Más sobre el desastre maltés

por Christopher A. Ferrara
el 17 de enero de 2017

La Iglesia ha alcanzado un punto de coyuntura en su historia cuya magnitud no se puede exagerar. Con la aprobación evidente de un Pontífice Romano reinante, quien en seguida publicó sus “directrices” en su periódico semioficial, los Obispos de Malta, en el pasado una fortaleza verdadera del catolicismo ortodoxo, han llegado a ser un puesto avanzado para la aceptación institucionalizada del divorcio y “re-casamiento” en la Iglesia católica. Los prelados malteses han logrado su objetivo malévolo por proclamar una moral patentemente tonta y no digna de ser llamada ni siquiera casuística. Como escriben (citando Amoris Laetitia [AL]):

“Si, como un resultado del proceso de discernimiento, emprendido con ‘humildad, discreción y amor a la Iglesia y a su enseñanza [!], en una búsqueda sincera de la voluntad de Dios y el deseo de dar una más perfecta respuesta a ella’ (AL 300), una persona separada o divorciada que está viviendo en una nueva relación consiga reconocer y creer, con una conciencia informada e iluminada, que él o ella está en paz con Dios, él o ella no se le puede prohibir participar en los sacramentos de Reconciliación y  Eucaristía (ver AL, notas 336 y 351)”.

Esto es la sofistería demoniaca, que está descaradamente en función de un abuso deliberado del lenguaje. ¿Cómo sería que la “humildad, discreción y amor para con la Iglesia y para con su enseñanza”, “una búsqueda sincera de la voluntad de Dios y un deseo de dar una más perfecta respuesta a ella” y “una conciencia informada e iluminada” sean consistentes con una convicción de que uno puede estar “en paz con Dios” al mismo tiempo que continúa manteniendo relaciones sexuales adúlteras fuera de matrimonio? ¿Cómo puede ser que los Obispos de Malta, sucesores de los Apóstoles, se atrevan a proclamar que adúlteros públicos así engañados deben ser admitidos a la Sagrada Comunión?

¿Han enloquecido? ¿O son ellos apenas los proponentes astutos de una nueva religión que está intentando imponerse sobre la Iglesia universal durante este pontificado? Una tal religión que se viste de halagos piadosos y a la vez promueve un mal intrínseco en conflicto con la piedad que taimadamente profesa.

Por supuesto los Obispos de Malta no representan apenas una parte aislada. Sólo están siguiendo la moda que Francisco ha iniciado a lo largo y ancho del mundo católico. Por ejemplo, antes que los Obispos de Malta hicieron explícito lo que era siempre implícito en AL, Monseñor Robert McElroy, instalado como Obispo de San Diego por Francisco mismo, ya había hecho lo mismo. En una comunicación emitida a las parroquias de San Diego, McElroy declaró que los sacerdotes de la diócesis deben “asistir a aquellos que están divorciados y re-casados, quienes no pueden recibir la nulidad, a utilizar el fuero interno de la conciencia para discernir si Dios les está llamando a volver a la Eucaristía”.

En verdad: el Obispo personalmente instalado por Francisco en una diócesis significativa estadounidense ha promulgado que católicos que no pueden conseguir obtener la nulidad matrimonial y están así vinculados para toda la vida a sus esposos en el Santo Matrimonio, están capacitados, a pesar de eso, a “discernir” que pueden “volver a la Eucaristía” mientras que, al mismo tiempo participan en relaciones sexuales con quien no están casados.

Como el siempre sobrio y equilibrado Padre Brian Harrison ha señalado, “si la Exhortación Apostólica del Papa Francisco sobre el amor matrimonial llega a ser generalmente interpretada y aplicada de una manera tan literal como ha sucedido en la diócesis de San Diego, California, significará en efecto la muerte de este Sacramento como el Evangelio de Cristo y la Iglesia católica siempre lo han explicado: una alianza sagrada cuyo carácter indisoluble significa que el re-casamiento después del divorcio constituye el adulterio – una violación del sexto mandamiento que excluye al pecador de la absolución sacramental y de la Comunión eucarística”.

‘Apocalíptica’ es la única palabra que expresa la gravedad de la situación. No puede decirse bastante sobre esto. Sin duda, se dirá más aquí, porque nada semejante ha sucedido jamás en toda la historia de la Iglesia católica. La impresión de una fase terminal de la crisis eclesial del último medio siglo es casi palpable, como es el presentimiento de una inminente y dramática intervención desde lo alto. Dios no será escarnecido, y Sus mofadores no tendrán mucho tiempo más para continuar pisoteando Su ley.

Ya no cabe duda: para traer a la mente las palabras famosas del Cardenal Ciappi, es la apostasía que “comienza en el vértice” como ha sido vaticinado en el Tercer Secreto de Fátima. ¡Qué Nuestra Señora de Fátima nos proteja del castigo que ciertamente se está acercando, mientras el elemento humano de la Iglesia extensamente se subleva contra su Divino Fundador!