SOCCI: ¿SERÁ FRANCISCO UN
“CUERPO AJENO” EN LA IGLESIA?

por Christopher A. Ferrara
el 14 de noviembre de 2016

Los lectores de las Perspectivas sobre Fátima tienen pleno conocimiento de cómo las palabras y las acciones del Papa Francisco han dominado extensamente éstas, mis columnas, por lo menos a lo largo de los últimos dos años. Y las razones para esto deben ser más que evidentes:

Primera: En el corazón de cada gran crisis de la Iglesia, como ésta que ahora experimentamos, hay siempre un Papa que o es irresoluto (tal como el Papa Liberio, durante la Crisis Arriana) o es innegablemente perjudicial al bien común de la Iglesia (tal como el Papa Urbano VI, durante el Gran Cisma de Occidente). No es posible comprender estas grandes crisis sin una referencia al papel que en ellas tuvo el Papa.

Segunda: el oficio petrina está en el corazón del Mensaje de Fátima. Es el Papa solo que tiene el poder, concedido por el Cielo, de poner fin a la crisis actual, al realizar, de forma definitiva, la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María. El fracaso de sucesivos Papas en realizarla, explica la crisis de que ahora sufrimos.

Tercera: el Papa Bergoglio, al contrario de cualquier uno de los Papas que lo había precedido, tiene la intención clara de rehacer la Iglesia de acuerdo con su “sueño” que enunció en Evangelii Gaudium, su manifiesto personal:

“Sueño con una ‘opción misionera’, es decir, un impulso misionero capaz de transformar todo, de tal modo que las costumbres de la Iglesia, modos de actuar, tiempos y horarios, lenguaje y estructuras pueden ser adecuadamente canalizadas a la evangelización del mundo de hoy, en lugar de su auto-conservación”.

Más de que movidos por el temor de errar, mi esperanza es que seamos movidos por el temor de quedar cerrados en estructuras que nos dan un sentimiento falso de seguridad, con reglas que nos hacen jueces ásperos, en costumbres que nos hacen sentir en seguridad mientras a nuestra puerta hay personas muriendo de hambre y Jesús no se cansa de decirnos: ‘Dadles vosotros de comer!’ (Marcos, 6:37)”.

La absoluta ambición y audacia de estas palabras son chocantes. Nunca había un Papa que alguna vez habló en este modo, despreciando tanto y virtualmente todo cuanto en la Iglesia ha sido transmitido a través de los siglos, en términos de tradición eclesiástica. Y los resultados de estos sentimientos increíblemente temerarios son, en la práctica, como mis crónicas han documentado, el caos y la división en la Iglesia – acompañados de elogio casi universal por parte del mundo, de la “revolución Francisco”.

Nunca han sido más exageradas estas alabanzas del mundo que cuando se trata de la agenda política con que el Papa Bergoglio parece muchísimo más preocupado que con los asuntos estrictamente eclesiales: por ejemplo, apertura de fronteras, “cambios climáticos”, ambientalismo, “inclusión”, eliminación de la “desigualdad”, abolición de la pena de muerte y hasta de prisión perpetua, oposición al capitalismo (pero nunca al comunismo o al socialismo), mostrar solidaridad para con los dictadores socialistas (Castro, Morales, Maduro etc.), condenar los ricos, exaltar los pobres, y así en adelante. Y al mismo tiempo separándose, si no abandonando por completo, todo aquello que Benedicto XVI había llamado “los no-negociables”: la oposición contra el aborto, la eutanasia y las “uniones homosexuales”. Francisco dejó bien claro que las “guerras culturales” no son para él.

En resumen: el programa de lo más político de los Papas corresponde casi perfectamente al de la Izquierda globalista. Es tan conspicuo el compromiso de Francisco a una agenda política izquierdista que Roberto de Mattei, estudioso y católico italiano respectado, ha hecho esta observación asombrosa, pero muy reveladora: con la derrota de Hillary Clinton y la espantosa ascensión del populismo de Trump, Francisco “es ahora el único punto de referencia de la Izquierda internacional, privada de un líder”.

Pero Antonio Socci, exponiendo sobre este tema, observa que la elección de Trump es el “enésimo” de una serie de reveses de la agenda política bergogliana – reveses que incluyen la derrota, en las elecciones presidenciales argentinas, del candidato que Francisco prefería, habiendo sido electo Mauricio Macri, una especie de Trump argentino; y también la derrota, en un referendo popular, de su tan querido “acuerdo de paz” entre el gobierno de Colombia y los guerrilleros comunistas de la FARC.

En efecto, Francisco ha sufrido un enésimo golpe mortal con la elección de Trump “a causa de los votos en masa de los católicos [a favor de Trump]. Y ahora la sobreexposición de Francisco como estandarte de la extrema Izquierda, especialmente cuanto al tema de la inmigración, subrayará sus problemas dentro de la Iglesia, donde es cada vez más visto como un político y un cuerpo ajeno”.

¡Qué estruendosa observación! Pero reflexionando bien, se ve que es muy adecuada, teniendo en consideración nuestra experiencia de los últimos tres años con aquello que Socci apoda como el “Bergoglianismo” y que no debe confundirse con la Religión católica.

¡Qué Nuestra Señora de Fátima nos libre rápidamente de esta situación sin paralelo!