco en la sala de audiencia, privados de los Sacramentos de Penitencia y de la Sagrada Comunión, no obstante, son “escogidos, perdonados y creciendo en virtud”? ¿Cómo pueden ser escogidos, perdonados y creciendo en la virtud sobrenatural sin los Sacramentos que Cristo instituyó para la salvación de las almas? Y si eso fuese posible – pueden salvarse, entonces ¿para qué sirven los Sacramentos? Serían apenas superfluos.

Pero el Concilio de Trento declaró infaliblemente:

CANON IV – Si alguno dijere, que los Sacramentos de la nueva Ley no son necesarios, sino superfluos para salvarse; y que los hombres sin ellos, o sin ellos, o sin el deseo de ellos, alcanzande Dios por sola la fe, la gracia de la justificación; bien que no todos sean necesarios a cada particular; sea excomulgado.

Pero nos parecería que para Francisco los Sacramentos son, sí, superfluos y que los luteranos tienen razón en su creencia herética que “una vez salvado, siempre salvado” –  por sola la fe. O caso contrario, Francisco piensa que los luteranos de alguna manera poseen los Sacramentos de Penitencia y de la Sagrada Comunión sin un sacerdocio válido para proporcionarlos.

En cualquiera de los casos, tenemos un Papa que parece pensar que lo de ser miembro de la Santa Iglesia Católica no tiene ninguna importancia verdadera para la salvación de las almas y que los luteranos se salvan en “iglesias” que permiten, no apenas el divorcio, la anticoncepción y el aborto en casos “difíciles”, sino también la “ordenación” de mujeres y el “matrimonio” de homosexuales.

¿Qué podemos decir sobre un Papa que da honor a Lutero en vez de a la Santísima Virgen en el aniversario del Milagro del Sol, y que dice a una audiencia de luteranos que pueden ser “escogidos” y “perdonados” sin la ayuda de la mismísima Iglesia contra la cual Lutero era un enemigo declarado? Podemos decir que estamos atestiguando la crisis que Nuestra Señora vaticinó en el Tercer Secreto de Fátima, aquella preciosa advertencia-mensaje al mundo que fue autentificada por el gran Milagro que Ella consiguió para nosotros y que está más allá de toda duda. El tiempo que Ella predijo es ahora.