¿Qué tienen en común el incidente de los Caballeros de Malta
con la retirada del Cardenal Müller sobre Amoris?

por Christopher A. Ferrara
el 12 de enero de 2017

Puede parecer áspero, pero en este momento las pruebas son innegables: la incesantemente pregonada “reforma de la Curia Romana” para la cual supuestamente Francisco ha sido elegido, está revelándose ser esencialmente un proceso en el que todo el aparato vaticano está siendo invadido por la que Michael Brendan Daugherty llama “una camarilla fraterna de aliados” – todos ellos amigos de Francisco determinados a llevar a cabo cambios radicales en la Iglesia – acompañado de una purga de todos los oponentes fuera de ese círculo de amigos. En lugar de la defensa de fe y de la disciplina, su programa es una consolidación del régimen Bergogliano. Y habrá una retribución rápida e implacable para quien se resista la operación.

Tomad por ejemplo el incidente de los Caballeros de Malta.  Os acordaréis de que, en una de sus muchas maniobras durante el Falso Sínodo, Francisco despidió al Cardenal Burke como jefe de la Signatura Apostólica, el tribunal más alto de la Iglesia, y lo humilló al transferirlo a servir como Cardenal Patrón de la Orden Militar Soberana de Malta. Ha sido ideado para poner fin a la oposición fiel del Cardenal Burke del impulso Bergogliano para la admisión de “ciertos” adúlteros públicos a la Sagrada Comunión. Antes de la remoción, Cardenal Burke había sido retirado ya de la Congregación para Obispos (en diciembre de 2013), y desde entonces, retirado también de la Congregación para el Culto Divino (octubre de 2016).

Pero no puso fin a nada. Más bien, el papel de Burke en la Orden le ha permitido tener tiempo para viajar, hablar, y escribir en defensa de la enseñanza auténtica y la moral fundamental de la Iglesia. Su trabajo a ese respecto ha culminado en la Carta de los Cuatro Cardenales, planteando preguntas a Francisco públicamente sobre si (en efecto) él esté atacando, en Amoris Laetitia, los fundamentos del edificio moral de la Iglesia.

Ahora, como se ha informado extensamente en la prensa tanta católica como seglar, la Orden ha destituido a Albrecht von Boeselager como Gran Canciller a causa de su enredo desgraciado en la difusión de preservativos en su servicio médico caritativo. La destitución se ha impuesto con la aprobación del Cardenal Burke en capacidad de patrón espiritual de la Orden. Además,  tal y como informa el Catholic Herald: “En 10 de noviembre [Francisco] tuvo un encuentro con el patrón de la orden, el Cardenal Raymond Burke, que sirve como intermediario entre el Vaticano y la Orden. Al inicio de diciembre, según fuentes dentro de la Orden, el Papa escribió una carta al Cardenal Burke pidiendo a la Orden tomar acciones contra cualquier posible causa de escándalo moral”.

Sin embargo, en respuesta a una decisión que él mismo parece haber alentado, Francisco ha decidido que hay que tener una comisión especial de cinco miembros – compuesta casi enteramente de los aliados de Boeselager – para “investigar” la destitución de Boeselager. Es un paso muy curioso, porque la Orden posee el estatus de una nación soberana con el derecho de regular a sus gobernantes como quiera. Y, en consecuencia, la Orden ha avisado cortésmente a Francisco que esto no tiene nada que ver con él y que su “investigación” es “irrelevante”.

Pues bien, ¿qué está pasando aquí? Después de casi cuatro años de este pontificado, la respuesta debe estar bastante clara. Conectad los puntos:

En resumen, el Cardenal Burke está en la mira del fusil una vez más, mientras Francisco está discerniendo evidentemente, que tiene que dar disparo fatal. Hasta el normalmente sereno Catholic Herald parece haber logrado cómo olfatear el modo en que Francisco actúa:

Para unos observadores, la cosa entera no puede ser una coincidencia. Arguyen que desacreditar al Cardenal Burke es el objetivo verdadero de la investigación. Hasta opinan que el Papa tenía eso en mente desde el inicio. No sería la primera vez que el Papa ha intervenido contra alguien percibido como no simpático. Después de que el Cardenal Robert Sarah, el jefe de la liturgia del Vaticano, había invitado a los sacerdotes a celebrar Misa ad orienten, fue públicamente censurado y su departamento modificado. El Instituto Juan Pablo II, visto como demasiado conservador, ha experimentado el reemplazo de su liderazgo.

“En las últimas pocas semanas, el vaticanista perito Marco Tosatti ha informado que el Papa estaba sustituyendo a los miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) que estaban demasiado conectados a las enseñanzas tradicionales – y que, cuando se le ha pedido una explicación, Francisco dijo: ‘Yo soy el Papa y no necesito dar razones de ninguna de mis decisiones’.

“Michael Brendan Dougherty, alto corresponsal de la revista americana The Week, informa que el Papa también considera la remoción de la vigilancia de la CDF casos de abuso de niños –  pretendidamente moviendo a sus amigos que son más indulgentes en cómo tratan a algunos abusadores”

Por tanto ¿qué tiene en común el incidente de los Caballeros de Malta con la retirada del Cardenal Müller sobre Amoris? La respuesta debe ser ya completamente obvia: el plan maestro Bergogliano de re-hacer la Iglesia según su voluntad.