Perspectivas sobre Fátima

Cardenal Parolin: Diplomático del Nuevo Orden Mundial

por Christopher A. Ferrara
el 20 de enero de 2017

¿Qué hacía el Cardenal Parolin en la reunión del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza? ¿Por qué participó en una reunión en la que George Soros y otros numerosos globalistas lamentaron el Brexit, la elección de Donald J. Trump como Presidente de los Estados Unidos, el alzamiento del nacionalismo en contra de la inmigración masiva, y otras señales alarmantes sobre cómo las masas cochinas están empezando a patear contra el aguijón del Nuevo Orden Mundial (NOM)?

La respuesta, simplemente, es que Parolin es uno de ellos. Estuvo allá para hacer lo que todos los Secretarios de Estado del Vaticano han hecho desde la “reforma” de la Curia Romana durante el reinado de Pablo VI: trabajar para integrar la Iglesia católica en la NOM y a la vez declarar la rendición incondicional de la Iglesia militante.

En una discusión video-grabada con Philipp Rösler, Director-Jefe del Foro Económico Mundial, Rösler empezó halagando al Cardenal con la pregunta de si, bajo Francisco, el Vaticano estaba experimentando “la edad de oro de la diplomacia vaticana”.

Naturalmente, la respuesta ha sido “sí”. Y por supuesto la razón, dijo Parolin, es “la personalidad de Papa Francisco”. La “personalidad de Papa Francisco” parece haber expandida como una supernova de tal modo que no hay nada más visible de la Iglesia católica. No hay apenas más que la personalidad del Papa Francisco.

Francisco, continúa Parolin, “ha tomado un gran papel de liderazgo en las cuestiones globales del mundo actual. Y es reconocido como tal, como un líder entre globalistas…y esto ha sido muy claro en el proceso de cambio climático…”

Podría preguntarse: ¿Qué tiene que ver el cambio climático con el cargo del Vicario de Cristo como líder terrenal de la Iglesia católica, la única arca de salvación? Tanto como los tres objetivos de la diplomacia vaticana que, según Parolin, Francisco ha delineado para el Secretario de Estado del Vaticano:

Siendo él un jugador en el Nuevo Orden Mundial, Parolin naturalmente ha tenido que elogiar la corrupta, decadente Unión Europea en colapso: “La unidad europea ha traído grandes beneficios al continente europeo; no debemos olvidarnos de eso…Primero entre ellos son los 60 años de paz después de la devastación de las dos Guerras mundiales, y los beneficios originando de la libre circulación a través del continente de personas e ideas”.

El concepto católico de la paz no es apenas más que una ausencia de conflicto armado, y ciertamente no la “libre circulación de personas e ideas”. El concepto católico de la paz es lo que San Agustino llamó Tranquillitas ordinis – la tranquilidad del orden que prevalece en las sociedades cuando los hombres, justificados por la gracia divina, viven y ordenan sus asuntos sociales de acuerdo con la ley eterna y natural por la cual el hombre corresponde racionalmente comportándose con justicia y absteniéndose del mal camino. La propia misión de la Iglesia es promover la tranquilidad del orden haciendo discípulos de todas las naciones, porque no hay otra manera de traer la paz verdadera a un mundo caído.

Dando un ejemplo a los siglos de lo que la diplomacia católica debe consistir, el Papa Benedicto XV, el sucesor de San Pio X, suplicó al mundo en 1914 evitar el horror de la guerra regresando al camino del Evangelio:

“… Jesucristo, habiendo descendido de los cielos para restaurar entre los hombres el reino de la paz, destruido por la envidia de Satanás, no quiso apoyarlo sobre otro fundamento que el de la caridad. Por eso repitió tantas veces: Un precepto nuevo os doy: que os améis los unos a los otros (Juan 14:34); Este es mi precepto: que os améis los unos a los otros (Juan 15:12); Esto os mando: que os améis unos a otros (Juan 15:17); como si no tuviese otra misión que la de hacer que los hombres se amasen mutuamente…”

