Perspectivas sobre Fátima

Cuando los propios ministros de Cristo rehúsan
hablar de Cristo, ¿quién hablará por Él?

por Christopher A. Ferrara
el 23 de enero de 2017

La ceremonia para la inauguración de Donald Trump incluyó un número sorprendente de oraciones hechas por clérigos, seis en total: el Cardenal Timothy Dolan de Nueva York, cuatro tipos variados de ministros protestantes y un rabino. Lo que es revelador, un políticamente-correcto imam musulmán no estuvo programado. Hay aún otra razón para el optimismo en cuanto a la administración venidera.

La aparición de Dolan en el estrado, sin embargo, encarnó el patrón de comportamiento clerical que hemos visto de prelados católicos hablando en lugares de encuentro públicos a partir del Segundo Concilio Vaticano: una negativa resoluta de mencionar el nombre de Cristo, el propio Fundador de su Iglesia, Quien emitió una misión divina a los sucesores actuales de los Apóstoles, se supone, que promuevan, bajo pena de martirio si es necesario: "Id pues, e instruid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu santo; enseñándolas a observar todas las cosas que yo os he mandado".

La invocación de Dolan consistió en una lectura de un minuto del Capítulo 9 del Libro de La Sabiduría donde Salomón reza que Dios "Envía [es decir, la Sabiduría] de tus santos cielos y del solio de tu grandeza, para que esté conmigo, y conmigo trabaje, a fin de que sepa yo lo que te place; puesto que sabe ella todas las cosas, y todo lo entiende, y me guiará con acierto en mis empresas, y me protegerá con su poder. Amen"

De Dolan ni una palabra, ni hasta la alusión más mínima sobre Cristo, Cuya misión él es encargado a llevar a cabo y que, sin Cristo, Dolan es realmente nada más que un hombre en traje clerical. Hubo apenas una referencia seguramente femenina a la Sabiduría. Escuchando a Dolan, no sabríamos que Cristo, el Señor de la Historia, tuviese ningún papel en la bendición de las naciones y de sus líderes – ¡o, de hasta, cualquier papel que tuviese que ver con Dolan!

Pero ha sido también seguido otro patrón familiar en estos acontecimientos: los ministros protestantes, ninguno de los cuales es un sucesor de los Apóstoles, , valientemente invocaron el nombre de Cristo ante un mundo que está en rebelión abierta contra la Ley del Evangelio. Hicieron eso, aún a pesar de que su propia comprensión del Evangelio está corrompida de varios modos:

Para ser justo con Dolan, debe decirse que se estaba apenas conformando a la "nueva orientación" de la Iglesia desde el Concilio, que puede describirse con una ironía que es apenas mínima, como el "catolicismo post-cristiano", cuyo abordaje al mundo ad extra es ahora reducido al "diálogo" y a referencias genéricas de "transcendencia", "valores" y la "necesidad de religión" de algún tipo.

Así, Francisco, el Vicario de Cristo, estudiosamente evitó también cualquier mención de Cristo durante su discurso (en septiembre de 2015) al Congreso de los Estados Unidos, donde invocó apenas a Moisés y la Regla de Oro. Ni se encontró el nombre de Cristo en su igualmente insípida alocución a la Casa Blanca y ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Como Edward Pentin ha señalado: "Así como la alocución del Papa Francisco al Congreso de la Casa Blanca, el Santo Padre eligió no mencionar a Jesucristo en su discurso este día a las Naciones Unidas. Es comprensible que esto está causando un poco de rascarse la cabeza entre algunos comentadores católicos que están deseosos de señalar que el Papa habla en el nombre de Jesús, y debe por lo tanto invocar explícitamente su [sic] nombre para conducir a los líderes nacionales y mundiales a la luz de Cristo y Su enseñanza".

Pentin señaló además la tendencia hacia abajo a este respecto: Juan Pablo II hizo seis referencias a Cristo en su alocución de 1995 a las Naciones Unidas, mientras Benedicto hizo sólo una. Así la negativa de Dolan hasta de mencionar a Cristo a Quien él debe su propia autoridad no debe sorprender a nadie después de medio siglo del decaimiento auto-infligido hacia la irrelevancia total en cuanto al gobierno de hombres y naciones. El mundo ya no oye la única cosa que hace la participación de la Iglesia en el discurso social, diferente de aquella de cualquier otra organización meramente humana: El Reinado Social de Cristo Rey, vigorosamente defendido por Pio XI apenas unos pocos años antes de que el Vaticano II inaugurase su de facto deserción.

¿Qué puede decirse cuando prelados enviados por Dios para llevar a cabo Su misión salvífica en el mundo rehúsan mencionar hasta el nombre de Su Hijo, Quien personalmente dio a la Iglesia católica esa misión divina? ¿Qué puede decirse cuando cabe a ministros protestantes, que no poseen tal comisión, invocar Su nombre ante un mundo incrédulo?

Podemos decir lo que Nuestro Señor Mismo dijo de tal silencio vergonzoso: "Quien se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal se avergonzará el Hijo del hombre cuando venga en Su Gloria, y La del Padre y La de los santos ángeles". (Lucas 9:26)

Y podemos decir también que este silencio vergonzoso por parte de sus ministros elegidos es sino otra señal de una crisis de la que no hay semejante en la historia de la Iglesia católica.