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El fiasco ecuménico en Lund: un juego de finjamos

por Christopher A. Ferrara
el 1 de noviembre de 2016


El Papa junto con luteranos a favor del aborto en traje clerical

Pues bien, Francisco ha llevado a cabo su “viaje ecuménico” a Lund, Suecia, donde el fiasco planeado ya hace tiempo ha provocado nada más que bostezos por parte de la población sueca post-cristiana. La prensa informó risiblemente que “centenares” saludaron a Francisco cuando arribó en el aeropuerto.

En Lund, en la misma catedral que hace siglos los rebeldes luteranos robaron a la Iglesia católica, él que se supone actuar como el Vicario de Cristo participó en un “servicio ecuménico de oración” con legos y legas luteranos que se hacen pasar por clérigos que están a favor del aborto, de la anticoncepción, del divorcio, de los homosexuales y de la “ordenación” de mujeres. La compañía de imposturas clericales que Francisco había dignificado con la presencia de un Papa incluyó a una señora “arzobispa” – ¡qué broma! – que se llama Antje Jackelen.

Todo el acontecimiento, como el ecumenismo en general, era un juego de finjamos. Finjamos que San Juan, siguiendo el mandato de Nuestro Señor Mismo, nunca “prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesasen, íntegra y pura, la doctrina de Jesucristo” para citar al Papa Pío XI que condenó el “movimiento ecuménico” en su origen y prohibió la participación católica en él – por motivos que deben ser obvios hoy.

Finjamos que pueda existir una “unicidad cristiana” con gente que pisotea el Evangelio de Cristo; niega la primacía papal, la existencia de los siete Sacramentos, el sacerdocio sacrificial y el Santo Sacrificio de la Misa; que se burlan de los preceptos morales fundamentales y permiten violaciones abominables de la ley natural, incluidos el aborto y la sodomía que claman al Cielo venganza divina.

Sobre todo, finjamos que los católicos son tan culpables como los luteranos – ¡si no más todavía! – por las “divisiones” entre la única Iglesia verdadera fundada por Dios encarnado y la siempre y cada vez más corrupta y absurda organización humana cuyo origen se halla en la sublevación de un monje maníaco, borracho, libidinoso que solía expresarse con palabrotas, proveniente de un medieval lugar apartado que se llamaba Wittenburg.

Participando con ganas en este juego, Francisco profirió esta oración absurda durante el servicio: “Oh Santo Espíritu: ayúdanos a regocijarnos en los dones que han venido a la Iglesia por medio de la Reforma, prepáranos a arrepentirnos por los muros divisivos que nosotros, y nuestros antecesores, hemos construido…”

¡Qué tontería! “Nosotros” no hemos construido muros algunos. Las puertas de la Iglesia católica están abiertas siempre, y Ella está lista y deseosa siempre de admitir a la religión que Cristo estableció cualquier luterano que se arrepiente de los errores de Lutero, que apenas se han multiplicado infinitamente por los errores de sus pretendidos herederos en la Federación mundial luterana. Ha sido Lutero quien ha construido los “muros divisivos” originales, y son simplemente sus sucesores quienes a lo largo de los pasados cinco siglos quienes han levantado estos muros estrato tras estrato de herejías e inmoralidad. Pero es un juego que finjamos, esto es, que el “ecumenista” deba fingir que la Iglesia católica ha construido cruelmente muros contra los luteranos.

En ningún lugar es más evidente el juego ecuménico de que hemos de fingir que en la homilía preparada de Francisco para esta reunión desgraciada. He aquí algunos ejemplos del texto:

“Como católicos y luteranos, hemos emprendido un trayecto común de reconciliación”.

Falso. Los católicos no tienen que reconciliarse con los luteranos. Los luteranos deben reconciliarse con la única verdadera Iglesia, cuyas enseñanzas ellos desafían, y a Cristo cuyo Evangelio han mutilado y corrompido.

“Ahora, en el contexto de la conmemoración de la Reforma de 1517, tenemos una nueva oportunidad de aceptar un camino común, uno que ha tomado forma a lo largo de los últimos 50 años en el diálogo ecuménico entre la Federación mundial luterana y la Iglesia católica”.

