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Perspectivas Sobre Fátima

El Cardenal Müller se tapa los ojos

por Christopher A. Ferrara
el 9 de enero de 2017

Según Stanze Vaticane, el blog para el canal italiano televisivo TGCom24, el Cardenal Gerhard Ludwig Müller ha rechazado cualquier corrección al Papa Francisco en cuanto a aquellas secciones explosivas de Amoris Laetitia (especialmente Capítulo 8, ¶¶ 302-305) que han provocado que los cuatro Cardenales presenten su dubia al Papa Francisco. Aquellas cláusulas de Amoris claramente abren la puerta a la Sagrada Comunión para los divorciados y “re-casados” en “ciertos casos” – tal como Obispo tras Obispo están ahora declarando – aunque parece que reducen los preceptos negativos de la ley natural que no admiten excepciones (incluso “no cometerás el adulterio”), a “reglas generales” y apenas “ideales a alcanzar” en vez de mandamientos divinos respecto a los cuales nadie puede pretender una excepción.

Pero la elección de las palabras de Müller es muy curiosa. Tal y como nos informa Stanze Vaticane, durante una entrevista con TGCom 24 (las traducciones son mías), Müller ha afirmado:

“Todo el mundo, especialmente los Cardenales de la Iglesia Romana [sic], tienen el derecho de escribir una carta al Papa. Estaba yo asombrado, sin embargo, que esto haya llegado a hacerse público, casi obligando al Papa a decir ‘Sí’ o ‘No’. No me gusta eso. También, una posible corrección fraterna del Papa me parece a mí muy lejana. No es posible de momento porque no involucra un peligro para la fe como Santo Tomás dice. Estamos muy lejos de una corrección y digo que hace daño a la Iglesia discutir estas cosas públicamente.

En “Amoris Laetitia está muy clara en la doctrina, y podemos distinguir toda la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio, toda la doctrina de la Iglesia durante los 2000 años de historia. El Papa Francisco pide discernimiento de la situación de aquellos que viven en una unión irregular, es decir, no según la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio, y pide auxilio para estas personas para que encuentren un camino a una nueva integración en la Iglesia según las condiciones de los Sacramentos, del mensaje cristiano sobre el matrimonio. Pero no veo ninguna contraposición: por un lado, tenemos la doctrina clara sobre el matrimonio, y por el otro, la obligación de la Iglesia de preocuparse sobre estas personas en dificultades”.

En primer lugar, ¿por qué es que Müller está “asombrado” de que las dubias hayan llegado a ser públicas? Los cuatro Cardenales han afirmado claramente en su carta de acompañamiento que cuando las dubias fueron primero entregadas en privado a Francisco, “el Santo Padre decidió no responder. Hemos interpretado su decisión soberana como una invitación a continuar la reflexión y la discusión, con calma y respeto. Por eso estamos informando a todo el pueblo de Dios sobre nuestra iniciativa, ofreciendo toda la documentación”.

Y eso es su derecho como Cardenales, como es, en efecto, el derecho de cualquier fiel:

“Según el conocimiento, competencia, y prestigio que poseen, tienen el derecho y hasta, a veces, el deber de dar a conocer a los pastores sagrados su opinión sobre cuestiones que pertenecen al bien de la Iglesia y dar a conocer su opinión universalmente a los fieles cristianos, sin prejuicio de la integridad de la fe y la moral, con reverencia para con sus pastores, y atentos al provecho común y dignidad de las personas (Canon 212§ 3)”

Segundo, ¿por qué razón es considerada “muy lejana” una “posible corrección fraterna” – significando que hay un potencial para tal – cuando Müller dice al mismo tiempo que Amoris presenta la doctrina católica sobre el matrimonio y que no hay oposición a esa doctrina en el llamado al “discernimiento” de la situación de gente en “uniones irregulares”? Si Amoris estuviese realmente tan clara y no hubiese en verdad ninguna contradicción entre la doctrina católica sobre la indisolubilidad del matrimonio y el llamado de Francisco por el “discernimiento”, Müller diría simplemente que una corrección de Francisco no es necesaria. No diría que una corrección “no es posible en este momento…”

Tengo miedo de que la afirmación de Müller caiga en la categoría de muchas afirmaciones que han sido emitidas por el Vaticano durante los pasados 50 años: doble lenguaje astutamente hablado que intenta tenerlo en ambos sentidos.

