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Perspectivas Sobre Fátima

Es tiempo de Navidad otra vez, pero el demonio
debe de tener sus "derechos" de Primera Enmienda.

por Christopher A. Ferrara
el 22 de diciembre de 2016

Bajo el régimen estadounidense de la libertad de Primera Enmienda, el Estado no puede tomar medida alguna para defender la verdad contra el error en cuestiones de la religión o la moral. La idiota noción moderna de la libertad es que todos "tienen el derecho a estar equivocados", hasta el derecho de abogar por el asesinato de niños en el seno materno o por el "matrimonio" entre miembros del mismo sexo.

Sin embargo, ¡no cuando se trata de dinero! Lo absurdo de nuestro régimen de libre expresión se hace manifiesto con un simple ejemplo: Alguien que miente sobre el valor de un producto comercial, induciendo a la gente a gastar unos pocos dólares, puede estar sujeto a castigos civiles y hasta criminales por el fraude al consumidor, incluso con el encarcelamiento. Pero alguien que miente sobre Dios y Su Ley, induciendo la gente a abandonar la fe y la moral con consecuencias eternas infinitamente peores que cualquier pérdida de dinero, tiene el absoluto "derecho constitucional" de hacerlo.

Lo que es peor aún: el que interfiere en la promulgación de errores que son mortíferos para el alma es quien enfrenta los castigos de la ley, incluso de cárcel.

En ningún momento es este absurdo régimen más detestable, que en la estación navideña. Por ejemplo en Boca Ratón, Florida una emisora televisiva local informa que entre un árbol navideño y un belén navideño, que son parte de una "exhibición de días festivos" ubicada en la propiedad pública, un adorador de Satanás ha levantado una "gran pantalla con un pentagrama en el que se lee: "'En Satanás confiamos', 'Celebrad el Solsticio Invernal' y 'Ave Satanás, no a los Dioses'".

El autor de esta atrocidad se llama Preston Smith, un profesor de la escuela pública de Palm Beach – parte del sistema de la enseñanza pública que opera como un vasto seminario de conformismo produciendo haraganes obedientes que repiten como loros los eslóganes de la modernidad política tales como "todo al mundo tiene el derecho de estar equivocado" y "lo que es verdad para Usted no es necesariamente es verdad para los otros".

Y bajo nuestro régimen de desenfrenada "libertad de expresión" no hay nada que cualquier persona pueda hacer sobre la presentación satánica ubicada en la propiedad pública de Boca Ratón o en cualquier otro lugar. Tal y como el Tribunal Supremo ha dejado claro en Lynch v. Donnelly (1984), la exhibición de un Belén navideño en la propiedad pública puede sí, ser tolerada, pero sólo si forma parte de una "exhibición festiva" junto con otros símbolos festivos, tales como (en ese caso) renos de plástico, o (en este caso) una muestra satánica que llama a la celebración del solsticio invernal. Tales exhibiciones mezcladas, concluye el Tribunal, tienen un "propósito seglar" que no contraviene la prohibición de la Primera Enmienda contra el "establecimiento" de religión por el gobierno.

En otro caso después de eso, sin embargo, County of Allegheny v. American Civil Liberties Union (1989), el Tribunal Supremo decidió como inadmisible un Belén navideño dentro del palacio de justicia del condado con una pancarta en la que se leía "Gloria a Dios por el nacimiento de Jesucristo", al que le faltaba el indispensable reno de plástico y otros símbolos neutralizantes tales como un árbol navideño o la Menorah. Pero el Tribunal, acariciando su barbilla colectiva, decidió que una exhibición fuera del palacio de justicia que muestra un Menorah, un árbol navideño y un cartel celebrando la Libertad era suficientemente seglar en su propósito para pasar la prueba constitucional.

En breve, el Estado no puede favorecer a Cristo sobre Satanás en tiempo de Navidad. Ni puede permitirse cualquier presentación navideña que sea capaz de comunicar el mensaje de que Cristo es Dios Encarnado y el Salvador de aquellos que crean en Él, o que Satanás es la encarnación del mal cuyas obras deben ser renunciadas. Dios y el demonio tienen los mismos "derechos" bajo la Primera Enmienda.

Por supuesto, sabemos ya el resultado final de esta locura: Cuando el bien y el mal se ponen en pie de igualdad ante la ley, el mal prevalecerá en la sociedad civil. Eso es lo que León XIII advirtió en su emblemática encíclica sobre la naturaleza verdadera de la libertad humana:

"Si se concede a todos una licencia ilimitada en el hablar y en el escribir, nada quedará ya sagrado e inviolable. Ni siquiera serán exceptuadas esas primeras verdades, esos principios naturales que constituyen el más noble patrimonio común de toda la humanidad. Se oscurece así poco a poco la verdad con las tinieblas y, como muchas veces sucede, se hace dueña del campo una numerosa plaga de perniciosos errores.

El Papa León XIII describió la mismísima situación en que Occidente una vez cristiana ahora experimenta: el mal ha triunfado mientras la verdad es denunciada y hasta perseguida criminalmente como siendo "causa de odio". Nuestros líderes políticos y hasta religiosos actúan como "animadores imbéciles" a favor de la locura que está destruyendo nuestra civilización y conduciendo al naufragio eterno de incontables almas.

La Madre de Dios previó todo esto. Por eso es que Ella vino a Fátima para asegurar la conversión de Rusia y el triunfo de Su Inmaculado Corazón. No obstante, mientras nos acercamos al centenario de Su aparición más significativa en la tierra, podemos sólo tener pavor de las consecuencias inminentes del fracaso del liderazgo eclesiástico en atender sus peticiones urgentes.




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