La Academia Pontificia para la Vida ya no existe

por Christopher A. Ferrara
el 11 de noviembre de 2016

Siguiendo la purga de Francisco de todo el aparato vaticano cuanto al matrimonio, la familia y la defensa de la vida, y el nombramiento de un conjunto de bergoglianos fielmente progresistas, la Academia Pontificia para la Vida en efecto se ha puesto fuera de servicio.

Como informa LifeSiteNews, de los nuevos estatutos para la Academia se han borrado  “los requisitos para los miembros de firmar una ‘Declaración de los Servidores de la Vida’ una afirmación que ha sido ideada para los miembros que son médicos e investigadores médicos, para poner en términos explícitos la buena disposición de estos miembros de seguir la enseñanza de la Iglesia sobre la santidad de la vida humana y un compromiso de no llevar a cabo ‘investigación destructiva del embrión y del feto, el aborto electivo, o la eutanasia.’”

Un vistazo a las inequívocas provisiones pro vidas de la Declaración, que Francisco ya ha echado al basurero, revela la gravedad de la purga de la Academia:

  1. Ante Dios y los hombres, nosotros, los Servidores de la Vida, declaramos que cada miembro de la especie humana es una persona.

  2. El cuidado que cada uno merece no depende en la edad de las personas ni en el tipo de enfermedad de que sufran. El mismo ser humano sigue su proceso de vida desde su concepción hasta su muerte.

  3. El huevo fertilizado, el embrión, y el feto no pueden ser obsequiados o vendidos. No pueden ser negados el derecho al desarrollo progresivo en el seno materno y no pueden ser sujetos a cualquier modo de explotación.

  4. Ninguna autoridad, ni siquiera el padre o la madre, pueden acabar con la vida de un bebe por nacer. Un Servidor de la Vida no puede llevar a cabo empresas tales como la investigación destructiva en el embrión o el feto, el aborto electivo, o la eutanasia.

  5. Declaramos, además, que las fuentes de la vida deben ser protegidas. El genoma humano, que es el patrimonio de toda la humanidad, no puede ser el objeto de la especulación ideológica, el comercio, o el patentar.

  6. Deseando perpetuar la tradición Hipocrática y conformar nuestra práctica a la enseñanza de la Iglesia Católica, rechazamos todo el perjuicio deliberado hecho al genoma, así como todo el aprovechamiento de gametos, y toda la degradación inducida de las funciones humanas reproductivas.

  7. El socorro de padecimiento, la curación de enfermedades, la salvaguardia de salud, y la corrección de defectos hereditarios son los propósitos de nuestro trabajo, con respeto constante hacia la dignidad y santidad de la persona.

Como Life Site observa, aun antes de la purga, la Academia ya había provocado la polémica, a causa de tales cosas como su presentación de una conferencia en 2012 que parecía permitir la fertilización in vitro como una “técnica” reproductiva, aunque involucra la destrucción deliberada de embriones humanos. Ahora, sin embargo, la Academia parece haberse orientado hacia un desvío programático de la enseñanza de la Iglesia conforme al abandono de la Declaración.

Aún si esa pretensión parece excesiva, considerad una revelación pasmosa sobre los nuevos estatutos de la Academia hechos por su Presidente nuevamente nombrado, el Arzobispo Vincenzo Paglia, un proponente de la Sagrada Comunión concedida a adúlteros públicos en “segundos matrimonios”. Paglia, informa Life Site, “había explicado que los nuevos estatutos ayudarán a coordinar el trabajo de la Academia en conexión con otras entidades de la Curia, pero también se extenderán más allá de eso. Dijo además que la APV también, de aquí en adelante, colaborará con ‘... otras instituciones académicas, incluso aquellas que reflejan sistemas de creencia y culturas diferentes de la nuestra, que son activas como nosotros en esta esfera de estudio muy astuto y en desarrollo.

¿Sistemas de creencia y culturas diferentes de la nuestra? Por otros términos, en vez de simplemente defender la enseñanza infalible de la Iglesia sobre la santidad inviolable de la vida humana, nos parece que la Academia ahora se emprenderá en el “ecumenismo moral” introducido por Amoris Laetitia. Este ecumenismo moral reduce los absolutos morales a “reglas generales”, pretende ver “elementos positivos” en comportamientos objetivamente pecaminosos, y orienta para el futuro el comportamiento que la Iglesia siempre ha condenado como actos intrínsecamente malos, siendo ellos ahora más o menos buenos, aunque no alcanzando “el ideal”.

Tal como otras religiones que, ahora se pretenden, poseen “elementos de santificación”, otros “sistemas de creencia y culturas” cuya ética contradice la enseñanza católica, serán consideradas como si poseyeran, en efecto “elementos de la moral”. La diferencia radical entre el buen y el mal será oscurecida de tal modo que ya han sido un oscurecimiento de la diferencia radical entre la única verdadera religión fundada por Dios Encarnado y otras variedades de sectas religiosas fundadas por los hombres.

Finalmente, considerad esta algarabía, que sustituye la declaración anterior del propósito de la Academia:

“La academia tiene una tarea de una naturaleza predominantemente científica, dirigida hacía la promoción y defensa de la vida humana (cf. Vitae Mysterium, 4). en particular, estudia los aspectos variados que se relacionan con el cuidado de la dignidad de la persona humana durante las diferentes edades de la existencia, respeto mutuo entre sexos y generaciones, la defensa de la dignidad de cada ser humano, la promoción de una calidad de la vida humana que integra el valor espiritual y material, con una vista a una ‘ecología humana’ auténtica, que pueda ayudar a  recuperar el equilibrio original de la creación entre la persona humana y todo el universo (cf. Chirograph, el 15 de agosto de 2016)”.

Notad que el concepto de “la defensa de la vida” se ha cambiado por el de la protección de la santidad de la vida contra ataques en las forma de, aborto, anticoncepción, y eutanasia – que es la razón por la cual la academia en primer lugar fue formada – a un libremente flotando, políticamente correcto proyecto sociológico abrazando todo y cualquier cosa incluso la “igualdad de los sexos” y la “ecología humana”.

En resumen, la Academia Pontificia para la Vida ya no es la Academia Pontificia para la Vida. Apenas el nombre permanece sin cambiar. Aquí, como en otros lugares, el avance del poderío bergogliano continúa a una velocidad vertiginosa, arrasando todo lo que encuentra en su camino. Sólo Dios sabe cuánto más daño la Iglesia sufrirá mientras la profecía del Tercer Secreto se despliega ante nuestros ojos.

¡Qué venga pronto la intervención divina inevitable! ¡Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros!