Cardenal Schönborn pedalea hacia atrás sobre la locura de fronteras abiertas

por Christopher A. Ferrara
el 28 de diciembre de 2016

Parece que el Cardenal Christoph (“Sagrada Comunión para los adúlteros públicos”) Schönborn está experimentando un cambio de opinión sobre la política suicida de fronteras abiertas de Austria que ha permitido una invasión de “refugiados” – en su mayor parte varones musulmanes en edad militar. Sus contribuciones más destacadas hasta la fecha a la sociedad austriaca han sido la violación, la violencia callejera, exigencias para la acomodación de la ley islámica a la vida pública austriaca y una masiva pérdida de la tesorería pública.

En una entrevista transmitida por la televisión austriaca, Schönborn ha dicho que “había llegado a ‘repensar’ su posición sobre la crisis de la inmigración”. Ahora él “ya no está convencido de que Europa debería aceptar a todas las personas que llegan” y está haciéndose “más cauteloso” porque un “número increíble” de “refugiados” ha llegado al país.

Schönborn, un Cardenal siempre políticamente correcto, durante un rato de pensamiento racional y desinhibido, ha llegado hasta el punto de dar voz a la advertencia de los llamados Islanofobios que han expresado desde el inicio: ¿“Habrá una tercera tentativa islámica de conquistar Europa? Muchos musulmanes piensan en esto, lo quieren y dicen que Europa llega a su fin”.

¡Ahora nos lo dice usted! Como si no lo supiésemos. Metiendo el dedo del pie aún más profundamente en el mortífero pozo de lava de opiniones políticamente incorrectas, Schönborn hasta declara: “el patrimonio cristiano de Europa está en peligro, porque nosotros, los europeos, lo hemos malgastado”.

Retirándose de la caldera ardiente, sin embargo, Schönborn rápidamente añade: “eso no tiene absolutamente nada que ver con el Islán ni con los refugiados”. ¡Por supuesto que no! ¿Qué tiene que ver el avance de una invasión musulmana en Europa occidental con el peligro del patrimonio cristiano en Europa? ¡Nada, nada, nada!

Según Schönborn, “Está claro que a muchos islamistas les gustaría aprovecharse de nuestra debilidad, pero no son responsables de ella. Somos nosotros los responsables”. Por eso, por un lado, el Islán no tiene nada que ver con el peligro del patrimonio cristiano de Europa; pero, por otra parte, los islamistas procuran aprovecharse de la debilidad de los cristianos. No se trata de que muchos musulmanes aprovechándose de cristianos débiles representan un peligro para la identidad cristiana de Europa. ¡Nunca! El peligro es completamente por culpa de los cristianos porque están permitiendo que todos aquellos “refugiados” musulmanes se aprovechen de ellos – y esto no tiene nada que ver con los refugiados.

Acabamos así con el momento del lógico pensamiento del Cardenal. Parece haber terminado casi tan pronto como comenzó – un intervalo lúcido en la mente de un Modernista de palabras insinceras que piensa que la admisión de adúlteros públicos a la Sagrada Comunión es coherente con la enseñanza constante de la Iglesia en contra de la admisión de adúlteros públicos a la Sagrada Comunión.

Nuestro prelado-veleta ha dado en el clavo, sin embargo. La debilidad espiritual de Occidente una vez cristiana invita ahora a su territorio precisamente a aquellos a quienes la Europa cristiana expulsó en 1683 a los portales de Viena. Y si Schönborn quiere apreciar aquella debilidad en su profundidad existencial, él no necesita más que mirarse en el espejo, donde verá esto:

He aquí al Cardenal presidiendo una de las Globo-Misas que sintetizan el derrumbe de la fe y disciplina de la Iglesia católica a partir del calamitoso Concilio Vaticano II con su ruinosa “apertura al mundo” y su perspectiva absurdamente irénica de los que Pio XI, apenas unos pocos años antes del Concilio, había llamado “la oscuridad de Islán”. Sin duda el espectáculo de este prelado bufonesco provocaría la risa desdeñosa de los Imanes y “refugiados” musulmanes que sueñan con un califato islámico levantado en el medio de lo que una vez fue la Cristiandad.

Y todo esto es efectivamente tal y como Hilaire Belloc vaticinó en 1938, en la víspera de la IIª Guerra Mundial, después de que en la Iª Guerra Mundial ya hubiese sonado el lamento de muerte para la civilización cristiana con la caída de la Casa de Habsburgo – precisamente en Austria. Belloc escribió entonces:

“Las culturas nacen de las religiones; la fuerza vital que cualquier cultura sustenta, por último, está en su filosofía, su actitud ante el universo; el decaimiento de una religión involucra la corrupción de la cultura correspondiente – y lo vemos con mayor claridad en la disolución del cristianismo hoy. El trabajo mal hecho comenzado por la Reforma está dando su fruto final en la disolución de nuestras doctrinas ancestrales – la propia estructura de nuestra sociedad está disolviéndose…

“No ha sucedido tal disolución de la doctrina ancestral en el Islán – o, por lo menos, nada que corresponda a la desintegración universal de la religión en Europa. Toda la fuerza espiritual del Islán aún está vigente entre multitudes de Siria y Anatolia, de las montañas orientales asiáticas, de Arabia, en Egipto y África del Norte. El fruto final de esta tenacidad, la segunda era del poder islamista, puede demorarse – pero dudo si se puede aplazar permanentemente.”

El tiempo de demorarse ha acabado. El momento terrible es ahora. Pero con prelados como Schönborn dirigiendo la Iglesia, bajo un Papa rebelde quien hasta el Wall Street Journal puede reconocer efectivamente como “el líder del movimiento izquierdista mundial”, hablando humanamente ya no hay esperanza de advertir “la segunda era del poder islamista”.

Pero, con todo, tenemos a la Madre de Dios para rescatarnos cuando todo parece perdido. Tal es la promesa profética del Mensaje de Fátima, cuya gloriosa realización hará minúsculos los fracasos de prelados vacilantes y Papas errados.