La oposición crece

por Christopher A. Ferrara
el 6 de diciembre de 2016

En la estela turbulenta de Amoris Laetitia, Francisco hasta puede llegar a pensar que conseguirá calmar las ondas de perturbación que él mismo ha desencadenado en toda la Iglesia, y forzar la aceptación de sus novedades radicales en el ámbito de la Teología de la Moral, a pesar de la publicación de la Carta histórica de los Cuatro Cardenales. El Modus operandi elegido, parece ser el uso de una pandilla de purpurados – vestidos estratégicamente con sus sombreros cardenalicios – para un movimiento semejante al del avance de peones de la Reina en el final de un juego de ajedrez. Y el papel que ellos tienen en el juego de ajedrez bergogliano es de denunciar a los cuatro Cardenales y a otros objetores como personas que fomentan la “desunión” y son “desleales” al Papa – como si Francisco fuese el líder de un partido político y tuviese que ser defendido no importando lo que él diga o haga.

Pero el sensus fidei de los católicos fieles no puede ser suprimido, ni siquiera por un Papa. Se diga – hay que decirlo – que la oposición al proyecto de Francisco para la demolición moral continúa creciendo. Nos parece que la Carta de los Cuatro Cardenales es apenas la salva de tiros iniciales de lo que promete ser una guerra civil dentro de la comunidad eclesiástica – una guerra entre la enseñanza de todos los Papas y la enseñanza de apenas uno.

Ahora, hasta las fuentes católicas que pertenecen resolutamente a la “corriente general de pensamiento” están dando la voz de la alarma, aunque discretamente. En el sitio thecatholicthing.org por ejemplo, el Padre Mark Pillon de la diócesis de Arlington, escribe que las cinco dubia (preguntas) presentadas en la Carta de los Cuatro Cardenales,

“fueron escritas muy cuidadosa y sucintamente, y han seguido el método tradicional de presentación de tales preguntas a la Santa Sede. Piden ellos al Papa que explique cómo es que ciertas afirmaciones de Amoris Laetitia deben ser comprendidas a la luz de las enseñanzas autorizadas del Papa Juan Pablo II, su predecesor [se citan textos]. Estos textos son fundamentales para la enseñanza de la Iglesia sobre principios morales, para una correcta práctica confesional, y para la disciplina sacramental”.

Cuanto al silencio absoluto de Francisco ante las dubia, el Padre Pillon señala que tal silencio es, por sí solo, “una asombrosa respuesta de la Cátedra de San Pedro. Casi se le podría llamar imprudente, dado el enorme potencial de este asunto en dividir a la Iglesia”.

Viniendo de un sacerdote diocesano que publica su comentario en un sitio católico “de la corriente general de pensamiento”, estas observaciones son una acusación implícita y arrasadora a este Pontificado: es decir, que tenemos un Papa cuya nueva enseñanza parece contradecir la anterior enseñanza papal con respecto a los fundamentos del edificio moral de la Iglesia y de la disciplina sacramental con él integralmente relacionada, amenazando así a la Iglesia con un ‘cisma provocado papalmente’.

Yendo más lejos aún, el Padre Pillon cita al ilustre filósofo católico Robert Spaemann, líder de la oposición de los laicos contra los errores de Amoris Laetitia, y quien ha observado el año pasado que “Este Papa es uno de los más autócratas [de los Papas] que hemos tenido de hace mucho tiempo”. Cita también a Philip Puella, corresponsal de la Agencia Reuters y admirador de Francisco que, como tal, escribe de modo aprobador, contando que a “Francisco le gusta romper las reglas y cambiarlas después cuando el choque ha pasado”, y que, “siguiendo su elección, él designó a personas de su confianza para los cargos más bajos y medianos dentro de los departamentos del Vaticano, donde ellos serían ‘sus ojos y oídos’”. Se parece más a la intención de un dictador de imponer su voluntad personal recurriendo a espías o a la policía secreta, que a la intención de un Pontífice Romano de guardar y defender lo que ha heredado y le pertenece ahora a él guardar y defender.

Pero Francisco y sus colaboradores no serán capaces de escarnecer a los católicos leales, ni de despreciar, degradar y reducir al silencio su oposición. No hay mano de hierro alguna que pueda extinguir el sensus fidei, tal como no se puede extinguir a El Espíritu Santo. Lo que, sí, se extinguirá en el tiempo que Dios determine, es la tentativa de Francisco de derrocar la enseñanza constante de la Iglesia.

En verdad, podríamos nosotros – o los que nos seguirán – ver el día en que un sucesor de este Papa pronunciare sobre Francisco el mismo tipo de condenación que León II había pronunciado sobre Honorio I, quien había alentado la expansión de la herejía monotelita (que afirmaba que en Cristo habría apenas una voluntad divina, y no una voluntad también humana) enviando a un líder de los herejes (Sergio) una Carta concordando con su herejía. Vease abajo el texto de condenación del Papa León II:

“Nosotros anatematizamos los inventores del nuevo error, que son: Teodoro, Obispo de Farán, Sergio, Pirro, Pablo, y Pedro, que son más traidores que los jefes de la Iglesia de Constantinopla, y también a Honorio, que no había tratado de santificar a esta Iglesia Apostólica con la enseñanza de la Tradición apostólica, sino que, mediante una traición profana, permitió que su pureza fuese ensuciada.”

¿Será esto el destino del “inventor de un nuevo error” – que ahora está declarando, en oposición a la enseñanza del mismísimo Papa que él canonizó, que ciertos adúlteros públicos en “segundos matrimonios” pueden recibir la Sagrada Comunión después del “discernimiento” de la aceptabilidad de sus “uniones adúlteras”? La historia lo juzgará. Pero Dios ha juzgado ya los errores de Amoris Laetitia: Veredicto a favor de los querellantes, que son los que se oponen a los errores en nombre de la Verdad – que nos libertará.