Falso. No hay ningún “camino común” que los católicos y los luteranos puedan andar juntos. Hay nada más que el camino que Cristo ha establecido en Su Iglesia, que los luteranos han perdido y que deben encontrar de nuevo. Este camino conduce sólo a Roma, y desde allá al Cielo para aquellos que perseverarán en la gracia de los Sacramentos. Como Pío XI declaró, “porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno a los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron”.

“No podemos resignarnos a la división y distancia que nuestra separación ha creado entre nosotros. Tenemos la oportunidad de enmendar un momento crítico de nuestra historia por avanzar más allá de las controversias y desacuerdos que frecuentemente nos han impedido comprenderse el uno al otro”.

Falso. No podemos “avanzar más allá de las controversias y desacuerdos que frecuentemente han impedido comprenderse el uno al otro”. Son los luteranos quienes carecen de la comprensión – de las verdades que Cristo reveló. Y su ignorancia o rechazo voluntario de aquellas verdades no involucran pequeñas “controversias y desacuerdos” sino cuestiones fundamentales de la Revelación divina, así como preceptos de la ley natural que guían la conciencia incluso de paganos salvajes que habitan remotas islas despobladas.

“Ciertamente había una voluntad sincera por parte de ambos lados de profesar y mantener la verdadera fe, pero al mismo tiempo nos damos cuenta de que nos hemos aislado a nosotros mismos a causa del temor o prejuicio con respecto a la fe que los otros profesan con un acento y lenguaje diferentes”.

No sólo falso, sino enteramente intolerable. No puede existir una “voluntad sincera de profesar y mantener la fe verdadera” por parte de aquellos que no niegan solamente con firmeza dogmas de la religión verdadera sino también que permiten hasta la sodomía y el asesinato de niños inocentes en el seno materno. Lo de reducir las diferencias entre el catolicismo y las variadas sectas luteranas a “un acento y lenguaje” que nace del “temor o prejuicio” es un engaño ultrajante.

Yo podría continuar largamente, pero el punto se hace. La escapada ecumenista en Lund, como el “proyecto ecuménico” como un todo, es un fraude – un fraude no sólo cometido contra el pueblo católico, sino contra los luteranos que tan desesperadamente necesitan las ayudas que solamente la Iglesia Católica puede proporcionar.

El ecumenismo es, en verdad, una forma de crueldad espiritual casi inconcebible, que despiadadamente determina dejar en las tinieblas a aquellos que no pueden ver la luz del Evangelio, rehusando decirles lo que Pío XI comunicó a los protestantes de su tiempo con la solicitud y honradez de un verdadero padre espiritual, apenas 34 años antes de que el Vaticano II supuestamente inaugurase una “nueva orientación ecuménica” en la Iglesia:

“Vuelvan, pues, al Padre común, que olvidando las injurias inferidas a la Sede Apostólica, los recibirá amantísimamente. Porque, si, como ellos repiten, desean asociarse a Nos y a los Nuestros, ¿por qué no se apresuran a venir a la Iglesia, ‘madre y maestra de todos los fieles de Cristo’?

“Oigan cómo clamaba en otro tiempo Lactancio: ‘Sólo la Iglesia católica es la que conserva el culto verdadero. Ella es la fuente de la verdad, la morada de la Fe, el templo de Dios; quienquiera que en él no entre o de él salga, perdido ha la esperanza de vida y de salvación. Menester es que nadie se engañe a sí mismo con pertinaces discusiones. Lo que aquí se ventila es la vida y la salvación; a la cual si no se atiende con diligente cautela, se perderá y se extinguirá’”.

Que Dios nos libre – tanto a católicos como a luteranos – del azote del ecumenismo y conduzca a la Iglesia al juicio y a la verdadera misericordia de su cercanía perenne a aquellos perdidos en el error. Que se termine el juego ecuménico de fingir por el bienestar eterno de las almas. Qué venga el Triunfo del Inmaculado Corazón que Nuestra Señora prometió en Fátima y que por medio de él sea corregido todo lo que ha ido mal en nuestra querida Iglesia y en el mundo, como una consecuencia, durante los pasados 50 años. 




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