Más sobre la venda en los ojos del Cardenal Müller

por Christopher A. Ferrara
el 11 de enero de 2017

El excelente Edward Pentin, escribiendo para el National Catholic Register de EWTN hace poco (el 9 de enero) ha publicado un informe entre bastidores que tal vez explique el misterio de la aparente capitulación del Cardenal Gerhard Müller sobre la crisis sin precedentes provocada por Amoris Laetitia – una capitulación que se extiende a un criticismo público de los cuatro Cardenales que han enfrentado la crisis al publicar las dubia que entregaron a Müller, Jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), así como al Papa Francisco.

Pentin informa que "ha emergido que la CDF tenía reservas claras sobre el documento [Amoris] antes de su publicación – preocupaciones que nunca fueron atendidas. Un funcionario bien informado recientemente dijo al Register que un comité de la CDF que había estudiado un borrador de Amoris Laetitia planteó dubias 'semejantes' a aquellas de los cuatro Cardenales".

Notad bien: Pentin revela que Müller mismo entregó el equivalente de las dubia de los Cardenales aun antes de que Amoris fuese promulgada. Sin embargo, ahora él toma la posición de que no hay nada impropio en el documento – que no presenta peligro alguno para la fe, y que él está "asombrado" por las acciones de los Cardenales.

Pentin también recuerda, como primero fue revelado en abril por el periódico francés Le Figaro, que la CDF – haciendo referencia a Müller – había entregado no menos de 20 páginas de correcciones a Amoris antes de su publicación. ¡Veinte páginas de correcciones a un documento que Müller ahora pretende hacer ver que está perfectamente en armonía con la enseñanza de la Iglesia! Parece que Francisco y su equipo de escritores anónimos no aceptaron ninguna de esas correcciones.

Como Pentin también revela, un alto funcionario del Vaticano ha acabado de informar al Register que la CDF "entregó muchas y muchas correcciones, y ni una de las correcciones fueron aceptadas…" Además, agregó el funcionario, la posición actual de Müller, como es expresada durante la entrevista TGCom 24 que discutí aquí, "es exactamente contraria a todo lo que me ha dicho sobre el asunto hasta ahora". El mismo funcionario cree que el cambio rotundo de Müller hace pensar en "alguien que no estaba hablando por sí mismo, sino repitiendo lo que otra persona le había ordenado decir".

Juntad estos hechos al decreto de Francisco que Müller inmediatamente despidiera tres ortodoxos sacerdotes-teólogos que eran, a lo largo de muchos años, contribuyentes principales al trabajo de la CDF pero que son conocidos como críticos de Amoris y otras decisiones hechas por Francisco. Tal y Como es informado por el respetadoVaticanista Marco Tosatti, Müller, consternado por el decreto – por el cual no había dado ningún motivo – procuró y obtuvo una audiencia con Francisco, quien le informó: "Yo soy el Papa y no necesito dar razones de ninguna de mis decisiones. He decidido que tienen que salir y tienen que salir", y entonces, con un ademán, terminó abruptamente la audiencia.

Por eso parece que es Francisco, y nadie más, quien ha puesto la venda sobre la cabeza de Müller. Y o Müller no verá ningún mal o verá el fin de su permanencia como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, juntándose con todas las otras víctimas de las varias purgas Bergoglianas. Mientras tanto, la CDF queda sin dientes en la defensa de la doctrina. Del mismo modo, la Congregación para el Culto Divino ha quedado sin dientes por la purga de todos sus miembros menos su jefe, el Cardenal Sarah, que, al igual que el Cardenal Müller, está aislado e indefenso mientras Francisco – quien habla incesantemente de descentralizar la autoridad en la Iglesia – hace cualquier cosa que quiera, en cualquier momento que quiera.

Las doctrinas de la fe y la sagrada liturgia ahora están completamente a disposición de Francisco y su camarilla de ultra-progresistas escogidos a mano. No hay que tener ninguna resistencia. Tal y como ha notado LifeSiteNews: "Tosatti habla de una 'fiebre autocrática que parece haber estallado en el Vaticano'. Lo que es interesante, este paso autoritario [el despido de los tres sacerdotes] parece en contra de la muy celebrada 'misericordia' de Papa Francisco y su manera supuestamente amable de tratar con la gente".

"Yo soy el Papa y no necesito dar razones de ninguna de mis decisiones". Éstas no son las palabras del "Papa misericordioso" que el aparato vaticano de relaciones públicas ha creado para el consumo público con el auxilio de los sicofantes medios de comunicación sociales. Son las palabras de un autócrata para quien el Oficio Petrino no es una responsabilidad sagrada, sino un instrumento para la imposición de su voluntad.

Nadie puede destituir a un Papa, porque él no tiene juez alguno en la tierra. Pero un tirano puede ser resistido – hasta un tirano papal, como unos de los teólogos más destacados de la Iglesia, empezando por Santo Tomás de Aquino, han dejado claro. Todo lo que se necesita en este caso, es que un número suficiente de Cardenales que se unan con los cuatro que han levantado la voz para declarar públicamente que Francisco va por el camino errado y debe retomar el camino cierto – el camino de la Tradición – para el bien de la Iglesia y el bien eterno de las almas.

Hasta un Papa se hallaría a sí mismo incapaz de abusar de su autoridad cuando sus subalternos se unificasen para contrariar debidamente el abuso. Hay apenas un número limitado de cabezas que Francisco puede decapitar antes de que se destruya su propia credibilidad como un pastor humilde cerca al pueblo. Y, al fin y al cabo, la Iglesia es la casa de los fieles, y no un campo de prisión dirigido por un comandante.

¡Qué los Príncipes de la Iglesia, invocando la asistencia de la Medianera de Todas las Gracias, hallen el ánimo para decir al Rey que ya no se puede continuar por este camino!

¡Nuestra Señora de Fátima, sé nuestro amparo!