Malta católica cae bajo el “efecto Francisco”

por Christopher A. Ferrara
el 16 de enero de 2017

Cada semana me hago el propósito de dedicar esta columna a algo diferente al pontificado Bergogliano, pero hay semanalmente un nuevo acotecimiento que lo hace imposible. Porque el Papa Francisco está camino de hacer historia – y no en una buena manera.

 Por ejemplo, la publicación reciente de las “directrices” para la aplicación del capítulo 8 de Amoris Laetitia” – notad bien: capítulo 8 – de los Obispos de Malta una vez católica. Basada enteramente en Amoris Laetitia (AL), los Obispos malteses ahora declaran que las puertas están abiertas para que la Sagrada Comunión sea dada a literalmente cualquier persona divorciada y “re-casada” que se persuade a sí misma de que “está en paz con Dios” a pesar de que continúe manteniendo relaciones sexuales fuera del matrimonio. Así dicen los Obispos malteses, que también citan la novedad bergogliana de “discernimiento” y AL, Capítulo 8, ¶ 300:

“Sí, como resultado del proceso de discernimiento, emprendido con ‘humildad, discreción, y amor a la Iglesia y su enseñanza, en una búsqueda sincera de hacer la voluntad de Dios y el deseo de dar una respuesta más perfecta a ella’ (AL 300), una persona divorciada o separada que está viviendo una relación nueva, consiga reconocer y creer, con una conciencia informada e iluminada, que él o ella está en paz con Dios, él o ella no puede estar imposibilitado de participar en los sacramentos de Reconciliación y Eucaristía…”

He advertido aquí y en otros lugares durante meses que ¶ 303 de AL es una invitación al desastre porque reduce preceptos negativos de la ley natural que no admiten excepciones, incluso “no cometerás adulterio” a apenas un ideal, en lugar de un mandamiento universalmente vinculante. Para recordar el párrafo fatídico (que es casi imposible de creer que un Papa haya promulgado como su enseñanza):

“No obstante la conciencia puede hacer más que reconocer que una situación específica no corresponde objetivamente a todas las exigencias del Evangelio. Puede reconocer también con sinceridad y honestidad lo que, al presente, es la respuesta más generosa que se puede dar a Dios, y llega a ver con una seguridad moral cierta que es lo que Dios Mismo le está pidiendo en medio de la complejidad concreta de nuestras limitaciones, aunque no sea todavía completamente el ideal objetivo. De todas formas, recordemos que este discernimiento es dinámico; que debe quedarse siempre abierto a nuevas etapas de crecimiento y a nuevas decisiones que pueden habilitar que el ideal sea más completamente realizado”.

Como confirmará cualquier lectura justa de AL, los Obispos malteses han hecho simple y exactamente lo que Francisco querría que hiciesen: decir a toda la gente que, en cuanto a la moral sexual, necesitan hacer simplemente lo que consideran ser lo mejor para ellos, aún si no están obedeciendo el sexto mandamiento, y que Dios aceptará la violación continua de Su ley – que es ahora, y cuesta creerlo, presentada como un “ideal” o una especie de punto de referencia para el crecimiento y desarrollo personales.

No dando lugar a dudas sobre el asunto, el periódico Papal L’Osservatore Romano, ha publicado las directrices de los Obispos malteses como una señal evidente a seguir de los Obispos del mundo, logrando así el resultado que Francisco ha querido claramente desde el inicio.

Tan alarmante ha llegado a ser la situación de oposición vigorosa al programa Bergogliano establecida ahora firmemente en los comentarios católicos del corriente principal. Vea a continuación algunos ejemplos:

No se puede huir de la verdad sobre nuestra situación: Con la publicación de Amoris Laetitia, y en particular capítulo 8, ¶¶ 300-305, Francisco ha desencadenado un diluvio catastrófico de inmoralidad sexual oficialmente tolerada en la Iglesia, en medio de la cual apenas unas pocas altas y secas islas de resistencia episcopal serán capaces a quedarse inmóviles contra la marea.

En una entrevista recientemente publicada, el Cardenal Carlo Caffarra, uno de los cuatro Cardenales responsables de las dubia, declara que “sólo un hombre ciego podría negar que hay gran confusión, incertidumbre e inseguridad en la Iglesia” y que “Está causada por algunos párrafos de Amoris Laetitia”. Como Peters señala cuanto a la evaluación explosiva de Caffarra: “cuando prelados italianos altamente colocados declaran que ‘sólo un hombre ciego no puede ver’ que la confusión es la norma eclesiástica del día, y que tal confusión tiene como su fuente fundamental Amoris Laetitia del Papa Francisco, los asuntos han alcanzado el nivel de crisis”.

Sin embargo, hay muchos hombres ciegos que permanecen y que continúan negando que esta crisis – que no tiene igual en la historia eclesial llena de crisis – tiene su origen en Francisco. Por ejemplo, mirad como este comentador gasta más de nueve minutos en el aire intentando presentar una defensa torcida de la tentativa descarada de Francisco de derrumbar la enseñanza de Juan Pablo II y de toda la Tradición. Se enseña que es “intrínsecamente imposible” para las personas que están viviendo en adulterio ser admitidas a la Sagrada Comunión no importando lo que creen subjetivamente sobre su estado espiritual, ni cuán difícil piensen que es obedecer a los Mandamientos, no importando lo que su cura supuestamente “discierne” sobre su culpabilidad subjetiva en su “fuero interno”.

Con este más reciente avance del enorme esfuerzo Bergogliano, estamos confrontado con nada menos que una amenaza apocalíptica contra la integridad de la fe y la propia unidad de la Iglesia. El único recurso que tenemos, nos parece, es la intervención divina. Desde la perspectiva de Fátima, esa intervención vendrá con la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María. Como Mons. Athanasius Schneider ha acabado de declarar cuanto a la Consagración de este ambiente de crisis provocado por AL:

“Tenemos que tomarnos en serio que Dios nos envía a su Madre Inmaculada para advertirnos. Si oímos las admoniciones de Nuestra Madre Celestial, Su Hijo Divino, Nuestro Señor Jesucristo operará milagros como ha hecho en las bodas en Caná. Un acto solemne de consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María hecha por el Papa en unión moral con todos los Obispos causará, sin duda, un derramamiento de gracias abundantes sobre la Iglesia y sobre toda la humanidad, como [ha sido] vaticinado [por] Nuestra Señora en Fátima. Es trágico que a menudo las súplicas proféticas sean escuchadas demasiado tarde. Vamos a rezar y pedir al Santo Padre hacer lo que Nuestra Señora pidió en Fátima”.

Amén.