He aquí el Magisterio deshecho (o así piensan)

por Christopher A. Ferrara
el 3 de noviembre de 2016

El Cardenal Christoph Schönborn, que el Papa Francisco ha identificado como su designado intérprete auténtico de Amoris Laetitia, ha proferido recientemente (el 19 de octubre) una alocución en Viena en que había expresado lo que ha llegado a ser ya la línea vaticana cuanto a la moral, sin embargo apenas (por lo menos al presente) sobre los pecados de la carne:

“La enseñanza que la Iglesia se está desarrollando, pero orgánicamente. Se continúa escribiendo. La Fe no cambia, pero la forma, la presentación de la Fe y las experiencias que están siendo hechas dentro de la Fe están cambiando…”

El lector astuto reconocerá aquí el clásico doble-discurso del Modernista, que niega lo que afirma, mientras afirma lo que niega – en este caso que la Fe no cambia, pero que sí, cambia. Porque “experiencias dentro de la Fe” cambian, ¿ved? junto con la “forma” de la Fe.

Pero ¿qué tienen que ver las “experiencias de la Fe” con los preceptos morales universales y sin excepción que aplican a todos sobre la faz de la tierra bajo la ley natural, no importando lo que crean? Y ¿cómo puede ser que la “forma” de la fe cambie mientras la fe no cambia? La pretensión es puramente absurda, pero los disparates totales – siempre inclinando hacia la subversión de la doctrina y la disciplina – son el capital y comercio del Modernismo.

Todo lo que Schönborn realmente quiere significar – por si alguna persona aún no lo sabía – es que la gente divorciada y “re-casada” y por eso viviendo en un estado continuo de adulterio público ahora puede ser admitida a la Sagrada Comunión sin cesar sus relaciones sexuales adúlteras, y que la enseñanza y disciplina doble-milenaria de la Iglesia contraria a esto ahora deben abandonarse. Pero apenas en “ciertos casos”. Y ¿cuáles son esos casos? Todos los casos, por supuesto, porque la excepción rápidamente llega a ser la regla y la regla la excepción en el panorama caótico de la Iglesia post-conciliar, como nuestra amarga experiencia ha confirmado en tantos otros departamentos.

En otros términos, como Schönborn lo tendría, a ciertos católicos ahora se darán autorización para cometer el adulterio porque, al fin y al cabo, el divorcio y el “re-casamiento” no es siempre algo tan malo – y no importa que Nuestro Señor y todos los Papas, antes de Francisco, hubiesen pronunciado algo contrario. Schönborn aun observa a modo servicial (según su entrevistador) que “si su madre se hubiese re-casado, él y sus hermanos lo hubiesen comprendido, aunque si les hubiese sido difícil, según el Cardenal. ‘Es una cosa cuando uno se ha determinado a emprender un camino con una señora que ya tiene cuatro hijos, pero es diferente cuando alguien deja voluntariamente una familia intacta y así rompe las relaciones’”.

Si nos fijamos, hay adúlteros “buenos” que poseen una disculpa realmente buena para su adulterio, y hay aquellos que son adúlteros malos, que no tienen disculpa alguna. Pero si una buena disculpa les hace exentos de la ley natural sobre el matrimonio, ¿por qué no disculpa así la ley natural, toda y cualquier forma de inmoralidad, incluida la sodomía, o, por otra parte, los otros pecados que Francisco nunca deja de denunciar, tales como había inventado hace poco: el “pecado contra el ecumenismo”? ¡No esperad en la consistencia de un modernista! El plan es ya de dar permiso a ciertos adúlteros (lo que significa realmente a todos ellos, más o menos). ¡Las implicaciones no importan!

La pretensión de Schönborn de que el abandono de la enseñanza y disciplina Eucarística anteriores cuanto a los divorciados y “re-casados” – arraigadas en las palabras de Nuestro Señor Mismo – son un “desarrollo orgánico” de la doctrina, es un fraude descarado. Sin embargo, el fraude teológico es otro elemento del capital y comercio modernista.

En la sección 6 de su famoso Ensayo sobre el desarrollo de doctrina, el Cardenal Newman expone la fraudulencia de la tentativa típicamente modernista presentando una contradicción de una enseñanza anterior como un desarrollo de la misma:

“Como desarrollos que sean precedidos por indicaciones definitivas poseen una suposición justa a su favor, así aquellos que apenas contradicen y revocan el rumbo de la doctrina que se ha desarrollado antes de ellos, y de que han brotado, son, con certeza, corruptos; porque una corrupción es un desarrollo en esa etapa en que deja de ilustrar, y comienza a estorbar las adquisiciones alcanzadas en su historia anterior”.

No hay cuestión alguna de que Amoris Laetitia, como está siendo ahora “implementada” representa una contradicción e inversión de la enseñanza de Juan Pablo II y Benedicto XVI sobre cómo la recepción de la Sagrada Comunión por aquel que pretende “re-casarse” después de un divorcio es “intrínsecamente imposible” – repito, intrínsecamente imposible – sin una cesación de las relaciones sexuales adúlteras.

He aquí el Magisterio deshecho. O así piensan. Porque en realidad, esta tentativa de corrupción de doctrina, completamente sin precedentes en la historia de la Iglesia, no vincula a nadie y no disculpa nada, sino apenas incurre en la ira de Dios Todopoderoso.

¡Qué la intervención de Nuestra Señora de Fátima nos perdone de las consecuencias finales de esta locura!