Con la I Guerra Mundial estallando en la escena europea – los beligerantes (con exclusión de la Austria católica) harían caso omiso a su propuesta de la paz – Benedicto señaló la ironía de una situación que es también precisamente lo que atestiguamos hoy en día: “Nunca quizá se habló tanto como en nuestros días de la fraternidad humana…no reparan en ponderar este anhelo de fraternidad como uno de los más preciados frutos que la moderna civilización ha producido…” Sin embargo, continúa el Pontífice, toda la discusión sobre fraternidad está vacía porque los hombres han dejado de “acordarse de las enseñanzas del Evangelio y posponiendo la obra de Cristo y de su Iglesia … en realidad, nunca se han tratado los hombres menos fraternalmente que ahora”.

Pero el Cardenal Parolin no estaba en Davos para hablar a la conferencia sobre la misión esencial de Cristo y Su Iglesia cuanto al orden recto de la sociedad civil y la promoción de la verdadera fraternidad, ni para instarles a ponerse en el camino correcto hacia la única paz digna del nombre: lo que Pio XI, escribió once años después de Benedicto XV, llamaba “la paz de Cristo en el reino de Cristo”.

No, nunca tal cosa. Porque Parolin es un diplomático del Nuevo Orden Mundial, en el que no hay ni religión ni Iglesia verdaderas. Hay simplemente “religión” en general, para la cual Parolin dócilmente sugirió algún tipo de modesto papel: “Me gustaría subrayar también la importancia de las religiones. Las religiones no pueden ser dejadas sólo para el terreno particular; no son simplemente la expresión de sentimientos personales, sino que las religiones tienen algo a decir también en la esfera pública”.

Por eso, según el Secretario de Estado del Vaticano, las “religiones” tienen algo a “decir” en la vida pública. ¿Pero qué es ese algo? No importa. Las religiones deben decir cualquier cosa que tengan para decir, porque es bueno cuando las religiones dicen algo, ¡sea lo que sea que digan! aunque fuese simplemente un chiste.

Pero ¿qué hay de la religión establecida por Dios encarnado en la Iglesia que Él fundó y envió para convertir y salvar el mundo? ¿No debería tener un papel decisivo en la vida pública la religión que Parolin supuestamente está representando – porque, al fin y al cabo, estaba usando traje clerical – para guiar a las autoridades civiles con la ley del Evangelio como insistieron todos los Papas antes del Vaticano II?

¡De ninguna manera! Hoy la función del Secretario de Estado del Vaticano es precisamente renunciar a las aserciones de la Iglesia católica sobre las naciones y sobre los hombres. Para citar a Parolin:

“Por supuesto en diálogo con todos los credos, no estamos pidiendo o solicitando cualquier privilegio para la Iglesia católica … sabemos que ahora convivimos en una sociedad pluralista donde hay muchas expresiones de la creencia y fe religiosas; pero pienso yo que es importante que las autoridades … reconozcan el papel público que las religiones podrían dar a la vida pública”.

Entonces no hay ningún privilegio especial para la Iglesia católica. Es decir, no hay ningún privilegio especial para Dios, y por eso, tampoco para la verdad que Él reveló para la salvación de las almas. La línea actual del Vaticano sobre la religión es realmente que una religión cualquier es tan buena como cualquier otra, aun si se contradicen radicalmente. ¿Qué importa la verdad? ¡La religión es la cuestión!

Y así las potestades siguen adelante mientras el elemento humano de la Iglesia católica se rinde en masa al espíritu de la edad y llega a ser, en sus relaciones ad extra con el mundo, precisamente lo que Francisco profesó que la Iglesia no debe ser: una ONG, una organización no-gubernamental enredada en las maquinaciones del Nuevo Orden Mundial.

Si no hemos visto aún la Gran Apostasía predicha en las Sagradas Escrituras, ciertamente estamos siendo testigos de su inicio.