Sobre Ankara y Berlín
¿Se ha sustituido el Magisterio por
un Ministerio de Propaganda?

por Christopher A. Ferrara
el 21 de diciembre de 2016

El Papa Francisco ha hecho un trabajo óptimo de poner en posiciones-clave a través de la Iglesia promotores obedientes a lo que Antonio Socci ha llamado tan adecuadamente el “Bergoglianismo”. El Bergoglianismo consiste esencialmente en lo que Francisco piensa, en contra de aquello que la Iglesia ha enseñado desde siempre. Por ejemplo, en el caso de admitir a los divorciados y “re-casados” a la Sagrada Comunión, a pesar de su condición de “adulterio público y permanente”, el Bergoglianismo vence hasta la enseñanza contraria de los dos predecesores inmediatos de Francisco que habían declarado – de acuerdo con toda la tradición – “intrínsecamente imposible” lo que el Bergoglianismo sustenta que no sólo es posible sino también “misericordioso”.

Un principio clave del Bergoglianismo, enunciado en el manifiesto Evangelii Gaudium, es la aserción espectacularmente falsa de que “el Islán auténtico y la lectura correcta del Alcorán se oponen a toda forma de violencia”. Toda la historia del Islán y su guerra contra la Cristiandad hablan en contra de esta pretensión absurda.

Pero los hombres que Francisco ha puesto estratégicamente en la jerarquía defienden con diligencia esta falsedad evidente cuanto a un hecho (y no a la doctrina católica) como si fuese una enseñanza auténtica del Magisterio – al contrario de lo que obviamente es: propaganda a favor del Islán proferida por un Papa que parece determinado a fomentar la hijra musulmana (la conquista de los infieles por la inmigración) actualmente desplegándose en Europa y en los Estados Unidos. Es especialmente el caso en Italia, donde 71% de los “refugiados” de quienes Francisco insiste que se les debe permitir inundar el país, son varones en edad militar.

Por eso, las secuelas del asesinato en Ankara del embajador ruso por un terrorista islámico que gritó “Allahu akbar” y el asesinato en masa de compradores navideños en Berlín por otro “soldado” camionero del ISIS, el designado de Francisco en la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), Mons. Nunzio Galantino, se ha apresurado a informar a la prensa de que estas incidentes más recientes de terrorismo islámico no tienen nada que ver con cualquier “choque de civilizaciones” entre el Islán y Occidente, sino apenas “egoísmo y dominación” a favor de aquellos que “están interesados en el poder o el dinero, los que hacen comercio con armas”.

Francisco nombró a Galantino a la CEI como Secretario General para neutralizar a su Presidente y asegurar que la CEI siguiese la línea Bergogliana. Y a este respecto, Galantino lo ha hecho perfectamente. Por eso en una entrevista en 2014 hizo eco del llamado Bergogliano para la “discusión libre” de enseñanzas morales ya definidas por medio del manipulado “Sínodo sobre la familia”, declarando que su voluntad para la Iglesia es que “se pudiese hablar de cualquier tema – de sacerdotes casados, de la Eucaristía para los divorciados, de la homosexualidad sin tabú, empezando con el Evangelio y dando razones por sus posiciones”. ¡Como si la Iglesia tuviese que proporcionar “razones” para sus “posiciones” sobre la ley natural y divina!

Y ha sido Galantino quien, diligentemente repitiendo como un loro el disgusto Bergogliano para con católicos “obsesionados” por el aborto, la anticoncepción y la eutanasia, infamemente escarneció a los defensores de pro-vida:

“En el pasado nos hemos concentrado demasiado en el aborto y la eutanasia. No debe ser así porque en el intermedio hay la vida real que está cambiando constantemente. No me identifico con la persona inexpresiva que se pone a sí misma fuera de la clínica de aborto recitando su rosario, sino con jóvenes, que están aún contra esta práctica, pero están, en vez de eso, luchando por la calidad de vida, su salud, su derecho a trabajo”.

La falsa disyunción entre absolutos morales y la “vida real” es otro tema Bergogliano común. Como Francisco dijo a un grupo de seminaristas polacos durante su visita a Cracovia: “En la vida, no todo es negro sobre blanco ni blanco sobre negro. ¡No! Los matices de gris prevalecen en la vida. Debemos enseñarles cómo discernir en esta área gris”.

Evidentemente, ningún Papa en la historia de la Iglesia ha hablado jamás de este modo. Pero Francisco se ha rodeado a sí mismo de hombres que hablan y piensan como él, y está sistemáticamente instalándolos en las palancas del gobierno de la iglesia. Y ahora, mientras cuatro Cardenales, en público, valientemente preguntan al Papa si él quiere socavar todo el edificio moral de la Iglesia, tenemos la impresión definitiva de que hay un esfuerzo de sustituir el magisterio perenne por una especie de Ministerio de Propaganda cuya sola misión es promover el pensamiento de Francisco antes que la Verdad que nos hace libres.

Porque fijados, como Francisco ha dicho sobre su propia interminable corriente de pronunciamientos: “Estoy haciendo declaraciones constantemente, dando homilías. Eso es el magisterio. Eso es lo que pienso, no lo que los medios de comunicación dicen que pienso”. Pero el Magisterio ni es lo que Francisco piensa ni lo que los medios de comunicación dicen que piensa. Más bien, el Magisterio es la enseñanza constante de la Iglesia a la cual Francisco debe conformarse en “obediencia a Cristo y a Su Palabra. No debe proclamar sus propias ideas, sino constantemente vincularse a sí mismo y a la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, ante todas las tentativas de adaptarla o debilitarla, y todas las formas de oportunismo”.

Así habló el predecesor inmediato de Francisco con respecto al deber más básico de un Papa. Pero ha sido la abdicación misteriosa de Benedicto la que nos llevó a la situación asombrosa que ahora nos confronta – una situación en la que poco o nada de lo que venía de antes parece tener importancia alguna al ocupante actual de la Silla de San Pedro.

Por eso está la carta de los Cuatro Cardenales. Por eso está la oración de los fieles de que la Iglesia sea libertada de esta crisis eclesial pasmosa y enteramente sin paralelo – una crisis que se puede apreciar por completo, sólo a partir de la perspectiva de Fátima y del precioso Secreto revelado allá en el 13 de julio de 1917.