Pues bien, vamos a ser serios. El Cardenal Müller sabe muy bien que Amoris no es apenas problemático, sino una verdadera bomba de hidrógeno, y lo que es elegido como blanco son los fundamentos de la vida cristiana. Como los cuatro Cardenales señalan en su presentación a Francisco, quien está determinado a permanecer callado ante ella, Obispos diferentes interpretan Amoris de modo diferente – algunos a favor, otros en contra – cuanto a la admisión de adúlteros públicos en “segundos matrimonios” a los Sacramentos (en “ciertos casos”) sin una enmienda anterior de su vida. Müller también sabe bien que Francisco está aliado con el grupo a favor. En su carta a los Obispos de Buenos Aires a propósito de sus “orientaciones” para la “implementación” de Amoris, Francisco ha declarado que no hay “ninguna otra interpretación” de Amoris que sus orientaciones que proporcionan lo siguiente:

“Sí, es reconocido que, en un caso concreto, hay limitaciones que mitigan responsabilidad y culpabilidad (cf. 301-302), especialmente cuando una persona cree que él/ella incurriría en una falta subsiguiente por hacer daño a los niños de la nueva unión, Amoris Laetitia ofrece la posibilidad de tener acceso a los Sacramentos de Reconciliación y Eucaristía (cf. notas de pie de la pág. 336 y 351).”

En consecuencia, los cuatro Cardenales correctamente señalan con preocupación (mientras Francisco se queda callado) que los intérpretes de Amoris “llegan a conclusiones diferentes... debido a modos divergentes de comprensión de la vida moral cristiana”. Por eso concluyen:

“En ese sentido, lo que está en juego en Amoris Laetitia no es apenas la cuestión de si los divorciados que hayan entrado ya en una nueva unión puedan – bajo ciertas circunstancias – ser re-admitidos a los Sacramentos.

“Sino que la interpretación del documento implica abordajes diferentes y contrarios al modo de vida cristiana. Por eso, mientras la primera pregunta de las dubia tiene que ver con una cuestión pragmática cuanto a los divorciados y civilmente re-casados, las otras cuatro preguntas tienen que ver con cuestiones fundamentales sobre la vida cristiana”.

En efecto, la quinta pregunta presentada, pide al Pontífice Romano, entre todas las personas que hay sobre la faz de la tierra, si siguiendo Amoris “se necesita considerar como aún válida la enseñanza de la encíclica Veritatis Splendor de San Juan Pablo II, nº 56, que está basada en las Sagradas Escrituras y en la Tradición de la Iglesia, que excluye una interpretación creativa del papel de la conciencia y que enfatiza que la conciencia nunca puede ser autorizada a excepciones legítimas a las normas morales absolutas que prohíben actos intrínsecamente malos en virtud de su objeto”? En resumen: ¿Está autorizando Francisco – el Papa – a desviar la ley natural?

Müller sabe todo esto. Y sabe que todo el mundo católico está en confusión en las secuelas de la publicación de Amoris, porque algunas diócesis ahora consideran como “misericordia” aquello que otras consideran como un pecado mortal: la recepción de la Sagrada Comunión por gente involucrada en el adulterio. Es cierto que sabe lo que está sucediendo. No obstante, ha elegido vendar los ojos para ser capaz de decir que una corrección de Francisco “no es posible al momento porque no involucra un peligro de la fe…”

¿En verdad? ¿Y si no ahora, entonces cuándo? ¿Después de que miles y tal vez millones de almas pongan en peligro su salvación eterna por recibir la Sagrada Comunión a la vez que están involucrados en relaciones adúlteras sexuales? ¿Después de que la fe ya debilitada en el Santo Matrimonio fuese completamente destruida en muchas almas por ver el espectáculo de personas que no están casadas siendo tratadas como si fuesen casadas? ¿Después que el propio concepto de pecado mortal fuese de facto abolido por la noción subversiva, promovida por Francisco en Amoris ( (¶ 303), de que la conciencia puede correctamente aconsejar la continuación de un comportamiento gravemente pecaminoso como siendo “lo que, al presente [!], es la respuesta más generosa que se puede dar a Dios… aunque no sea todavía completamente el ideal a alcanzar”?

Qué día triste para la Iglesia cuando el jefe de su la congregación para la doctrina se tapa los ojos a lo que es tal vez, como Mons. Athanasius Schneider ha observado, la crisis doctrinal más grande desde la herejía Ariana. Cuán triste también que en contraste a los cuatro Cardenales que han hecho frente a la crisis con ojos bien abiertos, debemos decir de Müller lo mismo que Nuestro Señor dijo de los Fariseos: “Dejadlos: ellos son ciegos guías de ciegos; y si un ciego guiar a otro ciego, ambos caen en el hoyo.” (Mat. 15:14) 




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