El Papa que le dio la mano a Fidel iguala a Trump con Hitler
Ahora algunas preguntas que arden deben ser contestadas

por Christopher A. Ferrara
el 24 de enero de 2017

En una nuevamente publicada entrevista por el periódico español El País (la traducción inglesa del periódico está aquí), el Papa Francisco fue invitado repetidas veces por las preguntas que le tendía el entrevistador a comentar negativamente sobre la elección de Donald Trump. La primera tentativa se expresó así: “Donald Trump acaba de llegar a ser el presidente de EEUU, y todo el mundo está tenso a causa de eso. ¿Qué piensa Usted sobre esto?

¡Vamos! ¿Podría Usted ser más descarado?  En respuesta, Francisco, al principio, propuso una actitud de esperar y ver: “Pienso que debemos esperar y ver. No me gusta tener que apresurarme ni quiero juzgar prematuramente a las personas. Veremos cómo se comporta, lo que hace y después tendré una opinión”.

La segunda tentativa de conseguir que Francisco criticase a Trump tuvo éxito, sin embargo:

El País: “Tanto en Europa como en EEUU, las repercusiones de la crisis que nunca acaba, las desigualdades, la ausencia de un liderazgo fuerte están dando lugar a grupos políticos que reflejan el descontento de los ciudadanos. Algunos – los llamados anti-sistema o popularistas – se aprovechan de los temores frente un futuro incierto para dar un mensaje lleno de xenofobia y odio contra el extranjero. El caso de Trump es el más digno de comentario, pero hay otros, tales como Austria o Suiza. ¿Está Usted preocupado sobre este fenómeno?

Esta vez Francisco a lo mejor dio al entrevistador aún más de lo que le estaba pidiendo al comparar literalmente la elección de Trump con el alzamiento de Adolf Hitler:

Papa Francisco: “…Cuando empecé a oír sobre el popularismo en Europa, no sabía que pensar, me perdí, hasta que me di cuenta de que tenía significados distintos. Las crisis provocan miedo, alarma. En mi opinión, el ejemplo más obvio del popularismo europeo es Alemania en 1933. Después de [Paul von] Hindenburg, tras la crisis de 1930, Alemania estaba rota, necesitaba levantarse, hallar su identidad, un líder, alguien capaz de restaurar su carácter, y hubo un hombre joven llamado Adolf Hitler que decía: “Puedo yo, puedo yo.’

Y todos los alemanes votaron a Hitler. Hitler no robó el poder. Su pueblo lo votó a él, y entonces destruyó a su pueblo. Eso es el riesgo. En tiempos de crisis, nos falta sensatez, y eso es una referencia constante para mí. Vamos a buscar a un salvador que restaure nuestra identidad y vamos a defendernos con muros, alambres de púas, lo que sea, contra otros pueblos que tal vez nos roben nuestra identidad.

“…Pero el caso de Alemania en 1933 es típico, un pueblo que estaba inmerso en una crisis, que buscaba su identidad hasta que este líder carismático vino y prometió devolverles su identidad, y les dio una identidad torcida, y todos sabemos lo que sucedió…”

Aquí el Pontífice Romano no sólo calumnia a un nuevo-elegido Presidente, alegremente sugiriendo que su administración podría conducir al mismo resultado que el Tercer Reich de Hitler, sino también calumnia a todos los estadounidenses que lo votaron a él, desestimándolos implícitamente como que son simplones asustados susceptibles de ser seducidos por las lisonjas de un falso salvador político que apenas los destruirá por su insensatez.

Lo que es peor, Francisco generalmente denuncia los movimientos popularistas en ascensión, llamándolos esencialmente hitlerianos en espíritu, y por eso demoniza a la gente común que procura conservar su identidad nacional contra una verdadera invasión musulmana. La plebe quiere desalojar de sus naciones a los regímenes políticos corruptos, y liberarse de los tentáculos del Nuevo Orden Mundial en el que el actual aparato de poder del Vaticano parece estar intentando ayudar a construir.

