Polonia reconoce el reinado social de Cristo

por Christopher A. Ferrara
el 21 de noviembre de 2016

En estos tiempos de confusión sin precedentes en la Iglesia, es muy fácil olvidar que su fundador es Cristo Mismo, el Señor de la Historia, y que ningún mortal, ni siquiera un Papa mal aconsejado, es capaz de derrotar la influencia de lo sobrenatural en el rumbo de los acontecimientos humanos. Cualesquier males que Dios permite en el mundo serán seguidos al final por un bien mayor.

Una señal que el Señor de la Historia está operando aún hasta en el medio de la peor crisis en la historia de la Iglesia es el acto colegial hecho por los Obispos de Polonia, hace pocos días, en que formalmente reconocieron el Reinado de Cristo sobre la nación de Polonia. Como informa Rorate Caeli: “Se ha hecho en la presencia oficial del Presidente de Polonia, Andrzej Duda. Muchos peregrinos han estado presentes en Polonia para el acontecimiento. Hoy (el 20 de noviembre) el acto se repetirá en todas las catedrales y parroquias polacas”.

Sin ninguna duda es significativo que los mismos Obispos polacos han rehusado permitir la admisión a la Sagrada Comunión de aquellos que están involucrados en continuas relaciones sexuales adúlteras que se llaman “segundos matrimonios”, aunque esto es claramente lo que quiere Francisco. Como un informe noticiario relata: “el Arzobispo Stanislaw Gadecki, Presidente de la Conferencia Episcopal Polaca, dijo que la Comunión no se les podría conceder después de un período de discernimiento pastoral – algo que Francisco ha abogado – agregando que si los fieles divorciados y re-casados han tenido un primer matrimonio válido, entonces no pueden recibir la eucaristía [sic]”.

Como la Jerarquía Polaca correctamente ha reconocido, es Cristo Rey Quien declara – sin excepciones “pastorales” con base a un “discernimiento” – que “Cualquiera que repudia a su mujer, y se casa con otra, comete adulterio; y lo comete también el que se casa con la repudiada por su marido (Lucas 16:18)”. Enfrentado a un conflicto aparente entre la voluntad de Cristo Rey y la voluntad de Su Vicario, que, en sus juicios prudenciales, no es inmune al error, la Jerarquía de Polonia ha seguido a su Rey. No se ha atrevido Francisco a compeler obediencia a su novedad pastoral, porque el Santo Espíritu nunca permitiría a Papa alguno compeler a la Iglesia universal a abrazar el error.

La nación de Polonia, incluido su liderazgo político, han demostrado que el espíritu de la era – o la “fibra de la historia”, como Francisco lo ha llamado – no es irresistible, sino que es apenas el efímero desarrollo humano sin ninguna importancia para El Señor de la Historia. Polonia muestra el camino: las naciones solamente necesitan invocar a su Rey una vez más para dar marcha atrás en la marea que está arrastrando nuestra una vez cristiana civilización a un abismo de depravación total.

Como Pío XI había declarado sólo 37 años antes del Concilio Vaticano II: “…Si los hombres, pública y privadamente, reconocen la regia potestad de Cristo, necesariamente vendrán a toda la sociedad civil increíbles beneficios, como la justa libertad, tranquilidad y disciplina, paz y concordia. La regia dignidad de Nuestro Señor, así como hace sacra en cierto modo la autoridad humana de los jefes y gobernantes del Estado, así también ennoblece los deberes y la obediencia de los súbditos. Por eso el apóstol San Pablo, aunque ordenó a las casadas y a los siervos que reverenciasen a Cristo en la persona de sus maridos y señores, mas también les advirtió que no obedeciesen a éstos como a simples hombres, sino sólo como a representantes de Cristo…”

Aquella lección se ha olvidado por la mayoría en la Iglesia del liderazgo post-Vaticano II. Sin embargo, los Obispos polacos, y junto con ellos los líderes políticos de Polonia, han demostrado un regreso extraordinario a la comprensión correcta de la relación entre Dios y el Estado. Tal vez en esto atestigüemos una vista anticipada del gran renacimiento que tendrá lugar cuando por fin el Mensaje de Fátima sea atendido y el Triunfo del Inmaculado Corazón renueve la faz de la tierra. La locura reformista que ahora aprieta el elemento humano de la Iglesia será sino un mero recuerdo.