La comparación de Trump con Hitler es demasiado insufrible. Hasta Antonio Socci, escribiendo desde Italia, protesta que es “una alusión ultrajante, hecha públicamente, que es inconcebible de los labios del jefe de la Iglesia que es también un jefe de estado”. Socci también señala correctamente que es “absurdo decir que Hitler fue elegido democráticamente” por “todos los alemanes” – un error histórico grandísimo, y no es la primera vez que el Papa ha hecho eso en sus temerarios comentarios públicos. Hitler perdió la elección presidencial de 1932, recibiendo apenas una pluralidad de votos, pero fue nombrado Canciller de Alemania por Hindenburg y después consolidó por la fuerza su poder dictatorial en las secuelas de la muerte de Hindenburg.

Este escándalo bergogliano más reciente plantea preguntas preocupantes sobre un Papa que adula a Fidel Castro, un dictador y asesino de masas que persiguió a los católicos durante más que medio siglo. Este mismo Papa denigra a un Presidente estadounidense debidamente elegido que ya ha tomado medidas que avanzan la causa pro-vida en Estados Unidos, está preparado para cambiar la balanza en la futura composición del Tribunal Supremo de los Estados Unidos a favor de la vida en el seno materno, y se ha movido rápidamente para retirar ya a EEUU de enredos mundiales en el comercio y en otras áreas.

¿Cómo es que los comentarios públicos de este Papa sobre asuntos políticos siempre combinan perfectamente con los objetivos del movimiento izquierdista mundial de tal manera que Antonio Socci ha observado, con la derrota inesperada de Hillary Clinton, y el alzamiento de movimientos popularistas en ambos EEUU y Europa, que Francisco “ahora queda como el único punto de referencia de los Izquierdistas internacionales, desprovistos de un líder”?

¿Por qué tiene Francisco relaciones tan amigables con dictadores comunistas y socialistas, tal como vemos aquí, aquí y aquí, pero una relación tan desfavorable con conservadores políticos como Trump en EEUU y Macri en Argentina?

¿Por qué es que el Papa, quien se negó a hablar en contra de la legalización de “uniones homosexuales” en Italia porque “el Papa no se inmiscuye en las políticas concretas de un país”, por otro lado menosprecia a un Presidente estadounidense debidamente elegido, comparándolo a Adolf Hitler?

Y que hay de las conexiones, incluso monetarias – reveladas en mayor parte por Wikileaks – entre el Vaticano y la Conferencia episcopal de los Estados Unidos de una parte, y por otra parte, George Soros, las NU, el movimiento de propaganda internacional sobre el “cambio climático” y los Clintons, como se resume aquí y aquí?

La trayectoria de este pontificado cada vez más alarmante me ha provocado prestar mi nombre a una carta abierta al Presidente Trump. La carta que aparece aquí, pide que Trump abra una investigación sobre la medida en la que el gobierno estadounidense, la Comité Democrática Nacional, Hillary Clinton, George Soros y otros plutócratas globalistas han conseguido cooptar el liderazgo de la Iglesia católica. Ha sido para llevar a cabo, según las revelaciones de Wikileaks sobre el contenido de los emails de los Clintons y del Comité Democrático Nacional, una “Primavera católica” revolucionaria que alinearía a la Iglesia con el movimiento Izquierdista internacional de una manera nunca antes vista.

Nuestra carta no pide una investigación de la Iglesia, antes quiere saber en qué medida el gobierno y entidades globalistas han elegido a la Iglesia como un blanco en años recientes. Preguntamos lo siguiente:

Independientemente de si la investigación que hemos pedido fuese llevada a cabo o no, la carta abierta al Presidente Trump podría servir de propósito útil como una advertencia a su administración a ser cauto sobre una influencia indebida ejercida en el liderazgo católico por intereses exteriores hostiles contra los de su administración y contra los millones de estadounidenses que votaron para poner fin a los políticos izquierdistas globalistas que han sido la norma en su país, y, en efecto, en la Iglesia misma.

Que Nuestra Señora, Patrona de las Américas, proteja ambas la Iglesia y el Estado de EEUU en este punto de coyuntura de la historia occidental.